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Colección de Carlos I de Inglaterra. La colección de pinturas de Carlos I de Inglaterra es una de las más famosas de la historia del arte, por dos razones: la calidad de las obras que la formaron y la novelesca historia de su dispersión. Fue el favorito real ­George Villiers, duque de Buckingham, quien despertó el interés de Carlos por el coleccionismo cuando éste era aún príncipe de Gales. En 1623 viajó a Madrid para pedir la mano de la infanta María (hija de Felipe IV e Isabel de Borbón); volvió a Inglaterra frustrado en su empeño, pero inspirado por la gran colección de pintura de los Austrias españoles. De manos de Felipe IV recibió dos obras de Tiziano, la Venus de El Pardo (Musée du Louvre, París) y Carlos V con un perro, que hicieron nacer en él la afición al gran maestro veneciano. Durante su estancia en España mandó comprar en Génova los cartones de Rafael para la serie de tapices de Los Hechos de los Apóstoles (Victoria and Albert Museum, Londres). Poco después de subir al trono en 1625 hizo su adquisición más importante, una porción considerable de la colección de los Gonzaga, duques de Mantua, que era rica en obras de Mantegna, Tiziano y Correggio. Además, nobles ingleses y dignatarios extranjeros deseosos de ganarse su favor le obsequiaron con pinturas. Carlos I fue también un mecenas eminente que protegió a Pedro Pablo Rubens, huésped de la corte inglesa en 1629, y a Antonio van Dyck, nombrado pintor del rey en 1632. Durante una estancia en Londres, Rubens recibió el encargo de pintar una serie de telas para el techo de la Banqueting House de Whitehall, que sería una de sus realizaciones más renombradas (terminada en 1635). Las mejores pinturas de la colección del monarca se exhibían en dos de sus principales palacios londinenses, Saint James y ­Whitehall. Un inventario de las obras de Whitehall levantado en 1640 por su conservador Abraham van der Doort informa detalladamente sobre sus fondos. La actividad coleccionista de Carlos I se vio detenida por los sucesos que en 1642 desembocaron en la Guerra Civil Inglesa. Perdida la guerra, el 19 de enero de 1649 murió ejecutado por los parlamentarios, quienes decidieron vender su colección para liquidar las deudas de la Corona. La llamada Almoneda de la Commonwealth, que empezó en el otoño de 1649 y acabó en enero de 1654, sacó al mercado más de mil quinientas pinturas de la colección real, así como importantes tapices, esculturas y objetos de adorno. De las pinturas más famosas, muchas fueron adquiridas por el embajador español Alonso de Cárdenas para don Luis de Haro, marqués de Carpio y ministro principal de Felipe IV. Haro a su vez obsequió al rey con las mejores, que acabaron pasando al Museo del Prado. Entre ellas se cuentan El tránsito de la Virgen, de Mantegna, El Lavatorio, de Tintoretto, Moisés salvado de las aguas del Nilo, de Veronés, Sagrada Familia, llamada «la perla», de Rafael, y Autorretrato, de Durero. Otros cuadros importantes fueron comprados para el cardenal Mazarino y el banquero francoalemán Everhard Jabach y se encuentran en el Musée du Louvre de París.

Jonathan Brown

Bibliografía

  • La almoneda del siglo. Relaciones artísticas entre España y Gran Bretaña, 1604-1655, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2002.
  • The Late King's Goods. Possessions and Patronage of Charles I in the Light of the Commonwealth Sale Inventories, Londres, Alistair McAlpine, y Oxford, Oxford University Press, 1989.
Tiziano, Venus recreándose en la música
Lupa
Tiziano, Venus recreándose en la música
 
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