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Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo (1650-1700) [exposición 1986]
24 de enero-marzo.
Comisario: Alfonso E. Pérez Sánchez.
Obras: 172.
Catálogo: Alfonso E. Pérez Sánchez, «Introducción», pp. 13-16, «Juan Carreño de Miranda», pp. 18-55, «Francisco Rizi», pp. 57-90, «Francisco de Herrera el Mozo», pp. 91-101, y «Los contemporáneos», pp. 103-107.
En 1985 se cumplieron los trescientos años de la muerte de los tres pintores más representativos del gran ­barroco madrileño y el Museo del Prado organizó, para conmemorarlos en los meses de enero a marzo de 1986, una exposición preparada y dirigida por el entonces director Alfonso E. Pérez Sánchez, que se ocupó por entero del catálogo. Se reunieron en el Palacio de Villahermosa, recién adscrito al Prado, ciento setenta y dos pinturas que ofrecieron un panorama muy completo de la pintura madrileña desde 1650 hasta 1700. Como es de suponer se concedió especial relevancia a los tres artistas conmemorados. De Carreño se exhibieron sesenta y cinco lienzos que mostraban casi al completo su actividad de pintor religioso y de retratista cortesano; de Francisco Rizi, treinta y tres que por vez primera hicieron patente su papel protagonista en el triunfo del barroco pleno, aunque, como es lógico, no pudieron exhibirse los grandes lienzos que presiden sus retablos monumentales, ampliamente estudiados en el catálogo; y de Francisco de Herrera el Mozo, trece, pues su producción conservada es bien escasa, ­pero se pudieron presentar al público algunas piezas singulares, hasta entonces desconocidas, como los lienzos del retablo de Aldea Vieja de Ávila, de notable belleza, que fueron restaurados en el taller del Prado con espléndido resultado. La exposición se completaba con obras representativas de casi todos los artistas que en Madrid trabajaron en esos años, desde los que mantuvieron una cierta independencia respecto a esos maestros como ­Camilo, Herrera Barnuevo o Solís, hasta los que se declaraban discípulos de ellos: Antolínez, Escalante y González de la Vega, de Rizi; Cerezo, Cabezalero o Jiménez Donoso, de Carreño; Matías de Torres, de Herrera. La exposición concluía con obras de Claudio Coello y Palomino, así como de otros artistas escasamente conocidos o anónimos. La intención, bien patente, fue aprovechar la ocasión no solo para conmemorar a los artistas, sino para presentar en las mejores condiciones (numerosos lienzos del Prado, de otros mu­seos, iglesias y colecciones privadas fueron restaurados expresamente para la exposición) algo de la enorme ­riqueza del barroco madrileño que todavía no goza del público reconocimiento merecido. El propósito se cumplió plenamente según todos los comentarios de la prensa general y más aún de las publicaciones especializadas, que subrayaron el esfuerzo considerable y el acierto que supuso la presentación de múltiples obras iné­ditas que se incorporaron a los estudios posteriores -aportando además algunos datos importantes para las cronologías de los artistas representados-, o de instituciones y colecciones extranjeras de difícil acceso para el público español.

Alfonso E. Pérez Sánchez

Bibliografía

  • Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo (1650-1700), cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1986.
 
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