Un coracero francés (hacia 1813), de José Madrazo y Agudo

Retrato virtualmente inédito de José de Madrazo, constituye, por su calidad y envergadura, uno de los más brillantes ejemplos de toda la producción del artista en este género, lo que explica que, tras su reciente descubrimiento y adquisición, se haya incorporado inmediatamente a la exposición de la Colección Permanente en las salas del Museo del Prado.

Se trata de una obra muy singular en la producción del patriarca de los Madrazo, que permite profundizar aún más en su ya reconocida valía como retratista de formación neoclásica, avisado de las modas y costumbres artísticas de su generación en toda Europa. Representa a un coracero francés, de cuerpo entero a tamaño natural, que se apoya en un árbol, ante un paisaje. Se mezclan así en el lienzo dos géneros –retrato y paisaje– lo que adelanta la recuperación de una tipología artística que no se popularizaría en el siglo XIX en España en realidad hasta casi dos décadas más tarde, cuando ya estaba en activo la siguiente generación de pintores de retratos, como Valentín Carderera y Rafael Tegeo. Además, José de Madrazo adaptó aquí sus característicos modos artísticos a una costumbre militar bien asentada en Francia e Inglaterra en esos años, que ha dejado míticos ejemplos de pintores románticos como Gericault o el Barón Gros. Algunos oficiales de caballería se hacían retratar junto a su montura en medio de la naturaleza, empleando una tipología retratística que, sin perder la voluntad de sofisticar su imagen individual, recordaba las heroicas imágenes de grandes militares en el campo de batalla, que se pusieron de moda en pleno Neoclasicismo francés, y que se difundieron a principios del siglo XIX por todo el continente, al calor de la expansión de la cultura napoleónica.

La pintura ha de fecharse durante los años en Italia de José de Madrazo, donde había llegado como servidor en el exilio de Carlos IV pero donde también llegaría a implicarse ante la inminente llegada de Napoleón, participando en la decoración de la que se planeaba como su residencia en la Ciudad Eterna, el Palazzo del Quirinale; tiempo en el que entró en contacto con los hombres allí destacados por el Emperador, entre los que debió contarse este personaje. La disposición inclinada de la figura sobre el árbol, infundida de cierta búsqueda intencionada de una pose elegante, al estilo de los retratos ingleses de las décadas anteriores, así como la descripción del paisaje, en efecto, remiten directamente a una de las más famosas composiciones italianas del artista cántabro que también se conserva en el Museo del Prado, Amor divino y amor profano (cat. p-6951), pintada en 1813. La factura de la figura, de dibujo muy concreto en la ejecución de los paños y en la descripción del brillo de la coraza, pero más blanda en las carnaciones del rostro, y el modo minucioso y delicado de detallar la vegetación del paisaje, de nuevo señalan el parentesco con este cuadro de Madrazo. La ingenua descripción del caballo, por su parte, recuerda muy directamente el tipo de la montura del retrato de Fernando VII a caballo, del Museo del Prado (cat. p-3295).

La única noticia fehaciente que documenta esta obra es su procedencia de la antigua Colección Stuyck, lo que resulta crucial para plantear una hipótesis de identificación del personaje retratado. Consta que los Stuyck, apellido íntimamente unido a la Real Fábrica de Tapices de Madrid, emparentaron a mediados del siglo XIX con la familia francesa Dulongval pues, en efecto, antes de los años cincuenta Eloísa Dulongval casó con Livinio Stuyck. Eloísa y su hermana Rosalía, quien casó, por su parte, con un hijo que el VI Conde de Tilly había tenido fuera de su matrimonio, eran hijas de un caballero mencionado escuetamente como el Mariscal Jean Dulongval en unas memorias en las que aluden a uno de sus descendientes por la rama Tilly. El retratado, sin embargo, viste el uniforme de coracero francés con el rango de Lieutenant, y aparece además condecorado con la Legión de Honor, minuciosa e inequívocamente dibujada sobre su coraza. Se da la circunstancia de que un Lieutenant de coraceros retirado, que ostentaba también esa reconocida condecoración gala, trabajaba con seguridad en la legación diplomática francesa en Madrid justo en la década de los cincuenta, como segundo del embajador francés, y que una de sus hijas –una joven señorita según la prensa del momento–, presentó algunas pinturas en distintas exposiciones de Bellas Artes madrileñas, desde mediados de los cuarenta. Se trataba de Jean Baptiste Poret-Dulongval, nacido en la ciudad francesa de Lisieux (Calvados), el dos de julio de 1783 y que, según aclara pertinentemente la Guía de Forasteros de Madrid era, además de empleado de la cancillería francesa, Caballero de la Legión de Honor. La edad del modelo del lienzo, de unos treinta años, coincide plenamente con la que debía de tener Dulongval en el momento de mandarse hacer el retrato, y se da la circunstancia de que, en su hoja de servicios, contaba haber sido en 1807 Marechal de Logis, lo que habría motivado la posterior confusión del rango militar máximo con el que se retiró.

Dadas todas estás coincidencias, cabría deducir razonablemente que este militar sea el retratado en el nuevo lienzo del Prado, y también el padre de la muchacha pintora, mencionada siempre como Dulongval, cuya incipiente carrera artística terminaría tras su matrimonio. Por vía de Eloísa Dulongval, esposa de Stuyck, el retrato habría llegado hasta sus descendientes y anteriores propietarios, que todavía eran conscientes de que el personaje retratado era algún antepasado suyo. — Carlos G. Navarro

Procedencia

Adquirido a través de la Sala Retiro, Madrid.

Bibliografía

Obra inédita.

Adquirido por el Museo.

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados