Vendedores de fruta, de Jerónimo Jacinto de Espinosa

Jerónimo Jacinto de Espinosa (1600-1667) Vendedores de fruta, hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 90 x 132 cm. Cat. P-8014

Junto a un puesto de frutas vemos a un estudiante pobre, o ‘capigorrón’, que da unas monedas a una vendedora de frutas pulcramente vestida, ante la que se despliega una amplia variedad de melones y otras curcubitáceas, algunas de ellas catadas. En el extremo derecho aparece un personaje desaseado, que cubre su cabeza con una montera y viste ropa basta y en mal estado. Sostiene una cesta con uvas, manzanas, nabos y un melón, sobre el que está posada una mosca. Mientras come melón mira fijamente al exterior, y con su mirada, el plano tan inmediato en el que se sitúa y la proyección hacia el exterior de su cuerpo invade poderosamente el espacio del espectador. La obra contiene personajes, acciones y objetos cargados de significado en la cultura popular de la época, como el capigorrón, el acto de compra y venta, los melones catados y sin catar, el contraste entre la pulcritud de la vendedora y el desaliño de su acompañante, lo que parece una perdiz, etc.; todo lo cual invita a pensar en una trama narrativa, y emparenta el cuadro con algunas piezas costumbristas flamencas. Se trata de una pintura hasta ahora inédita, cuya atribución al pintor valenciano Jerónimo Jacinto de Espinosa queda avalada por la firma, que apareció durante el proceso de limpieza (“Hierº Jacintº de Espinosa f.”). Hasta ahora, no se conocían obras de temática similar realizadas por este pintor, que se dedicó sobre todo a las escenas religiosas, en las que cultivó un estilo naturalista y un tipo de composiciones por lo general mucho más estáticas y convencionales que la de este cuadro. La comparación de los tipos humanos de Vendedores de frutas con otros cuadros del pintor ayuda a situar cronológicamente la obra. La vendedora tiene unos rasgos parecidos a María, del cuadro San Abraham ermitaño enseña a leer a su nieta María (colección particular): cejas muy precisamente delineadas, párpados caídos, labio superior mucho más fino que el inferior, etc. Ese tipo de rostro vuelve a parecer en el Niño Jesús de la Misa de San Pedro Pascual (Museo de Valencia), que está firmado en 1660, mientras que el cuadro anterior se ha fechado (aunque sin certeza documental) en torno a 1646. La comparación de las frutas que aparecen en la cesta con los bodegones de Tomás Hiepes de mediados del siglo XVII sugiere también una fecha para el cuadro posterior a 1650. El interés de esta obra es múltiple. Por una parte, enriquece el corpus relativamente limitado de la pintura costumbrista española; por otra, desvela una faceta de su autor hasta ahora desconocida; y además constituye un magnífico ejemplo de cómo este género seguía leyes de composición propias y permitía al pintor ensayar enfoques y estructuras narrativas mucho más libres de las que le obligaba la pintura religiosa, mucho más condicionada por convenciones figurativas. La composición es tan insólita en relación con el resto de la obra de Jerónimo Jacinto de Espinosa, que si no llega a estar firmada no habría sido fácil vincularla a su nombre. - Javier Portús

Procedencia

Artur Ramón, Barcelona.

Adquirido por el Museo.

 
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