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Caravaggio [exposición 1999]
21 de septiembre-21 de noviembre.
Comisarios: Claudio Strinati y Rosella Vodret.
Obras: 19.
Catálogo: Claudio Strinati, «Apuntes biográficos», pp. 3-9; Maurizio Calvesi, «Sobre algunas pinturas de Caravaggio: La buenaventura, el San Francisco de Hartford, el David y Goliat de la Borghese y las dos Natividades sicilianas», pp. 10-17; Silvia Danesi Squarzina, «Pintura y representación: Caravaggio, ­valiente imitador del natural», pp. 18-28; Maurizio Marini, «Caravaggio y España: momentos de Historia y de Pintura entre la Naturaleza y la Fe», pp. 29-48; Vicenzo Pacelli, «Reconside­raciones sobre las vicisitudes artísticas y biográficas del último Caravaggio», pp. 49-62; Alessandro Zuccari, «Caravaggio, sus comitentes y el culto lauretano», pp. 63-73; Rosella Vodret, «Judith cortando la cabeza de Holofernes, datos sobre la restauración», pp. 74-77; Carlo Giantomassi y Donatella Zari, «Informe sobre el estado de conservación y la última restauración de Judith cortando la cabeza de Holofernes (mayo-septiembre de 1999)», pp. 78-82.
La celebración de esta exposición estuvo enmarcada dentro del proyecto de colaboración entre los ­Ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores de Italia y España, «Italia-­España 2000», destinado a organizar en los dos países una serie de manifestaciones artísticas que ampliaran el conocimiento de sus respectivos patrimonios culturales. La exposición de la obra de Caravaggio en el Museo del Prado, junto con la exposición de la obra de Goya en el Palacio Barberini de Roma, celebrada al año siguiente, fueron los actos centrales del citado acuerdo cultural. En esta exposición, organizada por la Soprintendenza per i Beni Artistici e Storici de Roma en colaboración con el Museo del Prado y el Museo de Bellas Artes de Bilbao, se mostraron diecinueve obras maestras del artista italiano, un número considerable si se tiene en cuenta que se trata de un pintor cuyas pinturas conocidas apenas llegan a sesenta. Las pinturas, procedentes de museos y colecciones de Estados Unidos, Francia, Italia y España, fueron seleccionadas por Rosella Vodret, directora de la Galleria del Palazzo Barberini de Roma. La muestra vino a poner término a una larga ausencia de Caravaggio de España y constituyó la primera exposición monográfica del pintor celebrada en este país. Habían visitado España obras de Caravaggio integradas en exposiciones internacionales, junto a trabajos de otros autores, pero faltaba una visión de conjunto que acercase el público español a la obra de un pintor de gran influencia en la pintura barroca española. Fue, por tanto, una exposición muy adecuada para el Museo del Prado, por cuanto este país fue uno de los principales focos de expansión del caravaggismo, y adquirió mayor pertinencia al celebrarse en el año que se cumplía el IV centenario del nacimiento de Velázquez, pintor muy influenciado por Caravaggio en su etapa sevillana. Hay que indicar, además, que pese a la gran influencia del italiano en España, sus obras en colecciones españolas son pocas, dispersas y, en ocasiones, poco accesibles, por lo que uno de los grandes logros y aciertos de esta exposición fue mostrar la casi totalidad de la obra de Caravaggio conservada en España. Esta exposición documentó principalmente los años de juventud y primera madurez del pintor, momento en que crea una nueva manera que tuvo rápida difusión por Europa. De su primera etapa se mostraron obras fundamentales como Los músicos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York y La buenaventura de la Pinacoteca Capitolina de Roma, primeros ejemplos de la inclusión de varias figuras en sus cuadros. De la primera producción de carácter religioso y mitológico se exhibieron obras como Santa Catalina del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid; Narciso de la Galleria Nazionale d'Arte Antica de Roma, incorporado poco antes de la exposición al catálogo de Caravaggio y que ya visitó el Museo del Prado en 1997 en la exposición Los cinco sentidos y el arte; Sacrificio de Isaac de la colección Barbara ­Piasecka; o San Juan Bautista de la catedral primada de Toledo. La obra Judith cortando la cabeza a Holofernes marca el inicio de sus grandes cuadros de historia bíblica y se expuso por primera vez al público tras su restauración, realizada en 1999. Otras obras, como la Virgen de los Palafreneros de la Galleria Borghese de Roma, también habían sido restauradas en fechas cercanas a la de la exposición. De su etapa final merece destacarse Salomé con la cabeza del Bautista, del Palacio Real de Madrid, y David y Goliat de la Galleria Borghese de Roma.

A. P.

 
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