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Crucifixión, la [Juan de Flandes] 1509-1519, óleo sobre tabla, 123 x 169 cm [P7878].
Esta tabla, obra maestra de la pintura hispanoflamenca, formó parte del banco del retablo mayor de la catedral de Palencia, flanqueada, a modo de tríptico, por el Camino del Calvario y el Entierro de Cristo (conservados in situ). En el archivo de la catedral se guarda la documentación relativa a la tabla desde que se contrató en 1509, hasta que fue vendida en 1944. Juan de Flandes recibió el encargo, por parte del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, de llevar a cabo once pinturas, que completaran el retablo de talla que decoraba la capilla mayor. Ya que al ser trasladada esta a un emplazamiento de mayor altura hizo necesario ampliar también el retablo que la decoraba, obra del escultor Felipe Bigarny, por encargo del obispo Diego de Deza en 1505. El pintor flamenco murió sin ver el retablo colocado, dado que hasta mayo de 1525 no estuvo montado en la capilla mayor. La Crucifixión permaneció en su emplazamiento original hasta que en 1559 el cabildo la hizo sustituir por «… una muy buena pieza de bulto redondo de nuestro mártir San Antolín…», titular de la iglesia. Hacia 1600, la tabla se dispuso en un retablo pequeño en la sala capitular y se mantuvo allí hasta que en 1944 fue vendida a un particular. En el año 2005 ingresó en el Museo del Prado. Obra excepcional en la producción del artista, tanto por su formato apaisado y dimensiones, como por su luminosidad y calidad pictórica, la escena establecía además, por medio de la plataforma rocosa desplegada en primer término, y la disposición de los personajes, una continuidad espacial con las dos imágenes de los lados. Para la tabla central el artista ideó un semicírculo de figuras en torno al Crucificado, abierto a un inmenso paisaje, en contraste con los planos paralelos y el espacio limitado de las tablas laterales. Por el lugar que ocupaba la obra en el retablo, a la altura de los ojos del oficiante, Juan de Flandes utilizó un punto de vista bajo, que evoca las composiciones de Andrea Mantenga. También encontramos resonancias italianas en el modo de disponer los personajes en la composición, en la que destaca el soldado, de espaldas, en primer plano. En el centro aparece Cristo muerto en la cruz, consumada ya la Redención, cuando sólo permanecen en el Gólgota sus parientes y discípulos. A la izquierda figuran la Virgen, san Juan, la Magdalena, María Cleofás y María Salomé, y los que aceptan su divinidad, frente a los personajes de la derecha, el centurión y el jinete que le acompaña, detrás de Cristo, y el lancero, de espaldas en primer plano. Gracias a los análisis llevados a cabo de esta obra, con rayos infrarrojos y radiografías, tenemos constancia de que la idea inicial de Juan de Flandes fue distinta a la que aparece en superficie. En el lado izquierdo de la tabla había incorporado al portaesponjas entre la Magdalena y las Marías y dos jinetes que iniciaban su marcha hacia Jerusalén entre la Magdalena y el Crucificado. Al eliminarlos, el pintor flamenco simplificó la composición, dominada por líneas rectas, sobre todo verticales, que otorgan un carácter monumental al conjunto, redujo el número de figuras, las distribuyó mejor y estableció relaciones geométricas entre ellas. Los personajes de la obra aparecen detenidos, suspensos, pero no exentos de emociones, que son expresadas de forma contenida, a través de los rostros o los gestos de las manos, a las que Juan de Flandes otorgó un gran protagonismo. El pintor puso especial atención en recrear detalles como la larga melena de Cristo; las guarniciones del caballo del centurión; la armadura de época del soldado; las calaveras; las piedras preciosas en el suelo, que aluden al Paraíso, o las huellas del paso del tiempo en la terraza del primer término, en las rocas y en los edificios en ruinas, que evocan ese tiempo pasado, misterioso, en el que Juan de Flandes sitúa sus escenas. Por su carácter excepcional, esta tabla, documentada y totalmente autógrafa, ocupa un lugar preeminente dentro de la colección de pinturas realizadas en España en tiempos de los Reyes Católicos que posee el Prado. Aunque el Museo atesora otras cuatro tablas de Juan de Flandes procedentes de la iglesia de San Lázaro de Palencia, no tienen la misma calidad de esta Crucifixión, en la que el artista flamenco, mediante el uso de fuentes imaginarias de origen diverso, consiguió idear una composición original, verdadera obra maestra, que evidencia la capacidad creativa de su autor y su dominio de la técnica.

Pilar Silva Maroto

Bibliografía

  • Silva Maroto, Pilar, La Crucifixión de Juan de Flandes (Serie Uno, nº 4), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2006.
 
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