Carta a Joaquín María Ferrer (20 de diciembre de 1825), de Francisco de Goya y Lucientes

Goya, pese a sus 78 años y una salud delicada, afrontó su exilio en Burdeos como una vía de escape personal al opresivo ambiente que le rodeaba en Madrid y que le impelía a una creatividad cargada de pesimismo. La llegada a Burdeos fue narrada por su amigo Leandro Fernández de Moratín a través de las cartas que remitió al amigo común Juan Antonio Melón: “Llegó en efecto Goya, sordo, viejo, torpe y débil, y sin saber una palabra de francés, y sin traer criado (que nadie más que él lo necesita), y tan contento y tan deseoso de ver mundo” (27 de junio de 1824, Canellas 497, CXLVII); después da cuenta de un Goya eufórico “Goya, con sus setenta y nueve pascuas floridas y sus alifafes, ni sabe lo que espera ni lo que quiere: yo le exhorto á que se esté quieto hasta el cumplimiento de su licencia. Le gusta la ciudad, el campo, el clima, los comestibles, la independencia, la tranquilidad que disfruta. Desde que está aquí no ha tenido ninguno de los males que le incomodan por allá” (14 de abril de 1824; Canellas 501, CLX). Al año siguiente comenta de nuevo Moratían a Melón que “Goya ha tomado una casita muy acomodada con luces del Norte y Mediodía, y su poquito de jardín: casa sola y nuevecita, en donde se halla muy bien. […] Doña Leocadia, con su acostumbrada intrepidez, reniega á ratos, y á ratos se divierte. La Mariquita habla ya francés como una totovía, cose y brinca y se entretiene con algunas gabachuelas de su edad” (30 de octubre de 1825; Canellas, p. 505, CLXVIII).

En ese ambiente, Goya va a disfrutar de un fecundo periodo de creatividad (1824-1828) en el que se empleará en los distintos medios de expresión a su alcance con energía renovada. Así el dibujo renace con el uso del lápiz litográfico elaborando dos magníficos álbumes en los que la realidad y la imaginación conviven en sus páginas, donde lo grotesco hace acto de presencia. Retoma la litografía de mano de Gaulón, el mejor litógrafo del momento, bajo cuya tutela elabora una serie de cuatro estampas, los Toros de Burdeos, que suponen el momento culminante de su capacidad gráfica y elocuente expresión de su forma de ver la fiesta de los toros y la esencia del comportamiento humano. Continuó, aunque en mucha menor medida, grabando al aguafuerte con enorme libertad, e inició una nueva vía de expresión a través de miniaturas sobre marfil, en las que a modo de epílogo, mostró su visión grotesca del Hombre. En cuanto a la pintura, como el propio Goya mencionó en carta a Joaquín María Ferrer, se empeñó en “cosas que más se parecen a los pinceles de Velázquez que a los de Mengs” (20 de diciembre de 1825, Canellas, p. 389, 273).

Joaquín María Ferrer era un banquero español también exiliado en Burdeos, con quien Goya mantuvo cierta relación durante sus años bordeleses. Lo conoció poco tiempo antes en París, y tras pintar su retrato y el de su mujer, le solicitó ayuda en dos momentos puntuales; uno para enviar a Rosarito Weiss a París y continuar allí su formación artística (28 de octubre de 1824, Canellas, p. 386, 268), y otro para comercializar las litografías de toros (20 de diciembre de 1825).

Es precisamente esta última carta la que ahora acaba de adquirir el Museo del Prado. En ella Goya además habla de muchas cosas: agradece el interés por su salud y circunstancias personales; se refiere a la imposibilidad de reeditar los Caprichos –como le propuso Ferrer en lugar de las litografías de toros–, pues se los había entregado al Rey, con destino a la Real Calcografía, debido a la denuncia ante el tribunal de la Inquisición; y le comenta las nuevas obras e ideas que tiene, como las miniaturas sobre marfil y el distanciamiento estilístico respecto a la ortodoxia clasicista de Mengs.

Pero sobre todo, además de la valiosísima información descrita, Goya habla de sí mismo con unas palabras tan hermosas, que una carta como ésta, conservada además en un impecable estado original, con sus dobleces y sellos, se convierte por sí misma en una obra de arte, en el mejor autorretrato que Goya nos va a dejar de sus últimos años: “Agradezcame Usted mucho, estas malas letras porque ni bista, ni pulso, ni pluma ni tintero, todo me falta y solo la bolumtad me sobra”. Es precisamente la voluntad, la facultad de los seres racionales de gobernar libre y conscientemente sus actos externos y su actividad espiritual, la palabra que resume, mejor que ninguna otra, la esencia de la personalidad y la obra de Goya. — José Manuel Matilla

Procedencia

Librería Luis Bardón, Madrid; Colección José María Cervelló, Madrid; María Jesús Cervelló, Madrid.

Bibliografía

Á. Canellas (ed. lit.), Francisco de Goya. Diplomatario, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1981, pp. 389-390, n. 273; J. Brown y S. Grace Galassi, Goya’s Last Works, The Frick Collection-Yale University Press, Nueva York, 2006.

Adquirido por el Museo.

Francisco de Goya
Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825

Burdeos 20 de Diciembre 1825

Señor Don Joaquin Ferrer

My estimado amigo. He recivido la apreciable de Usted del 13 con el mayor gusto estimando mucho el cuidado que ha tenido de saber de mi y mi salud en un termino tan largo de tiempo, celebro mucho el que ayan Ustedes pasado el verano con su ermosa Nina en ese pueblo.

Quedo enterado y conbencido de lo que Usted me dice de las estampas de toros, pero como yo pense, mas en que las viesen los conocedores artisticos que en esa gran corte abundan, y tanbien la gran porcion de gente que las abra visto sin contar el numero de españoles crei que era facil dandolas á un estampero sin decir mi nombre, y a poco precio podia aberse hecho. Lo que me dice Usted de los caprichos no pueden ser por que las laminas las cedi al Rey mas ha de 20 años como las demas cosas que he grabado que estan en la calcografia de Su Magestad, y con todo eso me acusaron a la santa ni yo las copiaria por que tengo mejores ocurrencias en el dia para que se bendieran con mas utilidad. Es cierto que el invierno pasado pinté sobre marfil y tengo una coleccion de cerca de 40 ensayos, pero es miniatura original que yo jamas he visto por que no esta hecha á puntos y ay cosas que mas se parecen a los pinceles de Velazquez que a los de Mens.

Agradezcame Usted mucho, estas malas letras porque ni bista, ni pulso, ni pluma ni tintero, todo me falta y solo la bolumtad me sobra, de mes á mes tomo la pluma para Paco, que es solo a quien he escrito a España. A Doña Manuela, no me ocurre expresion que baste como a los Señores de Arano Arnao su Señora hijos Sirena su hermana y al pintor mi amigo y a todos los que me an faborecido, acabo con decir que de mi parte de Usted y Señora.

un beso a la ermosa Niña, y no dice mas Francisco de Goya (rubricado)

(En el verso de la segunda hoja, plegada como un sobre, señas del destinatario:)

a Monsieur
Mr. J. de Ferrer.
Rue Blu, nº 15
Paris

En el verso de la segunda hoja, a pluma, tinta parda: “Burdeos 20 de Diciembre 1825 / Don Francisco de Goya / Recivida en 24 dicho / sin respuesta”. Sobrepuesto al destinatario, trazo a tinta parda a pluma en forma de “8”. Sobre las señas del destinatario, impronta de correos: “32 / bordeaux”. Sello de correos, a tinta roja: “Décembre / 24 / 1825”. También en el verso de la segunda hoja, cruz a lápiz y punto rojo adherido.

 
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