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Autorretrato [Tiziano]
1565-1570, óleo sobre lienzo, 86 x 65 cm [P407].
Una de las cuestiones todavía no resueltas por la historiografía tizianesca es la de la fecha de su nacimiento sobre la que tanto el artista en alguna de sus cartas a Felipe II (llenas de alusiones a su vejez y al cansancio y el esfuerzo que suponen sus últimos envíos de pinturas), como sus primeros biógrafos (Ludovico Dolce, 1557; Giorgio Vasari, 1568) nos proporcionan datos contradictorios. Hoy día se acepta que fue hacia el año 1488 cuando nació; sin embargo, sabemos con precisión la fecha de su muerte, acaecida en Venecia el 27 de agosto de 1576. Resulta claro que uno de los componentes esenciales de la leyenda tizianesca es el tema de su longevidad, como decimos, propiciado por el propio pintor y su círculo de amigos más cercano. Es en este contexto en el que ha de entenderse este Autorretrato del Museo del Prado, el último y, sin duda, el más conmovedor de los realizados por Tiziano Vecellio. No era la primera vez que se había autorretratado, ya que uno de los aspectos más característicos del pintor era el de insertar su rostro en composiciones de los más variados temas, desde la cabeza cortada de san Juan en su juvenil Salomé (Galleria ­Doria, Roma) hasta el Midas del ­Desollamiento de Marsias, una de sus últimas obras (Museo Estatal de Kromeriz, República Checa). En otras ocasiones, sin embargo, se había autorretratado de manera individual, como es el caso de su Autorretrato (Gemäldegalerie, Berlín). Todo ello sin olvidar que la famosa Alegoría de la Prudencia (National Gallery, Londres) nos presenta a un Tiziano de perfil mirando hacia el pasado sobre la figura de un lobo, en una imagen de tipo emblemático no muy frecuente en su producción cuyo origen remoto podemos establecer en los escritos de Macrobio, y cuya fuente más cercana a Tiziano está en L'idea del Teatro de Giulio Camilo, publicada en 1552. Es obvio, por tanto, el interés de Tiziano en indagar acerca de su propia individualidad, tanto personal como propiamente artística. Y si en el retrato mencionado de Berlín se presenta como un artista cortesano orgulloso de su condición, precisando los rasgos de su cara, perfectamente definida, y mostrando con potentes manchas de color tanto la riqueza de sus vestidos como la de la cadena de oro, regalo de Carlos V como reconocimiento de su condición de caballero, en el Autorretrato del Museo del Prado trata de mostrar, sobre todo, su condición de artista pintor por encima de cualquier otro rasgo. Efigiado de riguroso perfil, una disposición no muy corriente ya en la época en que realizó la obra, carente casi completamente de color, esta imagen enfatiza fundamentalmente el rostro avejentado del artista y su barba canosa, el brillo (mucho menos ostentoso ahora que en el retrato de Berlín) de la cadena de oro, y la mano derecha portando el pincel. Se trata, como es obvio, de enfatizar no tanto los aspectos brillantes y exteriores de un artista que ha servido a los príncipes más poderosos de su tiempo, sino de crear una imagen deliberadamente introspectiva y austera de un pintor enfrentado únicamente con lo más intelectual de su actividad, de la que, lógicamente, se siente orgulloso. La intensidad de la mirada y la dignidad de un rostro por el que han pasado ya la mayor parte de los avatares de la vida, el orgullo, ya discreto, de la nobleza conseguida a través de la práctica de la pintura, representada por la presencia del pincel, y la referencia a esta misma práctica son los tres elementos protagonistas de esta obra tardía. Aunque Vasari menciona la existencia de un autorretrato del artista en su visita a Venecia en 1566, diciendo que lo había realizado cuatro años antes, es difícil que se trate de esta obra del Prado, que ha de datarse ya en los años setenta del siglo XVI. Es interesante, y significativo, saber que la pintura estaba en posesión de ­Rubens, el gran admirador de Tiziano en el siglo XVII, en cuya almoneda fue adquirida por Felipe IV. La obra es ­citada en los inventarios del Real ­Alcázar desde 1666. Ingresó en el Museo del Prado en 1821.

Fernando Checa Cremades

Bibliografía

  • Beroqui, Pedro, Tiziano en el Museo del Prado, Madrid, Hauser y Menet, 1946.
  • Freedman, L., Titian's Independent Self-Portraits, Florencia, Leo S. Olschki, 1990.
  • Wethey, Harold Edwin, The Paintings of Titian. The Portraits, Londres, Phaidon Press, 1971, t. II.
Autorretrato [Tiziano]
Lupa
Autorretrato [Tiziano]
 
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