Sala 12. De izq. a dcha. El cardenal-infante Fernando de Austria, Las Meninas y El príncipe Baltasar Carlos, cazador

Con la ampliación arquitectónica del Museo del Prado se asocia un proyecto de incorporación de nuevos espacios para la exhibición de la colección permanente, adecuación de los ya existentes y una nueva disposición de ésta. Este proceso se inició con la ubicación de la colección de esculturas de los Leoni en el claustro, continuó con la apertura de las salas dedicadas al siglo XIX, y su último episodio ha sido la reciente apertura al público de los espacios que acogen la pintura española de la Edad Media y el Renacimiento.

Dentro de ese proceso le ha tocado el turno a Velázquez, que seguirá siendo el eje que articulará la disposición de las colecciones de la planta principal del Museo. La intervención ha consistido principalmente en tres aspectos:

  • Adecuación de las salas a las nuevas necesidades técnicas y museográficas, y su redecoración. Ésta última ha consistido en la sustitución de los tres diferentes tipos de telas que existían en ese espacio por una pintura de un sólo tono, en cuya selección se ha buscado que potencie la extraordinaria variedad y riqueza de los valores cromáticos de la obra velazqueña.
  • Asignación de nuevos espacios. La sala 12 sigue siendo, como desde 1899, el lugar principal que acoge la obra de Velázquez, pero se añaden dos salas (10 y 11) en su zona septentrional, y una (27) en la occidental, mientras que la sala 16, que exponía los cuadros del Salón de Reinos, se dedica a otros usos. Con esta operación, la colección de Velázquez gana en superficie expositiva y se dispone en un espacio más adecuado a su variedad y características. Además, la expansión hacia el norte y hacia el oeste permitirá (cuando esté completada la reordenación) enlazar de una manera orgánica la pintura de Velázquez con el discurso sobre la tradición colorista veneciana y flamenca que articulará la galería central, y con el discurso sobre la pintura española del Siglo de Oro que se formará en las salas interiores, paralelas a ésta.
  • Las variaciones en las superficies asignadas a Velázquez conllevan un cambio en la disposición de sus obras, y en el discurso a través del cual se organizan. Se han combinado criterios cronológicos y temáticos, con la voluntad de que el visitante pueda conocer adecuadamente tanto el estilo que cultivó el artista en los sucesivos periodos de su carrera como la manera como se enfrentó a los diferentes repertorios narrativos. Las dos salas de carácter cronológico están dedicadas a su etapa naturalista y a su primer viaje a Italia, respectivamente; mientras que las iconográficas tienen como tema la religión, la mitología, los retratos de bufones y la pintura relacionada con la guerra, campos todos ellos en los que se mostró como un artista poderosamente original. La sala 12 se dedica a su producción como retratista de la familia real, que fue la actividad a la que se dedicó de forma preferente desde 1623 hasta su muerte en 1660.

En la disposición de las salas se ha puesto especial empeño en crear las mejores condiciones para la percepción, el disfrute y la comprensión de la obra de Velázquez, y se ha tratado de dar un tratamiento diferenciado a algunas de sus obras maestras. Así, La fragua de Vulcano o el Cristo crucificado se muestran aislados, presidiendo sendas salas; mientras que las Las lanzas se han situado en una sala cercana (sala 18a) dedicada al Salón de Reinos, junto a otras pinturas creadas originalmente para la decoración de este importante espacio palaciego. Un caso especial en este sentido es el de Las Hilanderas, obra maestra sobre la que se ha actuado en cuatro direcciones distintas:

  • Se ha ubicado en una sala dedicada a la pintura mitológica, que es el género al que pertenece.
  • Se ha hecho una instalación que oculta los importantes añadidos que se hicieron al lienzo durante el siglo XVIII y que alteraban profundamente la lectura formal de la composición, y, con ello, enmascaraban su contenido narrativo. En esa operación no se ha intervenido sobre la superficie pictórica: simplemente se ha creado una “ventana” por la que sólo asoma lo que pintó Velázquez.
  • Se ha colgado en la misma sala El rapto de Europa de Rubens, que copia una composición de Tiziano que también aparece al fondo del cuadro de Velázquez, y que es crucial para la comprensión del contenido de éste.
  • Se han instalado dos de las esculturas de carácter mitológico vinculadas al segundo viaje del pintor a Roma, al menos una de las cuales llegó a Madrid gracias a su intervención directa.
 
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