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Angulo Íñiguez, Diego (Valverde del Camino, Huelva, 1901-Sevilla, 1986). Director del Museo del Prado de 1968 a 1970. Formado en Sevilla con Francisco Murillo, y doctorado en Madrid con Gómez Moreno y Elías Tormo, estudió también en Berlín, interesándose por las artes decorativas e iniciando una tesis sobre La orfebrería sevillana que concluyó en Madrid en 1923. Pero su curiosidad y su afán de saber le hicieron visitar todos los museos que pudo e interesarse igualmente por los primitivos flamencos y su huella en España. A su regreso, en 1922, se le brinda la oportunidad de incorporarse al Museo del Prado como miembro de la «Comisión Catalogadora» que el Patronato había instituido para la actualización del catálogo de Madrazo. Se inicia entonces su labor al servicio del Museo, continuada a lo largo de toda su vida, a través de muy distintos puestos y en muy diversas ocasiones. A la vez mantiene su vinculación, a través de Tormo y de Gómez Moreno al Centro de Estudios Históricos que, en 1925, creará la revista Archivo Español de Arte donde Angulo dejará sus primeros artículos de investigación y a la que permanecerá ligado hasta el fin de sus días. En 1925, gana las oposiciones a la cátedra de Teoría de la Literatura y las Bellas Artes de la Universidad de Granada, que había quedado vacante al pedir la excedencia Sánchez Cantón, nombrado subdirector del Prado. La incorporación a la Universidad de Granada y la práctica docente descubren en él una vocación y unas condiciones para la enseñanza que hubo de dar sus frutos posteriormente. La creación de una cátedra de Arte Hispano Colonial en Sevilla con ocasión de los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929, hizo que, por sugerencia de Tormo, se encargara Angulo de ella, pasando a Sevilla, donde desarrolla una importante labor organizativa y editorial. Estos años previos a la Guerra Civil son de intensa actividad viajera, Francia, Bélgica, Holanda, Suecia, Italia, Marruecos, y, en 1934, México y Estados Unidos. México especialmente fue fecundo en trabajos, obteniendo miles de fotografías y comprando multitud de libros que enriquecieron el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla y le permitieron, años más tarde, abordar una de sus obras mejores: La Historia del Arte Hispanoamericano en colaboración con otros profesores. La Guerra Civil supuso un paréntesis en su actividad, pero no en su preocupación por el patrimonio artístico español, pues estuvo muchos meses colaborando en el Servicio de Recuperación de la Junta del Tesoro Artístico del Gobierno republicano. Tras la guerra, y su «depuración» como catedrático, obtiene por concurso la cátedra de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad Central, que será ya la definitiva hasta su jubilación y en la que dejará honda huella y muchísimos discípulos, preocupados por formar especialistas en campos nada cultivados entre ­nosotros, como la indumentaria, la ­orfebrería o la pintura barroca italiana, los primitivos flamencos, la pintura francesa y la barroca flamenca. Desde 1941 formó parte del Patronato del Museo del Prado y entre 1942 y 1946 fue conservador adjunto a la Dirección, ocupándose del estudio de la colección de Alhajas del Delfín, cuyo catálogo apareció en 1944. Desde 1941 fue secretario del Instituto Diego ­Velázquez del CSIC y llevó muy directamente la revista Archivo Español de Arte, de la que fue director efectivo desde 1949 hasta su jubilación en 1972, asumiendo también la dirección del Instituto en 1953. La labor realizada en el centro es enorme: la biblioteca y la revista, decana de las españolas, constituyen un instrumento fundamental para cuantos se ocupan de la historia del arte español. Estos años fueron los de su mayor actividad, publicando monografías de artistas (Pedro de Campaña, Juan de Borgoña, Alejo Fernández, José Antolínez), la monumental Historia del Arte Hispanoamericano, manuales como la Historia del Arte que ha sido utilizada por generaciones de estudiantes, e iniciando proyectos de amplio porte como una Historia de la pintura española del siglo XVII o su Corpus del Dibujo Español, publicado en Londres, contando en ambos con la colaboración de Alfonso E. Pérez Sánchez. Académico de la Historia desde 1942 y de ­Bellas Artes desde 1954, trabajador infatigable, son innegables los artícu­los en la prensa especializada, tanto en España (principalmente en Archivo Español de Arte) como en el extranjero. Miembro desde 1941 del Patronato del Museo del Prado, fue elegido vicepresidente en 1963, y el 15 de agosto de 1968 director del Museo, coincidiendo con una reorganización del Patronato. Angulo, personalidad bien conocida, con amplio prestigio en la vida universitaria, aceptó el encargo con la decidida voluntad de renovar la adormecida vida de la institución. Las dificultades burocráticas y las presiones políticas le obligaron a dimitir en 1971 antes de cumplirse los tres años de su dirección, alegando, diplomáticamente, razones de salud, pero respondiendo fundamentalmente a la desafortunada creación y actuación del Patronato Nacional de Museos que absorbía el Patronato del Prado, suprimía su autonomía, y dificultaba, ahogándola, la vida del Museo. No obstante, en esos escasos tres años se realizó una importante actividad encaminada especialmente a dotar al Museo de una eficacia educativa. Se organizaron una serie de depósitos temporales en ciudades universitarias, que presentaron una reducida muestra de los distintos estilos y escuelas. Se multiplicaron las conferencias populares sábados y domingos, creadas por él desde el Patronato años antes; se reorganizaron las colecciones con sentido de lógica histórica y cronológica, poniendo en valor conjuntos antes poco valorados como los lienzos rubensianos de la Torre de la Parada y se organizaron exposiciones didácticas como la dedi­cada al centenario de Pieter Bruegel o a los grabados de Goya junto a sus dibujos preparatorios aprovechando la donación de Tomás Harris, que ofreció al Prado las series grabadas. A su iniciativa se debió, para conmemorar los ciento cincuenta años de la inauguración del Prado, la exposición de la Pintura italiana del siglo XVII, celebrada en el Casón del Buen Retiro. También se presentó una exposición dedicada a las adquisiciones de los últimos diez años por compra, donación o legado. En esos tres años se adquirieron obras importantes como el Retrato ecuestre del duque de Lerma, de ­Rubens, La Gloria, de Mattia Preti, el Bodegón, de Yepes, o el Retrato, de Jan Mostaert. Entre los donativos destacan los dos Floreros, de Arellano, de la condesa de los Moriles, la tabla de San Cristóbal de José Luis Várez Fisa, y los Desposorios, de Morazzone y otros varios. En la última etapa de su actividad profesional se dedicó por entero a la Academia de la Historia, que le eligió director en 1976, realizando importantes mejoras, y a la culminación de su monografía de Murillo, publicada en 1980, no dejando de asistir a las reuniones del Patronato del Museo.

Alfonso E. Pérez Sánchez

Bibliografía

  • Angulo, Diego, Estudios completos sobre Velázquez, Madrid, Centro de Estudios de Europa Hispánica, 2007.
  • Mateo Gómez, Isabel (coord.), Diego Angulo Íñiguez, historiador del arte, Madrid, CSIC, 2001.
  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Diego Angulo Íñiguez, Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1986.
 
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