Hoy en el Museo

11.00hClaves para ver la exposición Rubens. El Triunfo de la Eucaristia

11.30hLa obra invitada

17.00hClaves para ver la exposición Rubens. El Triunfo de la Eucaristía

17.30hLa obra invitada

Ver todo el calendario
Página del Museo del Prado en FacebookSíguenos en TwitterFoursquare. Museo Nacional del PradoGoogle PlusCanal YouTube del Museo Nacional del PradoCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en PinterestCuenta oficial del Museo Nacional del Prado en StorifyRSS Museo Nacional del PradoNewsletter Museo Nacional del Prado

Enciclopedia online

Duque de Pastrana, El [Carreño de Miranda]
Hacia 1666, óleo sobre lienzo, 217 x 155 cm [P650].
El lienzo representa a Gregorio de Silva y Mendoza, duque de Pastrana y de Estremera, príncipe de Mélito y conde de Saldaña, personaje de significación e influencia en la corte de Carlos II. Viste ropa negra con golilla, ciñe espada y lleva pendiente de cadena de oro la venera de la orden de Santiago, que le fue concedida en 1666, cuando tenía veintiséis años. Puesto que la edad que representa es más o menos próxima, cabe pensar que el retrato se pintase quizá con ocasión de su obtención. Se le presenta en pie, mirando de frente con cierto gesto de altivez, con la fusta en la mano derecha y la izquierda apoyada en la cadera junto a la cazoleta de la espada. Un paje o criado semiarrodillado a sus pies parece calzarle la espuela al pie derecho. Tras él, un palafrenero prepara un caballo blanco ricamente enjaezado con lazos y cintas azules en las crines. Todo al aire libre, bajo unos árboles y con una lejanía de paisaje crepuscular. Se adquirió para el Prado en la venta de la Casa de Osuna en 1896 (cat. de la venta n.º 30). La identificación del personaje, que hoy nadie discute, la propusieron, en 1919, Sánchez Cantón y Allende-­Salazar. Hasta entonces, y en los catálogos, desde 1900, se le llamaba simplemente «Caballero de Santiago». Es uno de los retratos más significativos de toda la producción de Carreño y el que mejor marca la evolución del retrato español en los momentos de afirmación del barroco. La figura del duque, de perfil rómbico y severo traje negro, se ve rodeada de una especie de movimiento envolvente, una espiral de color y cadencia que era impensable en los años anteriores. Velázquez, su inmediato precedente, no había utilizado nunca ese artificio, ni siquiera en los retratos de cazadores al aire libre, siempre más contenido y reposado, incluso en los animales. Carreño aquí, una vez más, funde la tradición veneciana con la avasalladora influencia flamenca, en este caso la de Van Dyck de la etapa inglesa. Si los tonos dorados de la lejanía o del traje del servidor arrodillado, el blanco y azul del caballo, y la unidad tonal del lienzo remiten a Venecia, la pose del modelo y el juego dinámico de sus acompañantes evocan muy directamente los retratos del rey Carlos I de Inglaterra cazador rodeado de servidores, caballos y palafreneros en el espacio de un claro del bosque. El pintor español asimiló perfectamente la elegancia un tanto artificiosa del flamenco, logrando una síntesis de suntuosidad, dinamismo y contención absolutamente personal que le singularizan.

Alfonso E. Pérez Sánchez

Bibliografía

  • Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, Ministerio de Cultura, 1986.
El duque de Pastrana [Carreño de Miranda]
Lupa
El duque de Pastrana [Carreño de Miranda]
 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados