La Reina María Luisa de Parma (1789-1792), de Mariano Salvador Maella

El cuadro figura en la reciente monografía de José Manuel de la Mano como obra de Maella y pareja del retrato del Rey Carlos IV que conserva el Banco de España. La radiografía del retrato, realizada en el Prado, revela que está pintado en dos momentos distintos: uno hacia 1789, por el tocado que luce la reina, de gran desarrollo y adornos de plumas y cintas, y en un segundo periodo, después de 1792, cuando se alteró el original y se dio por concluido. Se añadió entonces la banda y venera de la Orden de la Reina María Luisa, fundada por ella ese año, y se redujo el volumen del tocado, que muestra ya en la segunda versión un sencillo joyel con una pluma engarzada, que concuerda con la moda de ese año más tardío.

Es posible que sea el cuadro mencionado junto con el retrato del rey en el inventario de los bienes del arquitecto Francisco Sabatini, redactado en 1800: “Dos pinturas ovaladas representan los Reyes actuales pintados por D. Mariano Maella números 68 y 69”, aunque no hay numeración antigua sobre el lienzo que lo corrobore. Esta obra se une al escaso número de retratos originales existentes de la Reina María Luisa, como los pintados por Maella, uno conservado en el Museo Romántico y otro en la Universidad Complutense, que siguen sin alteraciones la efigie de la reina correspondiente al año de su ascenso al trono, en 1789, por su tocado característico, así como los de Carnicero del mismo periodo, de menor interés. El Museo del Prado sólo contaba con los retratos pintados por Goya, entre los que hay que distinguir los de su mano, como el retrato ecuestre de la Reina María Luisa con tontillo, y las copias contemporáneas que hizo con motivo del ascenso al trono de los nuevos monarcas a la muerte de Carlos III en diciembre de 1788. Este nuevo retrato viene por tanto a llenar en el Prado una laguna importante en la iconografía de los Borbones y, a diferencia del carácter de efigies oficiales de los retratos de la reina por Maella o por Goya, presenta a la soberana con mayor cercanía y humanidad.

A pesar de que el cuadro está hecho en dos momentos distintos, la técnica y el modo de pintar la primera imagen responde a la misma mano que ha realizado las adiciones del segundo tiempo, cuando se añadieron la banda y el tocado con la cinta azul y el joyel. La técnica es de una gran calidad, como revela la definición de las manos, exquisitas en su dibujo y actitud –casi a la manera de la pintura francesa de ese momento–, de las telas y de la corona de oro adornada con perlas o de la venera de la Orden de la Cruz Estrellada que lleva sobre el pecho. Es de gran belleza, por la rapidez y seguridad de su ejecución, la mano izquierda de la soberana, apenas abocetada sobre el manto de púrpura, así como el modo excepcional en que están realizadas las telas de seda, de gasa o los encajes, con pinceladas de gran finura y precisión, pero empastadas y ricas en la definición de las luces.

El cuadro conserva el marco original del siglo XVIII, con añadidos posteriores. — Manuela Mena Marqués

Procedencia

Galería José de la Mano, Madrid.

Bibliografía

J.M. de la Mano, Mariano Salvador Maella: Poder e imagen en la España de la Ilustración, Madrid 2011, pp.517-518.

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