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Colección de los duques de Osuna. Al exhibirse cuadros, esculturas, estampas y demás objetos artísticos de la antigua Casa ducal de Osuna en Madrid en 1896, antes de la venta de los mismos, se exaltó la distinguida historia de esta colección. Allí había retratos del III duque, don Pedro Téllez-Girón, el Grande, del V, del VI y su esposa, un lienzo y un busto de mármol del VIII, sin hablar de las numerosas efigies de los IX y sus hijos (por Goya, Esteve y otros pintores), y las de sus nietos por Carlos Luis Ribera, Federico de Madrazo y Valentín Carderera. La colección era ya impresionante en el si­glo XVII. El III duque fue virrey de Nápoles y uno de los primeros protectores de José de Ribera, y él, y quizás también su esposa, contrataron o compraron a este artista cinco lienzos en total, entre ellos el gran cuadro del Calvario, que donarían a la iglesia colegiata de la villa de Osuna en Andalucía pocos años después de la vuelta del duque a España en 1620. Un antepasado de la mujer del IX duque -María Josefa de la Soledad Alfonso-Pimentel- era conde de Benavente en tiempos de Velázquez y fue retratado por este último (Prado, P1193) a mediados de 1648. Él mismo era pintor aficionado y había heredado además importantes cuadros italianos pertenecientes a su padre, entre ellos el Martirio de san Andrés, de Caravaggio (Cleveland Museum of Art, Ohio). Presentó un lienzo de san Sebastián pintado por Tiziano (perdido) a la colección real y de su colección y de sus otros parientes provenían los cuadros de Rubens y Van Dyck (o atribuidos a los mismos) que decoraban el palacio de la Puerta de la Vega madrileña, cuando allí se instalaron los recién casados IX duques en la segunda mitad del siglo XVIII. A estos últimos les perteneció también más adelante un curioso cuadro atribuido a El Bosco de Las tentaciones de san Antonio Abad (Prado), que es posible haya inspirado algunos de los monstruos ideados por Goya para sus Caprichos. Los IX duques eran muy aficionados al arte y de una sensibilidad estética excepcional. El duque fue socio de la Compañía para el Grabado de los Cuadros de los Reales Palacios, fundada en 1789 para grabar cuadros de los reales palacios, y subvencionó la empresa con su propio dinero. Luego se le hizo académico de honor de San Fernando en 1792. Él y su esposa hicieron que sus hijos estudiaran dibujo (con Agustín Esteve, por ejemplo, hacia 1800) y encargaron numerosos cuadros y estampas a diversos artistas, entre ellos, las dos grandes escenas de la vida de san Francisco de Borja, para la catedral de Valencia, pintadas por Goya en 1788, y varios retratos por el mismo autor. Goya pintó además, en 1786-1787, siete escenas de la vida rural con destino a los salones de la casa de campo que los duques edificaban en el pueblo de La Alameda, cerca de Barajas. Y luego les hizo en la década de 1790 una serie de cuatro escenas de brujas y dos de comedias relacionadas con la superstición para el gabinete de la duquesa en la misma residencia. Los duques demostraron su intensa admiración por Goya, una vez más, al comprarle un juego de bocetos para tapices (entre ellos, Prado P750 y P2781-P2783) y cuatro ejemplares de los Caprichos. Pagaron por estos libros de estampas un precio más alto que el que Goya pediría poco después al ponerlos en venta, sin duda para que los Osuna pudieran llevarse ejemplares de calidad excepcional entre los primeros de la tirada. Es evidente que los duques apreciaban las innovaciones del artista lo mismo que la poderosa originalidad de la sátira goyesca. Su nieto, Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort, heredó el título cuando el X duque murió. También heredó el gusto artístico de los Osuna y recibió cuadros importantes de la casa de su madre, junto con los títulos del ducado y del infantado. Des­tacaban entre estas pinturas los ­retratos del V duque por Sánchez Coello y un alumno de Tintoretto. El hermoso palacio del Infantado en Guadalajara era asimismo motivo de orgullo para don Pedro, y un detalle de su patio aparece en el fondo del soberbio retrato que le hizo Federico de Madrazo (1844, colección del Banco de España). Compró el XI duque pinturas de otras residencias de su familia, y su hermano Mariano, que le sucede, continúa con esta tradición. Es probable que este último encargara la pareja de escenas de la Alameda de Osuna por ­Genaro Pérez Villaamil, más otros cuadros, esculturas y grabados de artistas extranjeros y nacionales de menor calidad. Es verosímil que fuese don Mariano también quien adquiriera el famoso conjunto de tres lienzos, entre ellos uno de mujer desnuda que se podía ocultar. El cuadro principal, firmado en 1844, representaba a una joven lujosamente vestida. Los otros dos, montados el uno sobre el otro, e intercambiables al pulsar un botón, ofrecían o un paisaje montañoso, o la misma mujer de antes sin velos y reclinada sobre unos almohadones. Este espectáculo algo pueril, muy del gusto de la aristocracia madrileña de esa época, era obra del pintor francés François Gabriel Lepaulle, y llegó a ser legendario en España gracias en parte al recuerdo que le dedicara Fernando Fernández de Córdova, marqués de Mandigorria en sus Memorias íntimas. En este libro (parte I, capítulo 4) no se citaban más que dos cuadros superpuestos, con el mecanismo que sustituía una mujer, «envuelta en pieles y telas de invierno» por una Venus in puribius. Al olvidarse del paisaje montañoso, y al considerar al grupo anterior a la década de 1820, el marqués pensaba quizás en las majas de Goya y la leyenda de que ellas tenían un marco doble y el mismo dispositivo giratorio de estos cuadros franceses. Asociadas o no con Goya, tales obras reflejan la decadencia del gusto de los Osuna a mediados del siglo XIX.

Nigel Glendinning

Bibliografía

  • Brown, Jonathan, «Relaciones artísticas entre España y Gran Bretaña, 1604-1654», La almoneda del siglo. Relaciones artísticas entre España y Gran Bretaña, 1604-1654, Madrid, Museo del Prado, 2002, pp. 41-68.
  • Ezquerra del Bayo, Joaquín, Retratos de la familia Téllez-Girón, novenos duques de Osuna, Madrid, Blass, 1934.
  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Los Ribera de Osuna, Sevilla, Obra cultural de la Caja de Ahorros Provincial San Fernando, 1978.
  • Sentenach, Narciso, Catálogo de los cuadros, escultura, grabados y otros objetos artísticos de la antigua casa ducal de Osuna, expuestas en el palacio de la Industria y de las Artes, 2ª ed., Viuda e hijos de M. Tello, 1896.
  • Vega, Jesusa, «Goya, los Caprichos y el final del sueño ilustrado», La España del siglo XVIII y la filosofía de la felicidad y el orden, Madrid, 2002.
  • Yebes, Condesa de, La condesa-duquesa de Benavente. Una vida en unas cartas, Madrid, Espasa Calpe, 1955.
El Bosco, Tentaciones de san Antonio Abad
Lupa
El Bosco, Tentaciones de san Antonio Abad
 
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