Paisaje con pastores descansando, de Francisco Collantes

Firmado en el ángulo inferior izquierdo:
“Franco. Collantes”
Al dorso: “Francisco Collantes fecit”

Dos campesinos, después de desuncir sendos carros de sus respectivas yuntas de bueyes, descansan a la orilla de un arroyo. Les rodea un paisaje ondulado, de horizonte amplio y gran desarrollo del cielo. Un caserío en segundo término, un castillo al fondo y una delicada gradación de la intensidad y tonos de la masa vegetal y de las gamas cromáticas sirven para construir de manera verídica y eficaz los planos espaciales. Los rasgos generales del escenario, la tipología de las construcciones o la forma y factura de los troncos de los árboles o de su follaje son comunes a las obras conocidas de Francisco Collantes (Madrid, h. 1599-h. 1656), y avalan la firma.

Dentro de la producción de Collantes, sin embargo, se trata de una obra muy singular desde varios puntos de vista. En primer lugar por su soporte (lámina de cobre) y, relacionado con esto, su tamaño. Se trata de un material y unas dimensiones inéditas hasta la fecha en Collantes; un hecho que no sólo tiene una importancia meramente histórico-artística, pues también tiene una trascendencia estética. Su tamaño y su soporte han estimulado una escritura pictórica mucho más precisa y cuidada que la habitual en cuadros mayores; y han originado una iluminación mucho más variada y controlada. El tamaño y el soporte sirven también para acercar a Collantes a la tradición de la pintura europea de paisaje del siglo XVII, que con mucha frecuencia se expresó a través de medios parecidos, tanto en Flandes como en Roma. Se conocen muy pocos ejemplos españoles similares. Esa huella foránea se advierte también en los bueyes del primer término, que probablemente proceden de una estampa nórdica.

El cuadro es también notable en la producción de Collantes desde el punto de vista de su composición y sus valores pictóricos. Frente a su estrategia habitual de invadir el primer término con un gran árbol o una combinación de rocas y masa vegetal, que da lugar a composiciones bizarras e inestables y a una organización de los planos espaciales de carácter muy artificioso, en este caso ha preferido dar un mayor protagonismo a los segundos y últimos términos y al cielo, y ha demostrado una extraordinaria capacidad para equilibrar las masas y construir un escenario más relajado y naturalista.

El resultado es una obra de notables cualidades estéticas, que añade una nueva dimensión (la de artista que trabajó en pequeño formato y compartió puntualmente la estética del paisaje clasicista) al perfil estético hasta ahora conocido de Collantes. A sus valores generales hay que sumar la escasez de la pintura de paisaje –y en concreto en estos formatos– en el arte español anterior al siglo xviii. — Javier Portús

Procedencia

Colección particular; Subastas Alcalá, Madrid, 2 de diciembre de 2009, lote 121.

Bibliografía

W. Jordan, Juan Van der Hamen y León y la Corte de Madrid, Madrid, 2005, p. 249.

Adquirido por el Museo.

 
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