Trofeo militar romano (hacia 1770), de Luis Paret y Alcázar

A este soberbio dibujo no sólo lo avalan su procedencia (perteneció a la colección de Don Félix Boix), su bibliografía y su técnica primorosa surgida de la combinación de la tinta y la pluma blanca sobre el papel azul, sino que, paradójicamente, es uno de los más bellos testimonios neoclásicos de Luis Paret y Alcázar (Madrid, 1746–1799), el artista español que mejor captó el espíritu del Rococó.

Desde mediados del siglo XVIII, Roma se había convertido en la capital intelectual europea, la ciudad por excelencia del Grand Tour. Luis Paret viajó a Roma entre 1763 y 1766 pensionado por su protector, el Infante Don Luis, para perfeccionarse en pintura y lenguas clásicas. Pero en la ciudad no sólo estudió atentamente las ruinas y leyó a los clásicos griegos y latinos, demostrando un especial gusto por la filología clásica, sino que también contactó con los pensionados de la Academia de Francia y conoció de primera mano el debate intelectual surgido en torno a la Antigüedad, así como la pintura francesa y norteuropea del momento.

Los trofeos militares esculpidos en mármol procedían de una rica tradición simbólico–militar desarrollada en la Antigüedad. El trofeo militar se convirtió en un emblema del poder militar desde sus inicios en la antigua Grecia: el signo de la victoria erigido por los vencedores con los restos del enemigo vencido, que se colgaban en el tronco de un árbol o se amontonaban sobre el mismo campo de batalla. Posteriormente, el nombre designó básicamente a los monumentos erigidos como testimonio de la victoria.

Con el apogeo del Neoclasicismo, en la Roma de 1750, los trofeos reaparecieron ornamentando edificios o ilustrando libros. Piranesi se sirvió de ellos cuando quiso exaltar la grandilocuencia de Roma, tal como aparece en el frontispicio de Della Magnificenza o en la decoración escultórica con relieves en la Plaza Cavalieri de Malta en el Aventino. La original invención de Piranesi en la decoración de este espacio no solo refleja el nuevo repertorio ornamental que ya anunciaba en Della Magnificenza (1761) y Parere sull’architettura (1765), sino que también demuestra su tendencia a continuar con el simbolismo del mundo antiguo. Reutilizó ornamentos militares procedentes de la Ciudad Eterna: fragmentos del Museo Capitolino, el Trofeo de Mario, detalles de la Columna Trajana. No es difícil pensar que estando en Roma Luis Paret conociese de primera mano ese mundo, entre erudito y arqueológico, que Piranesi lideraba, de amor por el esplendor antiguo de la ciudad.

Es muy probable que, para la elaboración de esteo trofeo, Paret tuviese en mente el de Mario –los dos grupos escultóricos romanos instalados por Sixto V en la balaustrada de la Plaza del Campidoglio en 1590– que Piranesi grabó en varias vedute del Campidoglio e individualmente. Se sostiene en un pedestal cilíndrico, ricamente ornamentado con un mascarón central de cuya cabeza cuelgan cabellos que se sujetan en los laterales, inspirados probablemente en las guirnaldas florales del Ara Pacis (9 a.C.). Un bajorrelieve con figuras que luchan corona el soporte. Las diversas piezas que se distribuyen encima de la peana, en un equilibrio increíble, se sujetan en torno a una cepa, como insignia de los centuriones romanos, usada a veces como soporte o como bastón de mando. El trampantojo de elementos que se despliegan no es arbitrario: todos son símbolos del poder militar y jurídico del imperio romano. Ese tronco del que surgen incipientes ramas en flor como breves alusiones vegetales –lo vegetal en la ruina es un recurso muy piranesiano– sostiene una musculosa armadura o cataphracta, con una corta lorica squamata colgante y cenefa alrededor del cuello, y una capa o lacerna anudada que cae hacia atrás. La cepa surge por el hueco que la armadura abre en el cuello y sostiene, en lo alto, un casco profusamente decorado. Debajo, un escudo y una lorica dignata que protege el brazo. Tras este se entrevé un fragmento del objeto representativo de los lictores –ejecutores de las órdenes de los magistrados–, los haces, las varas enlazadas por una correa roja en medio de la cual se clavaba un hacha, símbolo del derecho a la vida y a la muerte, parte de la cual asoma por encima del hombro. Detrás de todo ello, un haz de banderas que, curiosamente, se despliegan sin colgar del lábaro o estandarte imperial como el vexillum, sino que penden de algún elemento transversal que no podemos ver y que las eleva.

Inscripciones y sellos: en el verso del segundo soporte, sello de la Colección Boix.

— Artur Ramon i Navarro

Procedencia

Félix Boix, Madrid; Colección Boix Escoriaza, Madrid; Ángel Gobeo, Bilbao; Luis Navarro, Valencia; Artur Ramon, Barcelona.

Bibliografía

F. Boix, Exposición de dibujos, 1750 a 1860: catálogo general ilustrado, Madrid, Sociedad Española de Amigos del Arte, 1922, n. 401; J. A. Gaya Nuño, “Luis Paret y Alcázar”, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones (1952), p. 149; O. Delgado, Paret y Alcázar, Madrid, CSIC, Instituto Diego Velázquez y Universidad de Madrid; Puerto Rico, Universidad, 1957, n. 118; J. Hernández Perera, “Dos dibujos de Paret en Bilbao”, Archivo Español de Arte, 125 (1959), p. 72; J. González de Durana, “Trofeo”, ficha de catálogo en Luis Paret y Alcázar, 1746–1799, Vitoria–Gasteiz, Gobierno Vasco, 1991, p. 320–322, n. 41; A. Ramon, “Luis Partet y Alcázar. Trofeo militar romano”, ficha de catálogo en Pinturas del Rococó 1690–1840. De Luca Giordano a Vicente López, Barcelona, Artur Ramon Anticuario, 1998, p. 58–62, n. 11; ídem., “Luis Partet y Alcázar. Trofeo militar romano”, ficha de catálogo en J. M. Matilla (ed.), No solo Goya. Adquisiciones para el Departamento de Dibujos y Estampas [1997–2010], Madrid, Museo Nacional del Prado, 2011, cat. 10.

Adscripción del Ministerio de Cultura.

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados