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Conjunto de bocetos para frescos de palacios reales [Francisco Bayeu]. El Prado conserva una importante colección de dibujos de Francisco Bayeu, más de cuatrocientos cincuenta ejemplares, procedentes del fondo antiguo del Museo, donde ingresaron desde el obrador de los pintores de cámara, la mayor parte de ellos relacionados con la decoración al fresco de diferentes estancias palaciegas en los reales sitios. La llegada de Bayeu a Madrid como ayudante de Anton Raphael Mengs en el año 1763 marca el inicio de su intervención en la decoración de las habitaciones del Palacio Real Nuevo madrileño. Los ciclos pictóricos ­encomendados al pintor zaragozano responden, al igual que los ejecutados por otros artistas encargados de su decoración, a un programa iconográfico muy complejo ideado por el padre Sarmiento, en base al cual todas las artes, incluidas arquitectura, escultura y pintura, tenían como misión principal testimoniar las glorias de la Monarquía española. La rendición de Granada fue el tema de la primera obra de Bayeu en el palacio, asunto destinado al techo de la antigua pieza de comer y besamanos del cuarto de la reina (comedor de gala). Al año siguiente, en 1764, recibe el encargo de una nueva decoración para la primera antecámara del cuarto de los príncipes de Asturias (comedor de diario), en la que representa La caída de los gigantes, y cuatro años más tarde, en 1768, emprende la decoración del techo de la sala de conversación (salón de los espejos) en el que recoge La apoteosis de Hércules. Al concluir estas dos obras -las más sobresalientes de Bayeu en el palacio- el rey Carlos III concede al pintor un aumento de sueldo de 6 000 reales «en atención a la continua aplicación con que procura adelantarse en la pintura». Tras un breve paréntesis, Bayeu acomete en diciembre de 1770 la decoración de su cuarta bóveda en el Palacio Real de Madrid, destinada a la pieza de vestir o antecámara del cuarto del infante don Luis, donde escenifica La Providencia presidiendo las virtudes y facultades del hombre, que terminará a comienzos de 1771. Dedicado durante varios años a otras empresas palaciegas fuera de la corte, retomará sus trabajos en el palacio madrileño en 1786, cuando decora dos de las seis salas dedicadas a albergar la Biblioteca Real, con las representaciones de La ciencia hermana de la Prudencia y Apolo protegiendo las ciencias y las artes, tema ya tratado por el artista con anterioridad. La última de sus intervenciones como fresquista fue la decoración del techo que cubría la estancia denominada Cabinet de toilette, en la actualidad salón de tapices, para el que eligió el tema de Las órdenes de la monarquía española. El lento proceso edificativo del Palacio Real obligó a que los monarcas residieran temporalmente en otros rea­les sitios, lo que influyó en el devenir de muchos de los artistas encargados de su decoración, que, como Bayeu, hubieron de compaginar sus trabajos en la corte con otros fuera de Madrid. Así, en septiembre de 1769 Francisco Bayeu se traslada con su hermano Ramón al Real Sitio de El Pardo para decorar la bóveda del oratorio del rey con una serie de «ángeles y serafines», y pintar el techo de la estancia contigua al comedor del palacio con la representación de Apolo remunerando a las artes. En 1788 volverá a El Pardo para pintar el techo del comedor de la Casita del Príncipe con el tema La feliz unión de España y Parma impulsa las ciencias y las artes, encargado por el futuro Carlos IV. A mediados de 1770 fue elegido, junto con Mariano Salvador Maella, para realizar los frescos de la iglesia del Real Palacio de La Granja tras el fallecimiento de Tiepolo, a quien le habían sido encomendados previamente. Bayeu fue el encargado de ejecutar las ocho pinturas de la media naranja y las cuatro pechinas, al tiempo que concluía los cuatro cuadros para el convento de San Pascual de Aranjuez, hoy desaparecidos, cuyos temas eran Anunciación, Nacimiento, Ascensión y Pentecostés, comenzados en diciembre del año anterior. El Palacio Real de Aranjuez fue también ampliado, y Bayeu se vio obligado a interrumpir, en 1778, sus trabajos en el claustro de la catedral de Toledo para pintar las bóvedas de la capilla pública. En 1791, después de concluir otras obras pendientes, regresa a Aranjuez para decorar, con la ayuda de su hermano, el oratorio del rey. La abundante producción dibujística de Francisco Bayeu, asociada fundamentalmente a su intensa y fecunda labor como fresquista en los sitios reales, denota la asimilación y el influjo de las enseñanzas del maestro Anton Raphael Mengs, protagonista e impulsor de la renovación pictórica en España durante la segunda mitad del siglo XVIII. Mengs impone a sus colaboradores, entre los que se encuentra Bayeu, el retorno a un clasicismo normativo, caracterizado por la disciplina en el trabajo y un riguroso método de preparación de las composiciones, cuidando al máximo todos los detalles antes de su intervención directa sobre la superficie a pintar. Bayeu acomete sus empresas decorativas estableciendo de forma sistemática diferentes fases en el proceso creativo, hasta conformar la visión completa de los asuntos que desea representar. Escogido el tema, realiza un bosquejo rápido en el que establece las líneas generales de la composición, y a partir de esta primera idea muy general, va estudiando de forma analítica y pormenorizada cada uno de los elementos. Perfila las figuras principales y sus accesorios, define actitudes, estudia con esmero los paños y las cabezas de los personajes, cuida los rasgos faciales y las expresiones del ­rostro, introduce efectos de luces y sombras hasta conseguir una aproximación casi absoluta al modelo definitivo; de ahí la fidelidad entre los ­estudios preparatorios y las pinturas resultantes. Técnicamente utiliza, sobre todo en los estudios terminados, el lápiz negro y ocasionalmente la sanguina para delinear y contornear la figura, que sombrea posteriormente con trazos finos y paralelos. Los efectos lumínicos, a veces muy contrastados, obtenidos mediante el empleo del clarión y el difumino, ayudan a crear el efecto de volumen y dan corporeidad a las formas. La maestría y seguridad que muestra en sus dibujos acabados, la viveza de sus diseños y rasguños, la facilidad con que resuelve los problemas técnicos, convierten a Francisco Bayeu en uno de los más importantes dibujantes de su tiempo.

Ascensión Ciruelos

Bibliografía

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  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Historia del dibujo en España: de la Edad Media a Goya, Madrid, Cátedra, 1986, pp. 364-373.
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Marte[Bayeu]
Lupa
Marte[Bayeu]
 
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