Venus, Adonis y Cupido
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La Asunción de la Virgen , Hacia 1587 . Óleo sobre lienzo. 130 x 97 cm. Cat. P-75

Apoteosis de Santiago el Mayor (P-77)

San Diego de Alcalá recibe el hábito franciscano (P-2908)

Venus, Adonis y Cupido, Hacia 1590. Óleo sobre lienzo. 212 x 268 cm. Cat. P-2631

Según el relato de Ovidio (Metamorfosis, Libro X), el joven cazador Adonis, famoso por su belleza, se había internado en el bosque acompañado por sus perros en busca de alguna pieza que abatir con sus flechas. Allí se encontró con Venus, la diosa romana del Amor y la Belleza, que se hallaba en ese lugar jugando con su hijo Cupido. Esta, accidentalmente, resultó herida por una de las flechas de su hijo, sintiendo desde ese momento un amor apasionado por el joven mortal. La historia tuvo un trágico desenlace, ya que, a pesar de las advertencias de Venus, Adonis partió de caza tras un jabalí que le atacó causándole la muerte.

Cuando realizó esta obra hacia 1590, Carracci debía conocer las versiones sobre el mismo tema pintadas años antes por Tiziano y Veronés. El clasicismo y monumentalidad de las figuras remite a esculturas grecorromanas y a creaciones de Rafael y Miguel Ángel, mientras que el contraste de tonos oscuros y claros y el interés por el fondo de paisaje y la luz crepuscular revelan la influencia de Tiziano y la importancia del colorido propia de la escuela veneciana.

Asimismo destaca el tratamiento del cuerpo desnudo de Venus, que se incorpora ante la llegada de su futuro amante, y la relevancia que Carraci concede a los gestos y miradas de los protagonistas.

La Asunción de la Virgen, Hacia 1587. Óleo sobre lienzo. 130 x 97 cm. Cat. P-75

Después de su muerte, María es llevada al Cielo por unos ángeles en presencia de los apóstoles, dispuestos alrededor de un sepulcro de mármol. El ángulo de visión escogido, el intenso colorido y las actitudes de los apóstoles reflejan la influencia de la pintura veneciana, mientras que el sepulcro y, especialmente, la columnata corintia testimonian el interés del pintor por el mundo clásico y la tradición renacentista.

Frescos de la Iglesia de Santiago de los Españoles en Roma

En los últimos años de su carrera, Annibale Carracci recibió el encargo de ejecutar un importante conjunto de pinturas murales para decorar la capilla de San Diego de Alcalá, en la iglesia romana de Santiago de los Españoles, fundada por don Diego de Herrera. Carracci realizó los bocetos previos, pero en la ejecución de las pinturas fue ayudado por sus discípulos Albani, Badalocchio y Lanfranco. Arrancadas y pasadas a lienzo en el siglo XIX a instancias del escultor Antonio Solá con el apoyo económico de Fernando VII, nueve de las pinturas se conservan en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona, y siete en el Museo del Prado: tres ovaladas que representan apoteosis de santos -San Francisco (P-76), Santiago el Mayor (P-77) y San Lorenzo (P-78)- y cuatro de formato trapezoidal con escenas dedicadas a San Diego de Alcalá, titular de la capilla (P-2798, P-2908, P2909 y P-2910).

 
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