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Fábulas de Velázquez: Mitología e Historia sagrada en el Siglo de Oro, Las [exposición 2007]
20 de noviembre-24 de febrero de 2008.
Comisario: Javier Portús.
Obras: 52.
Catálogo: Javier Portús, «Velázquez, pintor de historia. Competencia, superación y conciencia creativa», pp. 14-71; Ángel Aterido, «La cultura de Velázquez: lectura, saber y red social», pp. 72-93; Vicente Lledó, «Sevilla del Siglo de Oro: ortodoxias y heterodoxias», pp. 95-113; José Luis Colomer, «De Madrid a Roma: 1630. Velázquez y la pintura de historia», pp. 133-159; Grabiele Finaldi, «Pintura y devoción», pp. 175-189; Fernando Bouza, «Pícaros modernos y filósofos antiguos de la corte de Felipe IV. Tres risas, dos remedos y un gesto», pp. 203-229; Peter Cherry, «Velázquez y el desnudo», pp. 241-269; Javier Portús, «Historias cruzadas (meninas, hilanderas y una fábula musical», pp. 279-299.
La exposición mostró la labor de Velázquez como autor de escenas relacionadas con la historia sagrada y la mitología, un aspecto numéricamente menor dentro de su carrera, pero de gran importancia dadas la extraordinaria calidad de todas ellas y la gran originalidad que alcanzó en estos campos. A través de esos temas Velázquez abordó una amplia gama de problemas expresivos, formales y conceptuales a los que apenas pudo enfrentarse en su pintura de retrato. Para mostrarlo, se reunieron veintisiete obras pertenecientes a todos los periodos de su carrera, y que procedían de instituciones como la National Gallery de Londres, el Meadows Museum de Dallas, Patrimonio Nacional, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Museo Diocesano de Orihuela, el Art Institute de Chicago o la National Gallery de Dublín, además del propio Museo del Prado. El estudio de la pintura religiosa y mitológica de Velázquez no puede llevarse a cabo sin tener en cuenta los intereses creativos de sus colegas contemporáneos o los modelos en los que buscó inspiración. Por ello, se incorporaron una serie de pinturas y esculturas, realizadas por diecisiete artistas diferentes, que permitían trazar el contexto creativo en el que trabajó. Entre ellas, figuraron esculturas de Martínez Montañés y Gregorio Fernández, pinturas de autores anteriores como Tiziano y Caravaggio, obras de los grandes artistas españoles de su generación y la anterior, como El Greco, Ribera, Alonso Cano y Zurbarán; y piezas de los principales pintores extranjeros en activo cuya obra conoció y en algún caso le influyó, como el flamenco Rubens, los franceses Poussin y Claudio de Lorena o los italianos Guercino, Guido Reni o Máximo Stanzione. Los cuadros de Velázquez se agruparon en varias secciones siguiendo un criterio cronológico, en cada una de las cuales aparecían obras de otros artistas, con lo que se creaba un triple discurso simultáneo: el de los intereses temáticos del pintor en un momento determinado de su carrera, el de la evolución de su estilo y de su técnica narrativa, y el de los modelos a su alcance y las inquietudes de sus colegas. Esas secciones fueron: «Sevilla: religión y vida cotidiana», que presentaba la pintura religiosa que Velázquez realizó antes de su asentamiento definitivo en la corte, en 1623, e incluía obras de Beuckelaer, El Greco y Martínez Montañés. «Mitología y realidad: Los borrachos», que tuvo como protagonista este cuadro de tema báquico, el cual se expuso junto con obras de Caravaggio, Ribera y Stanzione. «El horizonte romano» que mostró La fragua de Vulcano y La túnica de José (Patrimonio Nacional), cerca de pinturas de Reni, Guercino y Poussin. «Devoción y meditación» que tuvo como tema la pintura religiosa que realizó tras su vuelta de Italia y que se acompañó con la de varios artistas españoles, que se dedicaron a la imagen religiosa, como sus amigos Zurbarán y Alonso Cano, o el escultor Gregorio Fernández. Las dos siguientes secciones de la exposición «El desnudo» y «La filosofía y la historia» reunieron obras realizadas a partir de mediados de la década de 1630, cuando Velázquez hizo una reivindicación radical de los valores cromáticos. En ese camino fue fundamental la influencia de Tiziano y Rubens, que estuvieron presentes con varios de sus cuadros. En la última sección, «El telar de la fábula», se presentó Las hilanderas, una de las obras de Velázquez más sofisticadas y ambiciosas desde el punto de vista narrativo. El montaje que se hizo para la ocasión mostraba al visitante la parte del cuadro que pintó Velázquez, ocultando los añadidos del siglo XVIII.

J. P.

 
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