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Colección y biblioteca Madrazo. Esta destacada colección, formada por un conjunto de obras sobre papel y libros adquirido en 2006 a la familia Daza Campos, descendiente y heredera de parte de los bienes de la familia Madrazo, constituye el conjunto numérico más importante que ha ingresado en el Museo del Prado desde su fundación. Reúne varios miles de obras muy variadas: dibujos, estampas, fotografías, libros y, en menor medida, manuscritos y documentación. Todas las obras proceden de los estudios del pintor y director del Museo del Prado de 1838 a 1857, José de Madrazo, y de sus hijos Federico, Luis y Juan Madrazo y Kuntz, que se han conservado casi intactos hasta nuestros días a través de sucesivas herencias. En efecto, Luis de Madrazo heredó una parte del estudio de su padre, José, y también del de su hermano Juan, arquitecto, fallecido sin hijos. Además, puesto que Luis casó con Luisa de Madrazo y Garreta, hija de su hermano Federico, se reunió en su rama familiar parte de la herencia de Federico, quien había sido el otro principal heredero del estudio de José. Todo ello pasó a María Teresa de Madrazo y Madrazo, que casó con el catedrático de la Universidad Central, Mario Daza de Campos y, a través de herencias, a sus hijas Daza Madrazo, y a los sobrinos de ésta, sus últimos poseedores, a quienes se ha adquirido el conjunto. La importancia de estas obras es notable tanto por tratarse sus autores o propietarios de artistas muy significativos en sus respectivas épocas, estrechamente vinculados al Museo del Prado, como por haberse conservado, en varios aspectos, sin merma, constituyendo un amplio depósito de la producción de los artistas citados. La colección reúne varios grupos. Comenzando por los dibujos, el conjunto más notable lo constituye el casi medio centenar de José de Madrazo, de quien apenas se conocían dos docenas. Entre las obras conservadas podemos mencionar el modellino para la Disputa entre griegos y troyanos por el cuerpo de Patrocolo, obra perdida de 1812; retratos al pastel de la Reina María Luisa de Parma y del Cardenal Gardoqui; numerosos estudios preparatorios para cuadros de composición, entre ellos La muerte de Viriato; un amplio conjunto de paisajes y vistas italianas; dibujos anatómicos que parecen preparados para una edición litográfica puesto que se acompañan de algunas pruebas; dibujos y pruebas de árboles; calcos de composiciones clásicas, academias, caricaturas, etc. También es muy relevante el conjunto de tres centenares de dibujos y calcos de Federico de Madrazo, que siguiendo los pasos de su padre dirigió el Prado de 1860 a 1868 y de 1881 a 1894. Hay numerosos estudios preparatorios de cuadros relevantes, como Las Marías ante el sepulcro, el Pelayo, Godofredo de Bouillón, así como numerosos apuntes de paisajes, arquitecturas, copias y calcos. Las obras de Juan de Madrazo, constituyen el tercero de los conjuntos conservados. Se trata fundamentalmente, de dibujos de arquitectura: planos de sus proyectos, alzados de edificios y detalles de arquitectura. Finalmente podemos mencionar un número menor de dibujos de Ricardo y Luis de Madrazo. La colección de dibujos antiguos, reunidos fundamentalmente por José de Madrazo, constituye otro conjunto notable, si bien la mayor parte de su colección había sido ya vendida a la Biblioteca Nacional en 1899 por Cecilia Madrazo. Entre las obras adquiridas destacan las academias atribuidas a Antón Rafael Mengs, así como seis dibujos de Mariano Fortuny. Por último, se conserva un importante conjunto de dibujos de los siglos XVI al XIX, la mayor parte de ellos italianos, que fueron adquiridos en Roma. Muchos de éstos presentan un delicado estado de conservación como consecuencia del hundimiento, en el golfo de Génova, del barco que transportaba las obras de José de Madrazo a su regreso a España desde Roma. Las estampas conforman otro de los grandes grupos. Es ya sabida la importancia que José de Madrazo concedió al arte gráfico a lo largo de toda su vida, como grabador, coleccionista y como promotor de proyectos tan importantes como el Real Establecimiento Litográfico. De su autoría ha llegado un grupo notable, de especial valor por cuanto apenas se conservan estampas suyas en otras colecciones. El grupo más numeroso lo forman diversas series de estampas procedentes de los talleres de los distintos miembros de la familia, que constituyen un excepcional documento de los intereses estéticos de dichos artistas y permiten conocer los modelos que sirvieron a muchas de sus obras. En este conjunto se encuentran estampas de muy variada temática y procedencia, mereciendo destacar los grupos de iconografía de personajes españoles y extranjeros; las reproducciones de pinturas y de esculturas modernas y contemporáneas; las estampas de artistas contemporáneos, muchas de ellas dedicadas; las estampas con reproducciones de motivos de la Antigüedad; los modelos arquitectónicos y los modelos de indumentaria. El último lote lo integran las estampas de la Colección litográfica de cuadros del rey de España y de las Vistas de los reales palacios. José de Madrazo fue el promotor del proyecto de reproducir los cuadros de la colección del rey conservados en el Real Museo de Pintura a través de la nueva técnica de la litografía. En el Real Establecimiento Litográfico, de su propiedad, se realizaron las ediciones de esta obra. El enorme conjunto de estampas conservadas en la familia es consecuencia de esta actividad, tratándose de excedentes no vendidos en su momento. Asimismo, han llegado litografías de la edición de Joyas de la pintura española, de Pedro de Madrazo, cuya obra puede considerarse heredera del proyecto anteriormente consignado. Finalmente, han ingresado dos primeras ediciones de los Desastres de la Guerra y los Disparates, de Francisco de Goya, editadas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1863 y 1864 respectivamente, conservando su formato original, en cuadernillos encuadernados en rústica. Por otra parte el apartado de las fotografías agrupa diversas colecciones procedentes de los distintos miembros de la familia, si bien la mayor parte de ellas fueron propiedad de Luis Madrazo. De muy variada temática y formato –hay retratos familiares, retratos de personajes célebres, imágenes de los estudios de Federico de Madrazo y Mariano Fortuny–, el conjunto más importante lo forman las fotografías que reproducen pinturas y esculturas –muchas de ellas de artistas contemporáneos con dedicatorias autógrafas y realizadas por destacados fotógrafos o editores como Laurent, Anderson o Goupil–, y las fotografías de monumentos arquitectónicos. Entre estas últimas se pueden mencionar dos grupos fundamentales, el de Charles Clifford, con fotografías de gran formato de diversos edificios de España –en ocasiones firmadas y fechadas–; y las de monumentos y vistas de Roma y sus alrededores, muchas de ellas desconocidas y realizadas por los fotógrafos de la escuela romana de mediados del siglo XIX, entre los que destaca Giacomo Canela, del que se conserva un extraordinario conjunto de calotipos, algunos de ellos firmados. La Biblioteca está formada por cerca de mil volúmenes de monografías y publicaciones periódicas, a los que hay que sumar diecinueve volúmenes de manuscritos y trece de mapas. En cuanto a su cronología, abundan –lógicamente– las obras correspondientes al siglo XIX, que forman algo más de la mitad del fondo. La otra mitad corresponde a obras de los siglos XVI, XVII y XVIII. Al tratarse de la biblioteca de una familia estrechamente vinculada con las bellas artes, abundan entre sus fondos los libros sobre arte: tratados de arte y arquitectura, vidas de artistas, tratados de anatomía, cartillas de dibujo, catálogos de colecciones pictóricas, etc. Entre ellos es especialmente interesante la colección de tratados de arquitectura. En buena parte proceden –especialmente los italianos– de José de Madrazo; el resto pudo ser adquirido por Juan de Madrazo. Entre los tratados de arquitectura española hay que destacar la obra de Juan Caramuel Lobkowitz Arquitectura civil recta y oblicua (Camilo Corrado, 1678) en tres volúmenes muy bien conservados. De las ediciones de Vitruvio que poseyera José de Madrazo queda la edición abreviada en italiano que editó Albrizzi en Venecia en 1747. También fueron de José el extraordinario libro de Cornelius Meyer L´Arte di restituire à Roma la tralasciata navigatione del suo Tevere (Roma, 1685), las Direzioni a giovani studenti nel disegno dell´architettura civile… de Bibiana (Bolinia 1731) o la Teoria e pratica di Architettura civile per istruzione della Gioventu de Girolamo Masi (Roma, 1788). Otros importantes tratados como ediciones de Alberti (Venecia, 1565), Serlio (Venecia, 1566), Vignola (Roma, 1644) o Lamberti (Nápoles, 1781) debieron añadirse más tarde. Respecto a los tratados de arte españoles, hay que señalar una buena colección de Arfe, con dos ediciones del De varia commesuracion… (Sevilla, 1585; Madrid 1773) y una del Quilatador… (Madrid, 1678), una primera edición del Museo pictórico de Palomino (Madrid, 1715) y, sobre todo, un ejemplar del célebre Principios para estudiar el nobilissimo y real arte de la pintura, de José García Hidalgo, con noventa y tres grabados que, unido a los dos ejemplares existentes en la Biblioteca Cervelló, convierten a la biblioteca del Museo del Prado en lugar de referencia para el estudio de esta rara e importante obra. Pero quizá sean los tratados europeos los que aportan más interés a la biblioteca. Entre los del siglo XVI destacan las Institutionum Geometricarum, de Durero en un ejemplar de la edición parisina de 1532. Más abundantes son los tratados italianos del XVII, como el Tratatto de la pintura de Ottonelli (Florencia, 1652) o la Paradossi de Troili (Bolonia, 1652), ambas de José de Madrazo, y del siglo XVIII, como L´Arte della pintura de Fresnoy (Roma, 1713) o Dell´Arte pittorica de Chiusole di Roveredo (Venecia, 1768). Destacan por último algunos tratados franceses del siglo XVIII como La science des ombres, de Dupain (París, 1750) o los Essais sur la peinture, de Diderot en la edición de 1795. Capítulo aparte merecen las vidas de artistas, género fundamental y fundacional de la Historia del Arte desde Vasari. Casi todas son italianas y proceden de José de Madrazo. Las Vite de Dati (Florencia, 1667), Bellori (Roma, 1677), Malvasia (Bolonia, 1678), Baglione (Nápoles, 1733) y las Notizie de Baldinucci (Florencia, 1767-1773) forman un conjunto de elevado interés. Un apartado específico de la Biblioteca de José de Madrazo lo constituían los catálogos de museos y las colecciones de estampas. Unos cuantos han subsistido: L´Etruria Pittrice (Florencia, 1791), Liberveritatis di Claudio Gellee Lorenese (Roma, 1815), Il claustro di S. Michele in Bosco di Bologna (Bolinia, 1694), Ritratti et elogii di capitani illustri de Roscio (Roma, 1646). Además de los libros de arte, la Biblioteca es especialmente rica en obras literarias, libros de viajes y atlas. De las primeras, a menudo muy ilustradas, hay que señalar los cuatro tomos de las Fables Choisies de La Fontaine en la edición Desaint & Saillant de 1755, una de las obras más exquisitamente editadas de todo el siglo XVIII. Entre los libros de viajes se encuentran varios ejemplos destacados del siglo XVIII, desde una edición de Pausanias (París, 1731) a los Voyages […] dans plusiers provinces de la Barbarie et du levant de Shaw (París, 1743), el Voyage pittoresque de la Flandre de Descamps (París, 1769) o los Travels through Spain de Swinburne (Londres, 1779), con las primeras estampas de los monumentos islámicos andaluces. De gran interés son los Voyages pittoresques et romantiques dans l´ancienne France (París, 1820-1857) un ejemplar dedicado por el barón Taylor a Federico de Madrazo, monumental obra en diecisiete volúmenes y ejemplar único en bibliotecas españolas. El fondo se completa con algún atlas importante y libros científicos ricamente ilustrados. El fondo de manuscritos es pequeño y de carácter misceláneo. Hay ejemplares desde el siglo XV al siglo XIX, de distintas temáticas (religiosas, literarios, eruditos, artísticos, etc.). El más interesante es el manuscrito con el Comentario de la pintura y los pintores antiguos, de Felipe Guevara. Se trata además del ejemplar empleado por Antonio Ponz para su edición de la obra en 1788.

Javier Barón, Javier Docampo y José Manuel Matilla

Bibliografía

  • Docampo, Javier, «La biblioteca de José de Madrazo», Boletín del Museo del Prado, XXV, nº 43, Madrid, 2007, pp. 97-123.
 
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