Episodio de la batalla de las Navas de Tolosa (?). Lápiz sobre papel. 120 x 195 mm. [D-2403]

Campo de batalla con un guerrero a caballo. Lápiz sobre papel. 198 x 261 mm [D-6505]

Escena de batalla. Lápiz sobre papel. 180 x 260 mm. [D-6504]

En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1858 un cuadro titulado Batalla de las Navas de Tolosa llamó la atención del público y del jurado del certamen, y fue adquirido por el Gobierno. Su autor resultó ser un joven pintor de apenas 13 años, Ricardo Balaca y Orejas-Canseco, hijo del discreto pintor José Balaca. Estudió en la Academia de San Fernando con Federico de Madrazo y, además de realizar cuadros costumbristas, paisajes y retratos, se especializó en escenas bélicas, varias de las cuales se conservan en el Prado: La batalla de Almansa [P-4189, depositada en el Congreso de los Diputados], Episodio de la batalla de Bailén [P-1864, depositada en el Ministerio de Justicia] y Santa Cruz sobre las aguas [P-7848, depositada en el Museo de Jaén]. Su pintura se encuadra en la fase final del romanticismo, cercana ya al eclecticismo de la segunda mitad de siglo XIX. Falleció en 1880, con apenas treinta y cinco años.

El Museo del Prado conserva también varios dibujos suyos, que pueden ser considerados como estudios para una composición pictórica más compleja dedicada a la batalla de las Navas de Tolosa.

El primero de ellos [D-2403], adquirido en 1912 a Cristina Balaca., muestra, en el centro, a un caballero montado sobre un brioso corcel y enarbolando un pendón en alto; junto a él un soldado a pie, con la espada en la mano derecha, que parece haber desmontado del caballo que aparece tras él. A sus pies varios cadáveres, más jinetes llegando por la derecha y en el lado izquierdo una especie de gran trono sobre andas caído en el suelo, en clara referencia al trono del califa almohade. Probablemente el jinete sea don Alvar Núñez de Lara, que según las crónicas castellanas fue el primero que, enarbolando el pendón de Castilla, consiguió entrar en el palenque del Miramamolín tras superar la barrera humana formada por sus soldados-esclavos encadenados. Este episodio también fue representado por Marceliano Santamaría en su famoso lienzo titulado El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa [Museo Marceliano Santamaría, Burgos], posiblemente la imagen más conocida de esta épica batalla que cambió el curso de la Reconquista. Otras crónicas, en cambio, dicen que el primero en entrar en el recinto donde se encontraba el califa almohade fue el rey navarro Sancho VII el Fuerte, que a raíz de ese hecho incorporó las citadas cadenas a su escudo.

El segundo dibujo [D-6505], que fue adquirido en 1894 a Teresa Vergara, viuda del pintor, es muy similar al primero, con los mismos elementos y disposición: jinete con pendón y soldado a pie en el centro, cadáveres en primer plano, soldados que llegan por la derecha y trono o silla sobre andas en el lado izquierdo.

El tercer dibujo [D-6504], también adquirido en 1894 a la viuda del pintor, muestra a un jinete alanceando a una figura semidesnuda que cae encima de otra similar, semiarrodillada y al parecer también herida. En primer plano otra figura moribunda y varios cadáveres, algunos de los cuales parecen tener grilletes, mientras que al fondo dos parejas de soldados a pie se enfrentan con lanzas y espadas. Por todo ello, planteamos que la escena representada podría ser la toma del palenque del Miramamolín y la muerte de su guardia personal.

 
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