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Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) [exposición 1982]
8 de octubre-12 de diciembre.
Comisarios: Manuela B. Mena Marqués y ­Norman Rosenthal.
Obras: 101.
Catálogo: Federico Sopeña, «Introducción», pp. 15-20; John Elliott, «Arte y decadencia en la España del siglo XVII», pp. 21-40; Antonio Domínguez Ortiz, «La Sevilla de Murillo», pp. 41-54; Diego Angulo Íñiguez, «Murillo: su vida y su obra», pp. 55-75; Manuela B. Mena Marqués, «Murillo dibujante», pp. 77-90; Enrique Valdivieso González, «La influencia de Murillo en la pintura sevillana», pp. 91-100; Ellis Waterhouse, «Murillo y la pintura europea del si­glo XVIII», pp. 101-104.
La oscilación de la fama de Murillo ­había sido muy contrastada desde la se­gunda mitad del siglo XIX en la que fue considerado como uno de los artistas más importantes de la historia hasta la primera mitad del siglo XX, en que su reputación descendió notablemente a causa de una crítica ­rigurosa que le imputaba ser un pintor almibarado y relamido. Los sucesivos trabajos realizados por Diego Angulo sobre este artista a partir de 1950, culminaron con la publicación en 1981 de su monumental trabajo Murillo, su vida, su arte, su obra, en tres volúmenes, que vino a colocar a este artista en su justo punto, señalando que fue un extraordinario dibujante, un magnífico colorista y un perfecto intérprete en sus pinturas de las circunstancias sociales y religiosas que se produjeron en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVII. La conmemoración del tercer centenario de la muerte del artista era una magnífica ocasión para revindicar su talento mostrando una selección de sus mejores obras, primero en el ­Prado y después en la Royal Academy of Arts de Londres. Los comisarios de la exposición realizaron una apurada selección de obras que recorrían la trayectoria artística de Murillo desde su primera juventud hasta su época postrera. Para exponer dignamente el conjunto pictórico, numerosas obras, más de veinte, pasaron por el taller de restauración del Museo del Prado, procedentes del mismo y también del Museo de Bellas Artes de Sevilla y del palacio arzobispal de esta ciudad. En el catálogo se recogían setenta y siete pinturas y veinticuatro dibujos, siendo redactadas las fichas del mismo por Manuela B. Mena y Enrique Valdivieso González. En dicho catálogo aparecía también una introducción del entonces director del Museo, Federico Sopeña, seguida de varios estudios sobre la situación política, social y religiosa de España en el si­glo XVII, sobre el propio artista como pintor y dibujante y sobre la influencia que ejerció en la pintura sevillana. La exposición permitía contemplar perfectamente al Murillo juvenil influenciado por su maestro Juan del Castillo, pasándose después a la época de madurez del artista, en la que configura un estilo propio que le permite realizar espléndidos conjuntos de pintura religiosa y retratos. Especial interés presentaba la reconstrucción de algunas series del artista dispersas por circunstancias de expolio o de venta, ­como la de Santa María la Blanca, los Capuchinos y el Hospital de la Caridad, todas de la ciudad de Sevilla. En suma, la celebración del tercer centenario de Murillo fue debidamente subrayada con una digna exposición que revindicó perfectamente ­ante el público contemporáneo la calidad técnica y la trascendencia espiritual de este gran artista sevillano.

Enrique Valdivieso González

 
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