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Aranjuez, Palacio Real de. Este real sitio, que ofrecía las mayores ventajas para que los reyes pasaran temporadas en primavera, había sido incorporado a la Corona por la reina Isabel I, pero su definición como «villa» regia se debe al emperador y a Felipe II, quien determinó la construcción de un nuevo palacio real y su correspondiente casa de oficios según proyecto de Juan Bautista de Toledo, continuado por Juan de Herrera. En el siglo XVI solo llegó a realizarse la mitad meridional del palacio, y a partir de 1715 siguió la obra hasta su conclusión en 1743 por orden de Felipe V, quien consagró la práctica de pasar allí toda la estación de abril a junio, mantenida por sus hijos y nietos hasta el destronamiento de Isabel II. Fernando VI, que alargaba las «jornadas» allí puesto que no iba a La Granja, gustaba mucho de este sitio donde mandó hacer importantes obras, como la urbanización del pueblo, proseguida por Carlos III. Carlos IV también prolongaba sus estancias allí a costa de su presencia en Madrid. El uso del palacio durante una estación cálida determinó que no se utilizasen en su decoración tapices -salvo en un caso concreto bajo Fernando VI-, sino solo pinturas, que tampoco fueron de gran importancia hasta Carlos IV. Es característico de la austeridad de Felipe II en sus últimos años que, acabado el palacio en su mitad en 1580, no encargase decoración significativa alguna, salvo el gran cuadro de la Anunciación, por Tiziano (perdido) en la capilla. Felipe IV no aportó obras pictóricas, pero mandó traer en 1622 todas las escultóricas de la colección de su abuelo hasta entonces en el Alcázar madrileño, incluyendo El emperador Carlos V y el Furor y muchas otras de Leone y Pompeo Leoni, que fueron trasladadas al Buen Retiro una década más tarde. A Carlos II se debe la principal decoración pictórica de este palacio bajo los Austrias, pues encargó dos ciclos para su «cuarto»: a Giordano no menos de veintitrés cuadros que adornaban la cámara del rey y su despacho; y para la galería del rey, contigua a ellos, un ciclo de treinta y tres paisajes que en su mayor parte incorporaban escenas mitológicas, debido a Juan Bautista del Mazo y a su discípulo Benito Manuel Agüero. Entre los del primero había vistas como La calle de la Reina, en Aranjuez, o imágenes realistas como el Jardín palatino, así como paisajes mitológicos como Paisaje con Mercurio y Herse; a este último género pertenecían los de Agüero [P890-P899]. El conjunto de esta serie, cuya iconografía ha sido estudiada por Rosa López Torrijos, constituye el más importante ciclo pictórico profano realizado por pintores españoles para el último monarca de la Casa de Austria. La galería, que ocupaba casi toda la crujía meridional en el piso alto del palacio, con balcones sobre el jardín del rey, fue dividida en habitaciones más pequeñas por orden de Felipe V, pues durante sus primeras visitas al sitio no le bastaba lo construido del palacio para albergar a toda su familia, pero los paisajes y los Giordano permanecieron en el palacio. Pese a la regularidad de la «jornada» anual en primavera y a la ampliación del edificio, ninguna incorporación significativa puede reseñarse durante este reinado salvo la probable traída de algunos cuadros del palacio del Buen Retiro. Fernando VI, cuyas brillantes fiestas en este sitio se reflejan en dos cuadros de Battaglioli, encargó a su pintor de cámara Jacopo Amigoni la decoración integral de la pieza de conversación; el artista decoró la bóveda al fresco, terminó las sobrepuertas -que continúan in situ- y emprendió la serie de lienzos con la historia de José que debían cubrir las paredes, pero de ellos solo terminó dos [P5260 y P5261] que fueron relegados porque su sucesor en el puesto, Corrado Giaquinto, decidió o se le encomendó realizarlos de nuevo para mantener la coherencia estilística entre las escenas del conjunto, que permanece in situ. La descripción de Ponz (i, v, 57-60, pp. 252-255), donde destaca los sempiternos cuadros de Giordano y Mazo, revela que Carlos III solo aportó una novedad: «Otra sala, que es donde se viste el Rey, se acaba de adornar de muy buen gusto. Se han colocado en ella los retratos [por Mengs] del Gran Duque [P2198], y Gran Duquesa de Toscana [P2199], y de sus cuatro hijos [P2191-P2193]». El tono de nostalgia italiana de ese cuarto se completaba mediante las efigies de los reyes de las Dos Sicilias, por Bonito, y el Vesubio en erupción, por Joli. Otra aportación de este reinado fue la nueva real capilla en el palacio, de cuyos frescos por Bayeu guarda algunos bocetos el Prado. El amable y atrayente tono de la vida cortesana en el sitio está plasmado en cuadros de primer orden como Las parejas reales, de Paret, que se conservaba en el mismo palacio y cuyo contenido fue narrado con todo detalle por Álvarez de Quindós; según Sambricio también está ambientada aquí Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez, por Antonio Carnicero, y entre los anónimos de gran interés documental es preciso destacar los que representan al príncipe Carlos en su jardín y ante su flotilla (depositados en Salamanca y Valladolid, respectivamente). La afición que Carlos IV sentía por Aranjuez se manifestó en las grandes obras que realizó en sus jardines y en la Casa del Labrador, pero asimismo en la decoración pictórica del palacio, a costa de La Granja, pues hizo traer de allí cuatrocientos de los mejores cuadros con que Felipe V e Isabel de Farnesio habían alhajado ese real sitio. Vinieron los más escogidos dentro de cada escuela, como manifiesta la enumeración de los principales. De la italiana, La Santa Faz, por Amigoni; La Adoración de los Magos y La Última Cena, por Francesco Bassano; Diógenes buscando a un hombre, por Castiglione; La Verónica, por Strozzi; El arzobispo Pedro, que se atribuía a Tintoretto; Batalla, por Falcone; Paisaje, por Du­ghet, antes considerado de Lemaire; y de Poussin, El triunfo de David y El Parnaso. De la escuela flamenca, Alsloot, Mascarada patinando, muchísimos de Teniers II, y en especial los episodios de la Jerusalén libertada [P1825-P1836], Paul de Vos, Despensa, Jordaens, Meleagro y Atalanta y La familia del pintor. Nutridísimo fue el contingente holandés, aunque destacan el retrato de El orfebre de Augsburgo, Jörg Zörer (?) y La esposa de Jörg Zörer (?), por Amberger, los paisajes por Boudewijns [P1371-P1379], Las ciencias y las artes, por Stalbent y los de Wouwerman [P2145-P2153]. Por último, de los cuadros españoles existentes en La Granja se trajeron La vocación de san Mateo, por Pareja, y sobre todo varios de Murillo: Sagrada Familia del pajarito, El Buen Pastor, San Juan Bautista niño, Los niños de la concha, Cristo crucificado, Santa Ana y la Virgen, La Anunciación y La Inmaculada Concepción. No satisfecho con la colección de sus abuelos, Carlos IV trajo algunas obras de las que tenía en su casa de El Escorial desde que era príncipe -incluyendo los cuarenta y cuatro bodegones de Luis Meléndez-, y además adquirió muchos otros, en especial de maestros nórdicos como Breenbergh (El obispo Rovenius bendiciendo a una familia (¿de Jacob van Wassenaer?)), Broeck (Sagrada Familia), Gabriel Metsu (Gallo muerto), Ostade (Concierto rústico con flauta y violín; Cocina aldeana y Concierto rústico), o Steenwijck (Emblema de la muerte), junto con italianos clásicos como Ludovico Carracci (El jubileo de la Porciúncula) y Cavedone (La Adoración de los pastores). Considerable fue también la incorporación de pinturas españolas como Ecce-Homo, Melquisedec, rey de Salem y El sumo sacerdote Aarón, por Juan de Juanes; La Inmaculada Concepción de Aranjuez, por Murillo -que no estaba en el palacio, sino en la capilla de San Antonio-, así como Cristo muerto sostenido por dos ángeles y San Francisco confortado por un ángel músico, por Ribalta. De este modo, trescientos ochenta y siete de los quinientos treinta y siete cuadros que contenía el palacio de Aranjuez, según el inventario de 1794, proce­dían de San Ildefonso, y se distinguían porque llevaban el número de inventario que tenían allí. Los artistas que dominaban en cada sala eran: Mazo y Teniers en el cuarto del rey y sala de guardias; Fyt, Boel y Snyders en la pieza de cubierto; Berghem y Fyt en la antecámara; Wouwerman, Van Dyck, Tiziano, Teniers, Bloemaert, Dughet, Bassano, Ribera, Borgognone y Viviani en la pieza de cenar; Teniers, Claudio de Lorena, Neefs, Meulener, Arthois, Pareja, Roelas, Jordaens y Mengs en la pieza de gentileshombres; Poelenburch, Reni y Rubens en el oratorio pequeño; Wouwerman, Boudewijns, Teniers, Brueghel, Bril, Veronés, Ribera y Mengs en la pie­za en que el rey duerme la siesta; Teniers, Rubens, Watteau, Momper, Wouwerman, Reni, Mirou, Arthois, Boudewijns, Willaerts, Falcone y Rubens en el gabinete contiguo a los retretes; Van Dyck, Tintoretto, Arthois, Hondet, Snayers, Poussin y Mengs en la pieza de trucos; Teniers y Mazo en la pieza del cubierto de la reina; Caballero Máximo en la pieza de damas; Bout y Boudewijns en la pieza de la meridiana; Murillo en la escuela de las señoras infantas; Veronés, Murillo, Teniers, Artemisa Gentileschi y Domenichino en la pieza en que está el oratorio; Corrado y Amigoni en la pieza de comer de los reyes (es la de conversación de Fernando VI). Tiziano, Roelas, Miel, Rubens, Reni, Carracci, Gerrit Dow, Neefs, Arellano, Guercino, Murillo y Albani en la pieza de tocador, y Domenichino, Jacques Stella, Jordaens, Parmigianino, Sarto, Murillo, Durero, Reni, Carducho y Mengs en el dormitorio de los reyes. Aunque algunos cuadros -en especial holandeses- fueron trasladados a Madrid o se perdieron durante la Guerra de la Independencia, este estado de cosas se mantuvo hasta el masivo envío de cuadros al Museo por Fernando VII en la década de 1820.

José Luis Sancho

Bibliografía

  • Aleas, Manuel de, Representación que hace al Rey nuestro Señor D. Fernando Séptimo, sobre la conservación y restauración del Real Sitio de Aranjuez [...] con una descripción de sus jardines, fuentes, estatuas, palacio, Casa del Labrador y preciosidades que hay en él, Madrid, Oficina de don Francisco Martínez Dávila, 1824.
  • Álvarez de Quindós y Baena, Juan Antonio, Descripción histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez, Madrid, Imprenta Real, 1804.
  • Nard, Francisco, Guía de Aranjuez. Su historia y descripción [...], Madrid, Imprenta de la Viuda de D. R. J. Domínguez, 1851.
  • Tormo y Monzó, Elías, Aranjuez, «Cartillas Excursionistas Tormo», Madrid, Hauser y Menet, 1929, n.º vi.
 
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