El pintor Luis Álvarez Catalá (1899), de Carolus-Duran

Firmado, en el ángulo superior derecho:
“A mon ami Luis Alvarez, / Madrid, / 12 juin / 1899.
Carolus–Duran”

Se trata de un retrato de Luis Álvarez Catalá (Madrid, 1836–1901), pintor que estuvo estrechamente vinculado al Museo del Prado, del que fue sucesivamente Secretario, Subdirector y Director. Sustituyó a Francisco Pradilla en este último cargo, que desempeñó desde el 29 de julio de 1898 hasta su muerte, ocurrida el 4 de octubre de 1901. A diferencia de lo que ocurría con otros directores, el Museo no conservaba retrato suyo. Por ello, tiene interés esta efigie realizada, además, durante el ejercicio de su dirección, con motivo del hecho más sobresaliente en ella acaecido, el homenaje a Velázquez en el IV centenario de su nacimiento, a cargo de uno de los mejores retratistas de su tiempo, profundamente relacionado con la tradición pictórica española.

En efecto Carolus–Duran, que ya había descubierto a Velázquez en el Louvre durante su formación en París, vivió en España en 1866–1867, llegando a participar en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1867 de Madrid con cuatro obras, una de las cuales, el retrato de El pintor Matías Moreno (cat. p–5842), pintado en Toledo en 1867, se conserva en el Prado. El artista estudió y copió en este Museo la obra de Velázquez, que influyó decisivamente en la concepción de sus retratos. Por otra parte, la referencia al artista sevillano fue relevante y continua en la difusión de sus enseñanzas en su atelier, como atestiguan, entre otros muchos, los ejemplos de sus discípulos John Singer Sargent y Ramón Casas.

Al conmemorarse en junio de 1899 el centenario velazqueño, el Gobierno francés comisionó al pintor, en su calidad de Presidente de la Société Nationale de Beaux–Arts, para asistir, en compañía de otro artista que admiraba a Velázquez, Jean–Paul Laurens, Presidente de la Société des Artistes Français, a los actos celebrados en Madrid. Con ese motivo, Carolus– Duran visitó la instalación de los cuadros de Velázquez en el Prado, de la que hizo grandes elogios. La prensa vespertina del día 12 de junio recoge cómo “En prueba de su entusiasmo y su gratitud, esta mañana estuvo en el estudio de Álvarez y trazó su retrato. Es una cabeza, como ha dicho el mismo pintor retratado, digna del pincel del artista francés. Y lo más notable, es que ha hecho la cabeza en tres horas” (La Época).

En efecto, la rapidez de la ejecución que la pintura muestra es propia de una sola sesión, que se habría realizado, según la gacetilla, en el estudio del pintor, que se hallaba en la Calle de Huertas, vecina al Prado. La elegancia de los negros, grises y blancos, animados por algunos toques de color en la corbata, y la expresión contenida y ensimismada aunque afable del retratado, contrastan con el dinámico movimiento de las manchas de color del fondo, realzadas por anchas pinceladas blancas sobre los vibrantes rosas rojizos, en una resolución brillante y de efecto. En ella el artista fue fiel a su espíritu de pintar directamente sobre la tela, sin dibujo preparatorio, con una presencia destacada de la luz para articular tanto los volúmenes de la figura como la superficie del fondo. Ese equilibrio entre sobriedad y exaltación muestra una particular interpretación de Velázquez a quien, a través de la efigie del máximo responsable de su nueva presentación en las salas del Prado, rindió así homenaje singular el artista francés.

Luis Álvarez, que habría podido conocer a Carolus–Duran ya en su primera estancia en España, fue precisamente, pocas horas después de haber posado para el retrato, uno de los encargados de darle las gracias, tras la alocución “en correcto y castizo castellano” que pronunció Duran acerca del pintor sevillano, en el almuerzo que ofreció el Ministerio de Comercio a los delegados extranjeros el mismo 12 de junio. En su discurso el artista francés aseguró que “la disposición de los cuadros le parecía a él, que tanto había estudiado a Velázquez, una nueva resurrección de las obras del gran pintor”. En esa circunstancia de apoteosis velazqueña se explica la realización del retrato, que el artista francés regaló a Álvarez.

La obra, que conserva su marco dorado original, pasó a la muerte del pintor a su hija y a su yerno, Federico Amutio, vinculado también con el Museo del Prado en calidad de Restaurador, conservándose después en propiedad de sus descendientes. Una copia con variantes, que añade una paleta de gran tamaño, por Ubaldo Fuentes, discípulo de Luis Álvarez, se conserva en el Ateneo de Madrid. — Javier Barón

Procedencia

1899, Luis Álvarez Catalá; 1901 Herederos de Luis Álvarez Catalá; Subasta Alcalá, Madrid, 2 de diciembre de 2010, lote 56.

Bibliografía general

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866, Madrid, 1867, pág. 24, nº 120; M., Crónicas madrileñas. En la embajada de Francia”, La Época, Madrid, 12 de junio de 1899; “En el Ministerio de Fomento. Obsequio a los delegados extranjeros”, La Época, Madrid, 12 de junio de 1899; A. Scottez– De Wambrechies et al., Carolus Duran 1837–1917, (catátologo exposición) Lille, Palais des Beaux Arts/ Toulouse, Musée des Augustins, 2003.

Adscripción del Ministerio de Cultura.

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados