Boceto de Cristóbal Colón en el Convento de la Rábida (1856), de Eduardo Cano de la Peña

Firmado en el ángulo inferior derecho: “E. Cano”

La adquisición de bocetos de los cuadros de historia de los pintores españoles más destacados es una de las líneas prioritarias del Museo. De este modo, se ha incorporado en los últimos años un selecto e importante conjunto de bocetos de cuadros conservados en el propio Museo del Prado. Ello permite comprender del mejor modo la génesis misma de los que fueron los cuadros de mayor empeño y dificultad en las trayectorias de sus autores y los que les granjearon el mayor reconocimiento y, por otra parte, apreciar el valor artístico autónomo que tiene la propia plasmación pictórica de la primera idea del artista.

Uno de los ejemplos más interesantes en ambos sentidos es el boceto inédito de la obra de Eduardo Cano (Madrid, 1823- Sevilla, 1897) Cristóbal Colón en el Convento de la Rábida (cat. P05726, depositado en Madrid, Palacio del Senado). Es la pintura más relevante de este artista, dado que fue el primer cuadro de historia premiado con Primera Medalla en la primera Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid en 1856, en la que obtuvo críticas favorables.

Parece tratarse de la primera idea para el cuadro, pues se conoce otro boceto preparatorio (óleo sobre papel, 21,8 x 21,8 cm) citado por Pérez Calero (1979) y Reyero (1987), sin duda posterior a éste, en el que la composición se aproxima más al cuadro definitivo. Se tiene constancia de que se conservaba otro boceto (18,5 x 23,2 cm) en la colección de los Duques de Montpensier, hoy en paradero desconocido (Díez, 1992). El boceto del Prado revela una mayor sobriedad y la actitud de los personajes principales, tanto Colón como Fray Juan Pérez de Marchena, es en él mucho más contenida. Además, el cromatismo es más sobrio y relacionado con la tradición española, entonado en ocres, con algunos toques de azul especialmente en la casaca de Diego, el hijo del navegante. Éste aparece dormido en ambos bocetos a diferencia de lo que ocurre en el cuadro final, lo que acentúa la serenidad de la composición de la primera idea, que finalmente se convierte en una escena algo más teatral y con mayor anécdota

El interior del Convento de Santa María de la Rábida acusa un tratamiento de mayor contraste dramático a través de los contrastes de luces, cuyo doble foco, en primer término y al fondo, mantendría en el cuadro. El recurso muy dramático de la silueta oscura sobre el fondo claro aparece en también en la obra definitiva (desplazándose hacia allí el personaje del piloto situado en el boceto a la derecha) pero de modo mucho más atenuado, modificándose asimismo el lugar y el carácter de la figura, lo mismo que ocurre con el cuadro situado en la pared del fondo.

Así, el tratamiento pictórico del boceto aparece más acorde con los principios de la tradición española, y muy especialmente sevillana, en la que se formó el artista, que después matizó en el cuadro definitivo tras el contacto con los modelos franceses que pudo conocer en París, donde residió como pensionado entre 1853 y 1856. En este último año y en aquella ciudad, fechó el cuadro definitivo, cuyo boceto hubo de realizarse unos meses antes. — Javier Barón Thaidigsmann

Procedencia

Sala de subastas Arte Información y Gestión, Sevilla, Subasta del 14 de abril de 2011, lote 422.

Bibliografía General

J.L. Díez, La pintura de historia del siglo XIX en Espa- ña, Museo del Prado, Madrid, 1992, pp. 160-165; G. Pérez Calero, El pintor Eduardo Cano de la Peña (1823-1897), Sevilla, 1979, pp. 118-121; C. Reyero, Imagen histórica de España (1850-1900), Madrid, 1987, p. 273; Arte información y gestión. Subasta de Pintura y Joyas, Sevilla, 10 de abril de 2003, lote 380.

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