Puerta de una casa en Toledo (hacia 1875–1878), de Martín Rico y Ortega

Firmado en el ángulo inferior derecho: “rico”

La ciudad que se representa puede identificarse como Toledo, donde Martín Rico pintó en diferentes ocasiones. Tras haber estado en Sevilla, el artista llegó a la ciudad castellana el 28 de mayo de 1875 y se dedicó con intensidad a dibujar cuantos aspectos paisajísticos y, especialmente, arquitectónicos y escultóricos, le atraían. Fruto de ello es un cuaderno de dibujos adquirido recientemente por el Prado (Cuaderno nº 9, Toledo, 1875, cat. d–7370), donde aparecen distintos motivos relacionados con esta obra (Doña Claude Rico–Robert trabaja actualmente en la catalogación del conjunto). Entre ellos se halla, además, la idea de la propia composición, con una niña en el umbral de una característica portada toledana del primer Renacimiento, ante la cual se hallan tres burros cargados con cántaras para transportar el agua, que interesaron al pintor, quien se refirió a ellos en su autobiografía. El artista dibujó varios detalles de columnas, cardinas, ménsulas, bolas y herrajes parecidos a los que figuran en la pintura, procedentes todos del barrio mudéjar en torno a la Catedral. Tal como ha sugerido Rafael Alonso, Restaurador del Museo, para la identificación del lugar, varios elementos de la portada se parecen a la que se halla en el nº 9 de la Bajada del Barco. El espacio representado a la izquierda se parece, por ejemplo, al que existe ante la portada del Convento de San Juan de la Penitencia, y la calle que desciende recuerda al Callejón de San Pedro.

En ese cuaderno se conservan además otros dibujos relacionados con la pintura, que representan los asnos, la ventana, las jaulas y, con toda probabilidad, los herrajes de la puerta del edificio principal, del siglo XVI. Los leones están tomados de los que aparecen en la Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo, dibujados también por el artista.

El propósito de Martín Rico era la realización de cuadros para el mercado norteamericano y, al efecto, consignó en el propio cuaderno dos cuadros de Toledo para el marchante norteamericano Roland Knoedler. Finalmente, fueron seis los cuadros que allí realizó, uno de los cuales, que el propio artista, en su cuaderno de registro de obras, denominó La aguadora, es, con toda probabilidad, éste. A su lado figura la cantidad, notable para la época, de 6.000 pesetas, en que se vendió, y su propietario “Stuart” que fue, en efecto, William Hoood Stewart.

Pintado con extraordinaria delicadeza sobre tabla, muestra una escena de mediodía a la luz muy clara de la ciudad castellana, visible con su nítida frescura original tras la adecuada limpieza de la pintura en el Taller de Restauración del Museo del Prado, que destaca en mayor medida con la nueva enmarcación realizada específicamente en una sencilla moldura lisa de pino teñido.

En su esfuerzo por animar con la mayor verosimilitud una vista compuesta de distintos elementos, el artista dispuso una niña, variante de otra que había estudiado en uno de los dibujos previos, así como un perro y tres asnos, observados de un modo muy preciso y certero, mientras que a la derecha la figura de un clérigo desciende por la calle. El empeño en introducir pequeñas figuras de niños o animales, cuyo estatismo acentúa la serenidad de la composición, era un recurso muy característico del artista. Además, la presencia de elementos vegetales, como los que aparecen en la reja plateresca y en la ventana alta de la fachada, así como en los balcones de la calle, da a la escena una vivacidad cromática que enriquece las tonalidades ocres dominantes.

La finura de dibujo y la precisión casi miniaturista del artista son visibles, por ejemplo, en la atención a las jaulas y a su sombras, las calidades táctiles de la puerta de madera, los llamadores y clavos de hierro, el ladrillo que asoma bajo el enlucido, los restos de yeserías entre puerta y reja y los barros de las cántaras muestran el preciosismo del autor, influido en esta etapa de su producción por la obra de Fortuny, con quien había pintado en Granada cuatro años antes.

Es muy posible que esta misma obra fuera una de las que, con el título Porte d’une masion, à Tolède, integró el amplio conjunto de dieciseis pinturas que formó parte de la contribución de Rico a la sección española de la Exposición Universal de París de 1878, de la que fue, con Raimundo de Madrazo, uno de los organizadores, y en la que obtuvo una tercera medalla por el conjunto de sus paisajes. La obra figuró en la venta ocurrida a la muerte de Stewart, en 1898, con el título Plaza and Street, Toledo. — Javier Barón

Procedencia

Del artista a William Hood Stewart; Sotheby’s, Nueva York , 29 de enero de 2010, lote 885.

Bibliografía

J. Barón y J. M. Matilla, “Martín Rico y Ortega (1833–1908). Cuarenta cuadernos de dibujos y un álbum de acuarelas”, Memoria de Actividades 2007, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 36; M. Rico, Recuerdos de mi vida, Madrid, 1906, p. 125; Cuaderno de registro de obras de Martín Rico, s. p. (colección particular); Exposition Universelle de 1878. Espagne. Section des Beaux–Arts. Catalogue spécial, París, 1878, p. 11, nº 117; W. H. Stewart Collection, Nueva York, February 3–4, 1898, nº 108; E. Du Gué Trapier, Martín Rico y Ortega in the Collection of the Hispanic Society of America, Nueva York, 1937.

Adscripción del Ministerio de Cultura.

 
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