Antonio Solá (1782/83-1861). Tulia, hija de Cicerón, lee delante de su padre una de sus composiciones literarias, 1803-1861. Tinta y aguada sobre papel, 128 x 180 mm. Cat. D-7410

Este dibujo de Antonio Solá (Barcelona, 1782/83- Roma 1861), uno de los más destacados escultores del Neoclasicismo español, es hasta el momento el único conservado del artista en la colecciones del Museo del Prado y uno de los pocos conocidos. Indudablemente, como artista de formación académica, debió dibujar mucho. Sin embargo, su actividad en este ámbito es hasta ahora casi desconocida, de ahí la importancia de esta pequeña obra. Curiosamente, el dibujo no se vincula con ninguna de las obras escultóricas de Solá que se conocen, y por su carácter se debe pensar más bien en una actividad complementaria a la escultura. En concreto, el dibujo representa a Tulia, hija de Cicerón, leyendo unas composiciones literarias ante su padre. La fuente de esta escena pudiera estar en el Libro VIII (tomo II, pp. 204 y ss.) de la Historia de la vida de Marco Tulio Cicerón escrita en inglés por Conyers Middleton (Life of Cicero, 1741) y traducida por Jose Nicolás de Azara (Madrid: Imprenta Real; 1º ed. 1790 y 2ª ed. 1804), en el que se narra la aflicción que le causó a Cicerón la muerte de sobreparto de su hija, de apenas 35 años. Tulia era, según cita Middleton, “de carácter y mérito extraordinario. Amaba a su padre con la mayor ternura y respeto. Poseía todas las gracias mujeriles y las realzaba con la inteligencia de las bellas letras: de suerte que pasaba en el público por la más instruida y espiritosa de las damas Romanas. Con estas circunstancias no hay que maravillarse de que su padre sintiese de un modo tan extraño su muerte, y que en la edad en que se comienza a sentir la necesidad del consuelo de los hijos, y en la flor de los años de Tulia, causase su pérdida en el corazón tierno y amoroso de Cicerón toda aquella tristeza que manifestó por semejante desgracia”. El propio Cicerón, en respuesta a la carta de pésame que le envió Sulpicio, le manifestó que para él Tulia fue la mejor compañía en los años de la ruina de la República romana: “Tenía a quien acudir, con quien descansar: tenía a mi Tulia, cuya compañía y dulce conversación aliviaban y hacían olvidar todos mis trabajos […] Mientras vivió Tulia, al volver yo a mi casa hallaba en ella recreo que disipase los disgustos que me daba la República”.

La ausencia de otros dibujos con los que establecer un análisis comparativo así como la carencia de referencias documentales impiden fecharlo con seguridad. Lógicamente, debió ser realizado durante la larga estancia romana de Solá (1803-1861), desde sus tiempos de becario de la Junta de Comercio de Barcelona hasta su muerte. El formato del dibujo y la aparición de un pie descriptivo invita a pensar en una ilustración para libro, formando parte de una serie, al estilo de las que se habían publicado desde finales del siglo XVIII grabadas por Piroli a partir de las composiciones de Flaxman sobre las obras de Homero, Hesiodo y Dante, y editadas en España por vez primera entre 1859 y 1861 a cargo del grabador Joaquín Pi y Margall. En este caso, Solá abandona el puro dibujo de contorno para introducir aguadas que ayudan a definir los pliegues de los paños. La composición es por otra parte heredera de los modelos da vidianos, tan de moda entre los artistas neoclásicos europeos de esta época, tanto en distribución de las figuras como en el fondo cubierto con un cortinaje.

No se conoce que el dibujo fuese grabado, por lo que es probable que el proyecto, quizá una nueva edición de la biografía de Cicerón, no se llevase a cabo. Lo que es indudable es que Solá, ya fuese como becario en Roma o como Director más tarde de la Academia Española en Roma, era buen conocedor de la cultura clásica y un excelente candidato para abordar una tarea de este tipo, siguiendo los exitosos ejemplos de Flaxman. Por otra parte, se sabe que en algunos momentos de su vida Solá padeció dificultades económicas, especialmente en los años de las guerras napoleónicas y en los inmediatamente posteriores, en los que no gozaba de pensión alguna, lo que le llevó a realizar encargos de subsistencia. Quizá el abordar un proyecto de este tipo, al margen de su actividad escultórica, se debiese a esta necesidad de obtener ingresos complementarios.

- José Manuel Matilla

Procedencia

Subastas Segre, Madrid, 18 de diciembre de 2007, lote 82; Caylus Anticuario S.A., Madrid.

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