El Rey David (década de 1650), de Ignacio de Ríes

Ante un fondo oscuro, y plantado en un espacio sin referencias arquitectónicas, se encuentra David, a quien reconocemos por la inscripción de la parte superior izquierda del lienzo. El manto de armiño, la corona sobre el turbante y el cetro que sostiene con su mano izquierda indican que ya había alcanzado la condición real, mientras que el gesto de la mano derecha desplazada hacia el pecho y la expresión contrita de su rostro nos hablan del arrepentimiento posterior a su adulterio con Betsabé. La eficacia comunicativa de la obra descansa, precisamente, en ese contraste entre la arrogancia indumentaria y el gesto humillado del personaje.

El uso de una figura en un plano muy próximo al espectador, que se destaca mediante una técnica claroscurista, y que está construida con una técnica pictórica que busca una gran precisión descriptiva, sitúa esta obra en el entorno de Francisco de Zurbarán. En ese mismo contexto hay que situar el interés por describir de manera exacta la indumentaria y por individualizar sus diferentes texturas, así como las características del manto, tocado, calzado o joyas con los que se cubre el Rey David, que pertenecen a un repertorio frecuente en las obras de Zurbarán y su círculo. El propio tema de la obra –un personaje del Antiguo Testamento, aislado y de pie– también se relaciona con este autor, del que son bien conocidas series como la de “Los hijos de Jacob”.

Varios detalles del cuadro enlazan con composiciones firmadas por uno de los seguidores de Zurbarán que alcanzó cotas de mayor calidad, Ignacio de Ríes. De él se sabe que su padre era un pintor flamenco avecindado en Sevilla, donde nació Ignacio hacia 1616. Veinte años después trabajaba en el taller de Zurbarán, y en 1653 firmó varios cuadros de la Capilla de la Concepción de la Catedral de Segovia, su obra más importante. En algunas de esas pinturas aparecen elementos de indumentaria similares a los del Rey David. Así, el broche en forma de cabeza de león que tiene éste en su calzado es el mismo que cierra el cinturón de uno de los personajes de la Conversión de San Pablo; mientras que los que aparecen junto a las rodillas se pueden ver también en este mismo cuadro, en el Bautismo de Cristo o, multiplicado, en El Rey David en oración.

Estas semejanzas invitan a relacionar la obra del Prado con Ignacio Ríes y a fecharla en la década de 1650. La comparación del Rey David con los cuadros de Segovia y otras obras firmadas o atribuidas a Ríes no sólo muestra importantes semejanzas, sino también alguna significativa diferencia, que nos habla de la calidad superior del cuadro del Prado. En él llama ventajosamente la atención la delicadeza y calidad del modelado, que se consigue mediante una sutil gradación de los tonos cromáticos, y un uso sofisticado de luces y sombras; y destaca también tanto la corrección anatómica como el clima emocional, más verosímil y logrado de lo habitual en el pintor.

Todo ello lo convierte en una obra de interés para las colecciones del Prado, pues es uno de los cuadros que mejor muestran el alto nivel de calidad al que llegó uno de los seguidores más importantes de Zurbarán, del que el Museo no poseía ninguna pintura. — Javier Portús Pérez

Procedencia

Colección particular, Gerona.

Bibliografía

Zurbarán y su obrador. Pinturas para el Nuevo Mundo, México, 1999, p. 192; B. Navarrete, Ignacio de Ríes, Madrid, 2001, nº 20.

Adquisición del Estado a través de dación y adscripción del Ministerio de Cultura.

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados