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Enciclopedia online

Colección de esculturas de Cristina de Suecia. Cristina de Suecia, reina de su país, entre 1632 y 1654, y una de las mujeres más doctas e instruidas de su época, llega en 1655 a Roma después de haber abdicado al trono por su conversión al catolicismo. Desde su juventud, empedernida coleccionista de libros, manuscritos, instrumentos científicos, cuadros y obras de arte, lleva consigo objetos artísticos de pequeño formato para adornar su nueva residencia que establece en 1659 en el Palacio Riario cerca del Vaticano. Empieza a coleccionar a gran escala a partir de 1661, cuando recibe un pago del Gobierno de Suecia. Las facturas privadas de Cristina mencionan las más importantes compras de esculturas en los años 1662, 1669 y 1678. Sabemos por un inventario del Archivo Nacional de París que al final de su vida reunía en su palacio unas ciento veinte esculturas de mármol, expuestas en diez salas del parterre. En su época, la colección -más bien pequeña en relación con las demás colecciones de Roma- fue muy apreciada por la selección y singularidad de las esculturas, por su presentación típicamente barroca en salas temáticas y por las restauraciones que realizaron algunos alumnos de Gian Lorenzo Bernini, como Giulio Cartari, Ercole Ferrata y Francesco Maria Nocchieri, entre otros. Las esculturas estaban expuestas entre columnas de mármol de colores y sobre pedestales barrocos decorados a veces con incrustaciones de alabastro y relieves antiguos de mármol (actualmente en La Granja). Casi setenta de las esculturas adquiridas por Cristina son de época romana, mientras que gran parte de los bustos datan de su tiempo. El conjunto más valioso de las esculturas clásicas del Prado procede de la colección de Cristina de Suecia. Se trata en su mayoría de réplicas romanas de obras famosas del arte griego: del siglo V a. C. cabe mencionar Atenea, de Mirón, Diadúmeno, de Policleto, la cabeza de Atenea tipo Velletri [E49] y Deméter [E2]; del siglo IV a. C., Leda, de Timoteo, Sátiro en reposo, de Praxiteles, y Apolo Patroos, de Eufránor; de época helenística una Venus del tipo Capitolino [E31], las famosas Ocho musas sentadas de la Villa Adriana de Tívoli, Fauno del cabrito, Musa apoyada [E32], Venus del pomo [E65], Afrodita agachada [E33], Ariadna, interpretada entonces como Cleopatra [E167], la cabeza de Aquiles conocida en su época como Alejandro [E110] y -como originales griegos- una cabeza de bronce [E99] y un Baco de mármol [E50]. De época romana destacan el Grupo de San Ildefonso, un altar con relieves báquicos [E173], Atenea Prómaco [E24], estatuas-retratos de Augusto [E166 y E170] y de una dama romana [E164] y los bustos de Adriano [E176], Sabina [E210] y Antínoo [E60], entre otros. Un rasgo característico de su colección son las estatuas barrocas que incorporan fragmentos antiguos, como la Clitia, de Giulio Cartari [E22], o El sueño [E84], que utiliza un torso de la escuela de Policleto. Tampoco faltan estatuas completamente modernas, como Augusto, de Nicolas ­Cordier [E112], Apolo, de Francesco Maria ­Nocchieri, conservado en La Granja, o los Cupidos que fueron añadidos a dos musas [E37 y E61]. Casi todas las piezas de la colección de Cristina fueron adquiridas en 1692 por Livio Odescalchi. En 1724, su heredero vendió la colección de escultura por 50 000 escudos romanos a Felipe V e Isabel de Farnesio. Las ciento se­tenta y dos cajas con esculturas, pedestales y columnas llegaron un año más tarde vía Civitavecchia y Génova a Alicante y en el mismo año a La Granja de San Ildefonso (Segovia), donde se construía un nuevo palacio real. Restauradas allí por el artista florentino Gaspare Petri (hasta 1731), fueron expuestas finalmente en 1746 en las doce salas del parterre y en el llamado trascuarto del palacio, exposición que Antonio Ponz describe en 1766. A mediados del siglo XVIII se hicieron vaciados en yeso de las esculturas para abastecer la Real Academia de San Fernando. Una carta de Andrea Procaccini al cardenal Acquaviva deja entender que los bustos que se conocían como modernos no fueron adquiridos por Felipe V y su esposa, mientras que las aproximadamente ochenta columnas de mármol de colores fueron mandadas en setenta y cinco cajones a España para decorar el palacio de La Granja y otros palacios reales construidos en esa época. En el Museo del Prado quedan solo dos ­columnas de giallo antico [E292 y E302] y de mármol de color [E294 y E295]. En 1829, las esculturas fueron enviadas al Real Museo de Pintura y Escultura del paseo del Prado de Madrid, donde el escultor Valeriano Salvatierra las restauró. Sabemos por Emil Hübner que en 1862 estaban expuestas de manera decorativa en toda la planta baja del edificio de Villanueva.

Stephan F. Schröder

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Busto de Antinoo, anónimo siglo II d. C.
Lupa
Busto de Antinoo, anónimo siglo II d. C.
 
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