Vista parcial de los primeros tramos de la Galería Central, dedicados a la pintura veneciana.

Vista parcial del tramo central de la Galería, frente a Las Meninas, con los retratos reales de Carlos V y Felipe II de Tiziano.

Vista parcial de los tramos finales de la Galería Central, dedicados a Rubens

Julio, 2011.- La intervención en este gran espacio, supervisada por Rafael Moneo, ha permitido el rescate de varios elementos arquitectónicos perdidos en remodelaciones del pasado. Se ha descubierto en el tramo norte la ventana dieciochesca que abre al patio de la planta baja y que permanecía tapada desde hace años, que ahora aporta luz natural a la sala de exposición. Se ha recuperado la puerta que daba a la llamada Galería Jónica (pendiente de renovar en 2012 y donde se expondrán esculturas) que había sido demolida ocultándose su vano, y se ha eliminado el cierre sobre la gran puerta que da paso a la Rotonda de Goya, lo que permite la visualización de los grandes capiteles jónicos de Villanueva desde la Galería Central. En el otro extremo de la Galería se han recuperado las puertas originales que dan a los pasillos (que se abrirán próximamente) que comunican las salas de Goya y pintura española del siglo XVIII.

Las 59 pinturas de la Galería Central, casi todas de gran formato, como requiere este amplio espacio arquitectónico bañado con luz natural, constituyen la columna vertebral de la nueva presentación de las colecciones. Una vez traspasado el umbral de la Sala 24 desde la Rotonda de Goya, el visitante podrá recorrer primero la pintura veneciana del siglo XVI, empezando por los retratos reales de los Austrias (Felipe II e Isabel de Portugal) de Tiziano y su gran composición religiosa devocional, La Gloria, encargada por Carlos V, que incluye retratos de la familia imperial y un autorretrato del propio artista (Sala 24). En el siguiente tramo (Salas 25-26) se continúa con obras maestras de la pintura veneciana, como los Entierros de Cristo de Tiziano, el gran Lavatorio de Tintoretto, o el Venus y Adonis de Paolo Veronese. Seguidamente, se podrán contemplar algunas de las piezas maestras de los artistas italianos del siglo XVII –Annibale Carraci (Venus, Adonis y Cupido), Orazio Gentileschi (Moisés salvado de las aguas) o Guido Reni (La Virgen de la silla).

En el centro de la Galería Central (Sala 27) se encuentra el corazón del museo, en el que Velázquez entronca con la tradición veneciana (en las salas anteriores) y con las obras de Rubens (en los próximos espacios). Aquí se enfrentan las obras de Velázquez colgadas en la sala basilical (Sala 12) -Las meninas, y sus retratos reales- con el principal retrato de Tiziano en el Prado, el Carlos V en la batalla de Mühlberg, flanqueado por dos retratos de Carlos V con un perro y Felipe II, evidenciando la deuda velazqueña con el retratista veneciano.

Posteriormente (Salas 28-29) se pasa a la pintura flamenca del siglo XVII, con la exposición de 31 pinturas de Rubens, desde los pequeños bocetos para la decoración de la Torre de la Parada, de pocos centímetros y expuestos en vitrina, hasta su mayor composición en el Prado, La Adoración de los Reyes Magos, de casi cuatro metros de largo, y, por supuesto, la obra más característica del maestro flamenco, la gran pintura sobre tabla de Las tres Gracias.

La colección de pinturas expuesta en la Galería Central se complementa con las esculturas tradicionalmente visibles en estos espacios y con el Tablero de mesa de Felipe II y la Mesa de don Rodrigo Calderón, sobre los leones de bronce adquiridos por Velázquez en su segundo viaje a Italia para la decoración del Álcazar.

 
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