Prometeo encadenado (hacia 1590-1596), de Gregorio Martínez

Firmado en el ángulo inferior derecho por medio de mayúsculas entrelazadas: “GR [muy desvaídas] MARTINEZ”

Estamos ante una obra hasta ahora inédita, firmada por el pintor vallisoletano Gregorio Martínez, del que el Museo del Prado no poseía ninguna obra hasta la fecha.

La pintura representa a Prometeo encadenado, padeciendo eternamente el castigo de Zeus: un águila devorándole las entrañas. También pudiera tratarse del Castigo de Ticio, otro titán que sufriera un castigo semejante, protagonizado por un buitre. De hecho, la figura repite de manera bastante fiel el dibujo de Miguel Ángel que se identifica con Ticio, fechado en 1532 y propiedad la Reina de Inglaterra (Windsor Castle). Martínez hubo de acceder a la composición de Miguel Ángel a través de alguna estampa, aportando ciertas variaciones, tanto en la disposición del torso del personaje como en la cabeza, que en el caso del vallisoletano se ha girado hacia el espectador, ofreciéndonos la posibilidad de contemplar el padecimiento del titán, cuyo rostro recuerda al Laocoonte. Este grupo escultórico helenístico descubierto en Roma a principios de 1506, cerca de Santa Maria Maggiore, inspiró el dibujo de Miguel Ángel, así como numerosas obras del Renacimiento, y fue ampliamente divulgado a través del grabado. También deben derivar de alguna estampa las arquitecturas del fondo, ruinas invadidas por un espectacular incendio y que son otra referencia a la Roma clásica, una recreación de los palacios imperiales en el Palatino. Es precisamente el protagonismo concedido al fuego, como elemento de destrucción, el que invita a pensar en Prometeo como protagonista de esta obra, pues fue el robo del fuego a los dioses, y su entrega indebida a los hombres, la causa del castigo divino. Las llamas animan cromáticamente una obra marcada por los tonos terrosos en los que se escenifica la escena, y que encuentra en el vistoso paño azul en que descansa el personaje otro contrapunto, en el que Martínez ofrece un tratamiento de paños muy característico en su producción: angulosos, muy quebrados y con destellos blanquecinos, de aspecto sedoso.

Es una obra excepcional dentro de la pintura española de la segunda mitad del siglo xvi, donde son muy escasos los ejemplos de pintura mitológica, y más aún desarrollando el desnudo con el protagonismo que evidencia esta obra. La importancia se subraya aún más si tenemos en cuenta que la composición está realizada fuera de los círculos cortesanos, y que remite directamente a la revalorización del mundo clásico, tanto en sus referencias literarias y mitológicas como en la selección de los modelos escultóricos y arqueológicos.

Alfonso Pérez Sánchez definió en 1998 a Gregorio Martínez como “una de las personalidades más interesantes de la pintura no sólo castellana sino española de su tiempo, en estrecha contemporaneidad con los pintores de El Escorial; una figura ecléctica pero una de las más sólidas y representativas de su momento, al margen de la Corte. Su personal estilo parece permanecer muy fiel a esquemas del tardo Renacimiento florentino con un dibujo prieto y cerrado y unos modelos de elegante clasicismo en rostros y actitudes”. La producción de este pintor se sitúa en un momento especialmente interesante de la pintura española del siglo xvi, significándose por su formación abiertamente italianizante, debida sin duda a su formación con el artista italiano Benito Rabuyate, quien poseía algunas obras italianas, pero sobre todo un amplio elenco de estampas de artistas como Miguel Ángel, Salviati, Correggio o Parmigianino. Los vínculos de Martínez con el Monasterio del Escorial reforzarían la orientación de su pintura, ejemplo de manierismo refinado entremezclado por un conocimiento de la pintura flamenca, visible en el dibujo preciso empleado.

Conocemos alguna obra más de Martínez en la que el desnudo masculino se traza con seguridad y destreza, como la pequeña Piedad sobre tabla publicada por Pérez Sánchez en 1998 (en el mercado internacional), y donde encontramos una firma muy parecida, realizada por letras mayúsculas entrelazadas: “MARTRZ”. El cuerpo de Cristo muerto recuerda mucho la anatomía de Prometeo, además de una parecida iluminación, de fuertes contrastes y entonación crepuscular que en la obra del Prado se transforma en una tonalidad anaranjada, la del incendio que asola la ciudad.

Otras firmas parecidas, con el apellido más o menos abreviado, pueden verse en El martirio de Santa Catalina conservada en el Fuerte de San Franciso de Guadalajara, y en La Sagrada Familia de la Iglesia de San Miguel de Valladolid. Más abreviada aún, la de La Anunciación del Museo Colegio de San Gregorio de Valladolid.

Dentro de la producción de este artista tenemos noticias de la realización de cobres para el Presidente del Consejo de Indias, Don Hernando de Vega, en 1580; o un tríptico sobre el mismo tipo de material encargado por Pompeyo Leoni. Realizó también sargas, en colaboración con el pintor Benito Ronco: seis para la Iglesia de la Magdalena de Valladolid (1583) y tres más para la iglesia parroquial de Olmos de Esgueva. Se ocupó además de policromar esculturas en madera (entre 1593 y 1596, junto con Diego de Urbina, el retablo mayor de la Catedral de Burgos)

Sin duda, la obra de mayor fama fue el retablo y la decoración muraría de la capilla funeraria del rico comerciante italiano Fabio Nelli, en la iglesia del Convento de San Agustín (1596). Está formada por un cuadro grande con la Anunciación, con una Trinidad en el ático y, en el banco o predela, cuatro asuntos: Nacimiento, Adoración de los Reyes, Circuncisión y Presentación. En los muros pintó al temple varios asuntos, entre los que incluyó las figuras de Adán y Eva, que fueron muy admiradas por la calidad de su ejecución. El conjunto mural se destruyó al derribarse la capilla en el siglo XIX, perdiéndose con ellos dos inusuales ejemplares de desnudo. Tal vez una obra tan excepcional como esta del Prometeo encadenado, pudiera explicarse como un probable encargo de Fabio Nelli, un italiano culto, refinado y de amplios intereses. — Leticia Ruiz Gómez

Procedencia

Sala Franco Semenzato, Venecia, 14 de mayo de 2000, lote 145 (como escuela italiana del siglo xvii); Coll y Cortés Fine Arts, Madrid

Bibliografía

J.J. Martín González, “El pintor Gregorio Martínez” en Boletin del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1956, pp. 81-91; J. Urrea y J. Valdivieso, “Aportaciones a la historia de la pintura vallisoletana, Boletin del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1971, pp. 353-374; I. Gutiérrez Pastor, “Una importante pintura de Gregorio Martínez reencontrada” en Boletin del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1982, pp. 410-414; A. E. Pérez Sánchez, “Una nueva pintura de Gregorio Martínez”, Boletín del Museo Nacional de Escultura, 2 (1997-98), pp. 7-9 y A. E. Pérez Sánchez, “Más sobre Gregorio Martínez” en Boletín del Museo Nacional de Escultura, 4 (2000), pp. 21-23.

Adquirido por el Museo.

 
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