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Num. de catálogo
P07293
Autor
Zurbarán, Francisco de
Título
Agnus Dei
Cronología
1635 - 1640
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Medidas
37,3 cm x 62 cm
Escuela
Española
Tema
Religión
Expuesto
Si
Procedencia
Adquirido a la marquesa del Socorro, 1986.

Un fondo oscuro y una mesa gris es el escenario donde se expone el motivo único del cuadro: un cordero merino de entre ocho y doce meses de vida. Se encuentra todavía vivo, tumbado y con las patas ligadas con un cordel, en una actitud inequívocamente sacrificial, que curiosamente recuerda famosas imágenes de santos martirizados, como la conmovedora escultura de Santa Cecilia de Stefano Maderno en la basílica de Santa Cecilia en Roma. El pintor ha utilizado su inigualable capacidad para reproducir las texturas, una luz muy calculada y dirigida que crea amplios espacios de sombras y una técnica minuciosa, para concentrar la atención en el animal que parece asumir con mansedumbre su destino fatal.Esta pintura no es la única de tema similar que realizó Zurbarán, pues se conocen otras cinco versiones de su mano con algunas variantes iconográficas que testifican lo bien aceptada que fue esta representación por una clientela probablemente privada. Tres de esas versiones están fechadas en 1631, 1632 y 1639, respectivamente. El pintor y tratadista Antonio Palomino se hizo eco de la fama que había alcanzado ese tipo de obras cuando en 1724 escribió: Un aficionado tiene en Sevilla un borreguillo de mano de este artífice [Zurbarán], hecho por el natural, que dice lo estima, más que cien carneros vivos. La versión del Museo del Prado se considera la de mayor calidad, aquella en la que el pintor llegó a una síntesis más apurada entre maestría técnica, dominio descriptivo y concentración expresiva, y donde alcanzó una mayor sutileza emocional. Los historiadores están de acuerdo en fecharla en la cuarta década del siglo XVII, y la mayoría apuntan al período 1635-40, que constituye la época de plena madurez artística del pintor.Algunas de las versiones conocidas introducen elementos iconográficos que obligan a una interpretación en clave religiosa, como un nimbo alrededor de la cabeza o inscripciones alusivas al carácter sagrado del cordero. Otras, como ésta, carecen de semejantes atributos. Aunque a la luz de esa desnudez retórica se ha considerado una pintura de naturaleza muerta, la mayoría de los estudiosos la han interpretado, certeramente, como un Agnus Dei. Es verdad que en este caso no existen otros elementos aparte de la simple presencia de un cordero, pero la asociación entre este animal y el Hijo de Dios sacrificado -Cordero de Dios como se denomina a Cristo en el lenguaje litúrgico- estaba tan extendida, que resulta improbable que un español del siglo XVII fuera capaz de abstraerse de las connotaciones religiosas y contemplar esta imagen exclusivamente como un maravilloso alarde técnico o como una suculenta promesa culinaria.Las fórmulas de representación que ha utilizado Zurbarán, aislando artificiosamente un motivo y recreándose en la trascripción de su volumen y su textura, son típicas de la pintura de naturalezas muertas. Y es precisamente su condición de frontera la que determina la confluencia de los géneros de la pintura religiosa y la naturaleza muerta, otorgando a esta obra una gran importancia desde el punto de vista de la historia del bodegón, pues muestra hasta qué punto podían ser difusos los límites de los géneros.El lienzo, que tiene al dorso lacres con el escudo de Fernando VII, perteneció a los marqueses del Socorro hasta que en 1986 el Estado español lo adquirió con destino al Museo del Prado (Texto extractado de Portús, J. en: El Prado en el Ermitage, Museo Nacional del Prado, 2011, pp. 130-131).

 

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