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Colección litográfica de los cuadros del rey de España. El fracaso de la Compañía para el grabado de los cuadros de los Reales Palacios no fue impedimento para que se siguiese pensando en la conveniencia de difundir a través de la estampa los tesoros artísticos de las colecciones españolas. Los cambios en el panorama político que se van a producir en España tras la llegada al trono de Fernando VII van a condicionar sobremanera la actividad cultural, generándose un movimiento de intensa propaganda en el que las artes jugarán un papel destacado y en especial las estampas, que se convirtieron en un instrumento de primera mano para la difusión de los postulados del absolutismo fernandino. En este contexto es clave la figura de José de Madrazo, quien tras sus estancias en París y Roma tomó constancia del poder de la propaganda a través del arte -los museos y las estampas de reproducción de pinturas- como medio para ensalzar la imagen del gobernante. Por ello, cuando en 1818 regresó a Madrid, acometió la creación de un establecimiento en el que se pudiera realizar el proyecto de reproducir mediante la nueva técnica de la litografía la colección de los cuadros del rey de España colgados en el recién creado Museo del Prado y de este modo contribuir al esplendor del trono, así como a la difusión del gusto y las bellas artes. Tras la aprobación del proyecto por Fernando VII, comenzaron en 1825 los trabajos de instalación del taller y de elección de los artistas encargados de realizar las litografías, todo ello estrechamente supervisado por Madrazo como consta en el pie de cada estampa -«J. de Madrazo lo dirigió»-. El primer cuaderno se presentó al rey el 30 de marzo de 1826, al tiempo que se editaba un prospecto en el que se indicaba el plan de la publicación, mensualmente en cuadernos de tres estampas, acompañadas de sus textos correspondientes en los que se daba noticia de los artistas, su estilo y el asunto del cuadro. Buscando diversificar el producto en función de los tipos de público, la Colección litográfica de los cuadros del rey de España se estampó en cuatro tipos diferentes de papel, variando el precio de suscripción en función de ello: la más barata, de 100 reales en papel fino avitelado de marca mayor, y en el mismo papel pero con papel china, costaba 112 reales. Siguiendo la costumbre de sobrevalorar las estampas antes de letra, considerando que éstas tenían una mayor calidad al ser las primeras de cada edición, la colección ofrecía también estampas antes de letra a un precio mayor, y así en papel imperial costaba 200 reales y en papel imperial con papel china, 212 reales. Si bien la idea de ofrecerla por cuadernillos pretendía hacerla más asequible a los compradores, el precio final resultaba elevado a juzgar por las dificultades a la hora de vender la edición. Por ello, el inicial apoyo de la corona al proyecto hubo de traducirse en una suscripción de trescientos ejemplares, un número muy elevado que en 1835 hará que Palacio se plantee la conveniencia de suspender la citada suscripción ante los elevados gastos que acarreaba. La Colección, desde el primer cuaderno editado el 30 de marzo de 1826 hasta el quincuagésimo y último aparecido en febrero de 1837, se constituyó por doscientas seis estampas que ­recogían lo que entonces se consideraba más importante del recién creado Museo del Prado. De ellas, setenta y cinco correspondían a la escuela española de los siglos XVI y XVII, reproduciendo diecinueve pinturas de Velázquez, sin duda el pintor mejor representado en la Colección, buena prueba de la importancia que adquiere su obra y de que era ya considerada como uno de los ejes del Museo del Prado. Además de la pintura religiosa italiana, Madrazo también se preocupó por reproducir la extranjera de asunto mitológico, de paisaje y de género, con especial relevancia de las obras de Tiziano, Rubens y Teniers, evitando así repetir la excesiva presencia de asuntos religiosos en que había incurrido la Compañía. Al objeto de no caer en otros errores similares al proyecto anterior, se plantearon algunas correcciones: en primer lugar se regularizó el formato de las estampas, lo que unido al hecho de acompañarse de un texto permitía que, una vez completado cada tomo, se pudieran encuadernar si así lo consideraba el suscriptor, pudiendo pasar de este modo a formar parte de las bibliotecas. Al comienzo del primer tomo, José de Madrazo redactó un prólogo en el que puso de manifiesto los planteamientos, características y dificultades de la Colección. En los primeros cuadernillos contó con artistas extranjeros debido a la falta de litógrafos españoles, quienes comenzaron a colaborar a partir de la sexta entrega, algunos de ellos grabadores reciclados. Técnicamente merece ser destacada la inadecuada reproducción de las pinturas en las que prima el color sobre el dibujo, si bien la pericia de algunos litógrafos como Asselineau o Pic de ­Leopold permitieron captar las sutilezas del paisaje. En este sentido es de gran importancia la utilización del aguatinta litográfica, técnica que permitía la creación de superficies con sutiles gradaciones tonales y suaves transiciones entre los diferentes planos, perfectamente idónea para la creación de los celajes y de los fondos de paisaje, tradicionalmente muy difíciles de representar en el grabado calcográfico. El aguatinta también se utilizó como fondo generalizado de las composiciones, con lo que se obtenían unos efectos de volumen y unas transiciones suaves entre las diferentes partes. Finalmente, es interesante destacar la utilización complementaria del rascador para obtener efectos de luz y delimitar contornos, y del lápiz apretado intensamente para perfilar las figuras y crear intensas sombras.

José Manuel Matilla

Bibliografía

  • Matilla, José Manuel, «De la propaganda real a la interpretación del artista. La reproducción de la pintura a través de las técnicas tradicionales del arte gráfico», Velázquez en blanco y negro, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 2000, pp. 94-104.
  • Origen de la litografía en España. El Real Establecimiento Litográfico, cat. exp., Madrid, Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, 1990.
  • Vega, Jesusa, Catálogo de estampas, Madrid, Museo del Prado, 1992, pp. 241-277.
Vista de entrada al Museo por el lado de San Jerónimo, de Leon-Augusto Asselineau
Lupa
Vista de entrada al Museo por el lado de San Jerónimo, de Leon-Augusto Asselineau
 
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