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Eusebi, Luis (Roma, 1773-París, 1829). Es una de las figuras centrales de la primera década de vida del Museo del Prado, y un punto de referencia fundamental para la historia de la bibliografía de la institución, por cuanto fue el autor de los primeros catálogos de la misma. Aunque su relación con el Museo se estableció exclusivamente dentro de los terrenos administrativo y científico, su carrera profesional anterior se vincu­ló al campo de la crea­ción artística. Nació en Roma y allí presumiblemente inició su aprendizaje de la pintura. En torno a 1795 se estableció en Madrid, donde se dedicó a la realización de miniaturas y de escenas para decorar abanicos. Se conocen varios datos sobre esta actividad, que le vinculan fundamentalmente a la Casa ducal de Osuna y a Godoy. Con motivo de la Guerra de la Independencia emigró primero a Sevilla y Cádiz y más tarde a Londres, de donde regresó en 1814, una vez aca­bado el conflicto bélico. Durante los años siguientes solicitó empleo al servicio del rey, y en 1816 consiguió el nombramiento de pintor de cámara sin sueldo. A finales de 1818 pidió a la reina una pensión que le permitiera dedicarse a la copia en pequeño formato de algunos de los cuadros principales de las colecciones reales. En vez de eso, la soberana le nombró conserje del Museo Real, que estaba en pleno proceso de organización. Desempeñó ese cargo desde el 21 de abril de 1819. A partir de entonces, Eusebi centró su actividad profesional en cuestiones relacionadas con la puesta en marcha de la institución y la selección y acopio de obras de los sitios reales, destinadas a ir completando la colección. Una de las tareas principales a las que tuvo que hacer frente fue la redacción de los primeros catálogos. Éstos eran instrumentos imprescindibles para la visita, por cuanto se trataba del medio principal con que contaba el visitante para identificar autores y temas de los cuadros, que por entonces carecían de cartelas. El primer catálogo data de 1819, el mismo año en que se inauguró la institución. Se trata bási­camente de un listado en el que se ­recoge exclusivamente el tema y el autor de los cuadros, y que se encuentra ordenado topográficamente, en función de las tres salas en las que había pinturas. Incluye trescientas once entradas, todas ellas pertenecientes a obras de autores españoles, que fueron aquéllas con las que se abrió el Museo. Es un librito que revela la marcada voluntad de reivindicación nacionalista que está detrás de la apertura del Museo. Dos años después, en 1821, apareció el segundo catálogo, que incluía ya quinientas doce entradas, de las cuales ciento noventa y cinco correspondían a cuadros de escuela italiana, que se habían colocado en la galería central del piso principal. Su estructura y el tipo de información que aporta son similares a la versión anterior. Algo parecido ocurri­ría con el que apareció en 1823, el cual, sin embargo, aporta una notable novedad: fue redactado en francés, lo que se explica por el deseo de que sirviera a los militares que participaron en la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, que llegaron a España ­para apoyar a Fernando VII en sus intenciones de acabar con el régimen liberal constitucional. El catálogo de 1824 introduce varias novedades. El número de cuadros es similar al que aparece en ediciones anteriores, ­pero la información que se aporta sobre ellos y sus autores cambia ligeramente, pues en general se hace más rica. La primera vez que se cita un pintor, se proporcionan sus datos biográficos elementales, como lugar y fecha de nacimiento y muerte y, según los ­casos, maestros con los que se vincula su aprendizaje, alguna circunstancia profesional y escuela pictórica a la que pertenece. Las referencias a los cuadros ya no se acaban siempre con su título, sino que, en algunas ocasiones, se ofrecen explicaciones de carácter iconográfico o se describe la escena; y a veces también Eusebi expresa juicios críticos e introduce adjetivos calificativos. Así, por ejemplo, describe un paisaje que atribuye a Gaspard Dughet: «País que representa una tempestad: el rayo que cae con mucho estrépito en el medio del país ilumina todos los objetos con un efecto admirable; el espanto, el aire borrascoso están expresados admirablemente en el cielo, en las figuras y en los animales, los cuales están pintados por Nicolas Poussin, su cuñado. Cuadrito precioso». En el caso de que la obra haya sido reproducida en estampas vendidas por la Calcografía Real, lo indica. En esos años el Museo estaba en pleno proceso de expansión física y de acopio de obras: cada vez era mayor la superficie del edificio de Villanueva habilitada para la exposición de cuadros y también fue creciendo el número de pinturas que llegaron desde los sitios reales. En 1828 el proceso estaba ya bastante avanzado en lo que se refiere al piso principal, y se creyó conveniente que ese nuevo estado de cosas se reflejara en la edición de un nuevo catálogo. Tuvo versiones en castellano, francés e italiano, lo que demuestra que el Museo era ya una institución con vocación de proyectarse hacia el exterior. Ya no estamos ante un folleto -que era el formato anterior-, sino ante un libro en octava, de 227 páginas, en el que se recogen más de setecientas cincuenta pinturas pertenecientes a las escuelas española, italiana, francesa y alemana. Lo precede una intro­ducción en la que Eusebi proclama el deseo del rey de facilitar a través del Museo la contemplación de las obras de arte a toda la sociedad, y en la que describe las normas de funcionamiento de la galería. El catálogo supone un importante avance en la misma línea que ya se apuntó respecto al de 1824. Es decir, aumentan extraordinariamente los comentarios que le merecen las obras. Se explaya sobre todo en explicaciones narrativas o iconográficas y en juicios críticos, aunque apenas maneja información de carácter histórico. En el caso de artistas y obras contemporáneos utiliza con frecuencia fuentes vivas. Así, la descripción de La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos, de José de Madrazo le fue comunicada por su autor, y las noticias biográficas sobre Carnicero o Mariano Sánchez las conoció a través de sus familias. Igualmente, Goya o Vicente López se encargaron de hacerle un resumen de su vida. La insistencia en los comentarios críticos personales otorga a la obra de Eusebi bastante interés, y es una muestra de los baremos que se utilizaban entonces para juzgar las obras de arte. Se trata de un crítico todavía clasicista, y como tal no esconde su extraordinaria atracción por Rafael. Pero al mismo tiempo es capaz de apreciar los valores de artistas cuya obra supuso una alternativa al clasicismo italiano, ­como algunos de los españoles. Los comentarios que dedica a Velázquez y Murillo son certeros y elogiosos, y constituyeron un buen instrumento para que los extranjeros que llegaron a Madrid supieran apreciar el valor de su pintura. En muchos casos, el catálogo de Eusebi les proporcionaría los primeros juicios estéticos sobre unas obras y unos artistas hasta entonces apenas conocidos. Además de estos catálogos, Eusebi fue autor de, al menos, dos obras más sobre pintura. Su Ensayo sobre las diferentes escuelas de pintura se publicó en 1822 y constituye una introducción ligera y sin muchas pretensiones a la historia de este arte. Es útil para conocer el pensamiento ­estético de su autor. Cuatro años ­después firmó el manuscrito Llave ­para la introducción al conocimiento de los cuadros que posee el rey N.S. de las escuelas Flamenca, Olandesa y ­Alemana, para la ilustración de los mismos, indagar el autor de cada uno de ellos, clasificarlo para su colección, y para la formación del catálogo del ­Real Museo de Pinturas…, que guarda la Fundación Lázaro Galdiano, y cuyo contenido queda bien explicitado en su título. Tanto ­éste como el escrito anterior tienen el interés de que nos muestran hasta qué punto Eusebi, una vez que inesperadamente fue nombrado conserje del Museo, se ­tomó en serio sus nuevas responsabilidades y trató de sistematizar unos conocimientos de historia de la pintura que le permitieran afrontar con garantías el estudio y la clasificación de las colecciones. Desde 2006 el Museo conserva un abanico pintado por Eusebi, una de las escasas muestras que se tienen de su arte.

Javier Portús Pérez

Obras

  • Abanico de boda, marfil y pergamino, 24 x 44 cm, h. 1790, [O2937].

Bibliografía

  • Beroqui, Pedro, El Museo del Prado. Notas para su historia. Vol. I. El Museo Real, 1819-1833, Madrid, Gráficas Marinas, 1933.
  • Espinosa Martín, Carmen, «Luis Eusebi (1773-1829), pintor miniaturista y primer conserje del Museo del Prado», Goya, n.º 285, Madrid, 2001-2002, pp. 332-338.
  • Pardo Canalís, Enrique, «Dos dibujos de Eu­sebi», Goya, n.º 83, Madrid, 1967-1968, pp. 331-332.
  • Pardo Canalís, Enrique, «Noticias y escritos de Luis Eusebi», Revista de Ideas Estéticas, XXVI, Madrid, 1962, pp. 179-200.
 
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