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Chardin (1699-1779) [exposición 2011]
1 de marzo–28 de mayo.
Comisario: Pierre Rosenberg.
Obras: 57.
Catálogo: Pierre Rosenberg, «El secreto de Chardin», pp. 21-31; Renaud Temperini, «La pintura francesa en el siglo XVIII», pp. 33-45; Ángel González, «Pintura para ateos: los bodegones de Chardin», pp. 47-68.

Jean Siméon Chardin, uno de los artistas más relevantes de la pintura francesa del siglo XVIII, gracias a su visión intensamente poética de las cosas y su extraordinario virtuosismo pictórico, fue considerado su maestro por artistas como Cézanne, Matisse, Picasso, Morandi o Lucien Freud. La exposición celebrada en el Museo del Prado fue la primera retrospectiva del artista en España y, dado que la producción de este maestro fue relativamente escasa, fue un reto organizar una muestra que reflejase adecuadamente sus logros artísticos. Parisino de orígenes humildes, que apenas abandonó la ciudad en la que nació, se formó con el pintor de historia Pierre-Jacques Cazes y con Nöel-Nicolas Coypel. En 1728 fue aceptado por la Academia Real de Pintura y Escultura como miembro dentro de la categoría menor de «pintor de animales y frutas» gracias a las críticas alcanzadas por La raya y El buffet, obras que evidenciaban su deuda con los artistas flamencos y holandeses del siglo XVII. Cuando su prestigio creció, Chardin consiguió una variada clientela, formada por sus amigos artistas y la aristocracia parisina conocedora de su arte, así como por compradores reales y principescos; grandes soberanos como Luis XV de Francia, Catalina II de Rusia o Luisa Ulrica de Prusia, reina de Suecia. Aunque a lo largo de toda su carrera se interesó por estudiar y pintar bodegones de manera constante, a partir de la década de 1730 pinta escenas de género y también retratos en pastel. La exposición se organizó en sentido cronológico desde los inicios de la actividad del pintor. En la primera sala se mostraron sus primeras naturalezas muertas, con piezas de caza y frutas y excepcionalmente algún animal vivo. A partir de la década de 1730 se incorporan nuevos motivos a su repertorio –como se pudo ver en la siguiente sala- para poder estudiar sus formas, la variedad de los materiales, los colores y los reflejos de la luz. Al principio Chardin miniaturiza los objetos que escoge representar, pero, hacia 1734, los coloca en primer plano y les otorga una mayor monumentalidad. Otra sala mostraba cómo el pintor empezó a incluir la figura humana en sus composiciones y presentaba sus cuadros de género, en los que los motivos son niños, adolescentes o mujeres, que el artista capta mientras realizan tareas domésticas o, en el caso de los niños, mientras juegan. El año de 1748 marcó el regreso de Chardin a la naturaleza muerta -que había abandonado casi completamente- y en sus obras aumentó las especies de animales de caza representadas y enriqueció las variedades de frutas y de objetos para perseguir lo que más le interesará en lo sucesivo de su carrera: los reflejos y las transparencias, las luces y las sombras. En la última sala de la exposición se mostraron las naturalezas muertas de la década de 1760, algunas de ellas de una refinada sencillez, como La cesta de fresas salvajes, y ejemplos los retratos al pastel, medio que adopta al final de su carrera por problemas de salud.

A. P.

 
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