Cristo camino del Calvario
Hacia 1560. Óleo sobre lienzo, 98 x 116 cmSala 043
El Museo del Prado posee dos aproximaciones de Tiziano a este paisaje evangélico (Mateo 27, 32-33; Marcos 15, 21-22 y Lucas 23, 26-27), que narra cómo Simón Cireneo fue obligado a llevar la cruz cuando Cristo quedó exhausto camino del Gólgota. Aunque separadas aproximadamente por un lustro, las pinturas (Cristo camino del Calvario, P439 y Cristo con la cruz a cuestas, P438) presentan notables diferencias formales y conceptuales.
La más temprana (P439), posee un mayor sentido narrativo y muestra explícitamente la caída de Cristo, que de rodillas, apoya la mano izquierda en una piedra con la firma del pintor. La suciedad impide apreciar correctamente la obra, que parece un friso recortado ante un fondo neutro. Sin embargo, un análisis detenido revela la existencia de hasta tres planos: el más próximo al espectador con Cristo y el Cireneo, uno intermedio, y un tercero donde se vislumbra el Gólgota y un tenue reflejo de la luz crepuscular. Pese a su innegable dramatismo, la escena transcurre al margen del espectador, mero testigo del intercambio de miradas entre Cristo y el Cireneo. En la segunda versión (P438) se ha atemperado el carácter narrativo y ponderado su dramatismo mediante la elección de un primerísimo plano, excepcional en la obra de Tiziano. La proximidad de Cristo y el Cireneo, situados a los lados de la diagonal trazada por la cruz, acrecienta la emotividad de la escena, subrayada por la mirada que Cristo, con la cuerda alrededor del cuello, dirige al espectador con los ojos lacrimosos inyectados en sangre. Aunque inusual en Tiziano, este tratamiento contaba con precedentes en Venecia que el pintor debía conocer, como Cristo con la cruz a cuestas de Atobello Mellone (hacia 1515) en Londres (National Gallery), y sobre todo Cristo con la cruz a cuestas de Lorenzo Lotto de 1526 (París, Louvre), donde aparecen ya la cruz en diagonal y Cristo en primer plano con los ojos bañados en lágrimas.
La radiografía de Cristo camino del Calvario revela que Cireneo cubría su cabeza con un turbante atado a la nuca y sugiere que la cruz no descansaba en el suelo, sino que era llevada en alto por los dos personajes, como parece indicar que la mano derecha de Cristo estuviera inicialmente más elevada y situada bajo el tramo largo de la cruz, y la derecha del Cireneo, ahora no visible, asiera el madero a la altura de la cintura de Cristo. Este cambio no sólo tiene trascendencia compositiva (explicando el inusual pero efectivo tamaño del tramo, en teoría corto, de la cruz), sino también narrativa, justificando el diferente título de las dos pinturas en el catálogo del Museo del Prado.
Las diferencias entre las obras son también formales y cromáticas y pueden ejemplificarse en las dos túnicas de Cristo. Aunque la suciedad impide apreciar su brillantez, la que aparece en Cristo camino del Calvario está coloreada con una laca roja extraordinariamente ligera y transparente que obligó al pintor a incluir líneas oscuras para reforzar su volumen; mientras en Cristo con la cruz a cuestas está construida mediante una superposición de pinceladas con diferentes tonos característica de Tiziano.
Cristo camino del Calvario ingresó en 1574 en El Escorial, ocupando un lugar de privilegio en el oratorio privado de Felipe II. De devotísima y singular figura la calificó Sigüenza, quien afirmaba que en las noches pasaba allí el pío Rey don Felipe buenos ratos, contemplando lo mucho que debía al Señor que tan pesada carga llevaba sobre sus hombros por los pecados de los hombres y los suyos. La pintura, de excepcional calidad, permaneció en El Escorial hasta su ingreso en el Museo del Prado en 1845 (Texto extractado de Falomir, M.: Tiziano, Museo Nacional del Prado, 2003, pp. 266-269).
Falomir Faus, Miguel, Tiziano, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2003, p.266-269