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Ford, Richard (Londres, 1796-Heavitree, Inglaterra, 1858). Escritor británico. Residió en España durante tres años, de 1830 a 1833, por motivos de salud de su esposa, pasando los inviernos en Sevilla y los veranos en la Alhambra de Granada, pero también hizo largos viajes por España, y visitó Madrid y el Real Museo. De nuevo en Gran Bretaña llegó a ser la autoridad más conocida en su país en lo tocante a España y su cultura gracias a los artículos que escribió para The Quarterly Review y otras revistas; el que dedicó a Velázquez (1843) fue el primer estudio sobre ese artista escrito en inglés. En 1845 se publicó su muy completo Handbook for Spain, uno de los libros más influyentes que se hayan escrito en inglés sobre España. La mezcla de sentimientos que Ford manifestaba en él -fascinación por la cultura de España, especialmente por sus diferencias con otras partes de Europa, y desprecio por su atraso- se repetiría en muchos otros autores del mundo anglófono que siguieron sus pasos. A pesar de sus prejuicios, sin embargo, el Handbook sigue siendo apreciado por su inigua­lable combinación de humor, polémica e información. Durante su estancia en España Ford llegó a ser un fino entendido y coleccionista de arte español. Su gran afición y considerables conocimientos se reflejan en los comentarios del Handbook sobre arte. Pero en el tiempo transcurrido entre su regreso a Gran Bretaña en 1833 y la publicación del Handbook en 1845 muchas obras de arte cambiaron de paradero, como consecuencia de la desamortización de los conventos y otros sucesos. Ford no volvió a España y no conoció los museos que entonces se crearon, como el Museo Nacional de la Trinidad, aunque en su libro describió el contenido de los mismos y de hecho había visto muchas de las obras en sus emplazamientos originales. La sección del Handbook dedicada al Real Museo proporcionaba una guía de sus distintas salas que en gran parte era una simple enumeración, pero Ford también comentaba, con cierto detalle, los artistas y las obras que consideraba importantes. Indicaba, asimismo, la disponibilidad de gra­bados o litografías de los originales, y señalaba incluso qué pinturas se habían traído de El Escorial en 1837, aunque es obvio que él no las había visto en su nueva ubicación. Se mostraba crítico hacia el catálogo de 1843 del Real Museo y el libro de Louis Viardot Musées d'Espagne del mismo año, pero parece haber confiado en ellos para actualizar sus datos. Según Ford las luminarias del Museo eran Rafael, Tiziano, Murillo y en particular Velázquez, ya que los tres primeros se podían apreciar en otros lugares. De Rafael admiraba Sagrada Familia, llamada «la perla», aunque lamentaba las circunstancias en que la adquirió Felipe IV, en la almoneda de la colección del decapitado Carlos I de Inglaterra. Otras obras de Rafael, sin embargo, incluida Caída en el camino del Calvario, «el pasmo de Sicilia», a su juicio habían sido arruinadas por los restauradores franceses cuando se trasladaron a París durante la Guerra de la Independencia. También pensaba que el cuadro El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg, de Tiziano, «la mejor estampa ecuestre del mundo», había quedado dañado por la limpieza reciente, pero elogiaba La bacanal de los andrios, que le parecía superior a Baco y Ariadna del mismo autor en la National Gallery londinense. De Velázquez declaraba que había elevado la pintura de retratos a la altura de la pintura de historia, y que nadie, ni siquiera Tiziano, había sabido pintar mejor las mentes de los hombres. Afirmaba, no obstante, que a sus obras, como a las de Murillo, les faltaba el idealismo del arte italiano. Así, en el cuadro La fragua de Vulcano, de Velázquez, el dios Vulcano era «un simple campesino gallego», mientras que en La descensión de la Virgen para premiar los escritos de san Ildefonso, de Murillo, los ángeles no eran «más que modistillas, y el santo un sastre frailuno». El único otro artista español cuyas obras glosaba Ford con detenimiento era José de Ribera, cuya «repulsividad implacable y dureza de carácter» le desa­gradaban. Ford tenía ideas firmes y espíritu polémico. El Handbook refleja su hostilidad a los franceses, así como su resquemor hacia los españoles que por un testarudo orgullo (que él califica de «españolismo») se negaban a re­conocer el importante papel que los británicos habían desem­peñado en la Guerra de la Independencia. De hecho la impresión del texto original se suspendió por miedo a las reacciones que sus comentarios podían suscitar en España y Francia. Pero esas opiniones siguen siendo transparentes en el texto suavizado que se publicó, y llegan a teñir sus juicios en materia artística. Ford ataca el estilo neoclásico de artistas modernos como José de Madrazo, nombrado director del Museo en 1838, cuyas obras se exhibían entonces en la sala central. Asocia el neoclasicismo con la influencia perniciosa de los franceses en España, a la vez que detesta el «españolismo» de los cuadros de historia de José Aparicio e Inglada. De los pintores modernos declara que el único de talento es Goya, cuyo estilo representa para él un rechazo del neoclasicismo. Ford también culpaba a Madrazo, entre otros, por la política de limpieza del Museo, en la que, según él, se había declarado tal «guerra al cuchillo» (sic) a las pinturas españolas que «apenas ha quedado un Murillo puro en toda la colección». A su vez, Madrazo arremetía contra él por su «diluvio de mentiras» en el prólogo a la edición de 1850 del catálogo del Real Museo, protestando porque des­de que él era director «no se ha restaurado un solo cuadro de escuela española, según consta de los registros que escrupulosamente se llevan en la secretaría». Los registros que menciona Madrazo se han perdido, pero parece que Ford se refería a cuadros restaurados tanto en la época de su estancia en España en 1830-1833, antes de la dirección de Madrazo, como después, cuando tuvo que fiarse de las noticias que le daban otros que habían estado en Madrid. Sus acusaciones de que muchas de las pinturas se habían dañado al restaurarlas fueron aceptadas y repetidas por muchos otros escritores en lengua inglesa, entre ellos William Stirling.

Hilary Macartney

Bibliografía

  • Alberich, José, «Richard Ford o el hispanista hispanófobo», Archivo Hispalense, clxxviii, 1975, pp. 103-131.
  • Archivos del Museo del Prado, Caja 77, Registros de restauración.
  • Bean, Thomas, «Richard Ford as Picture Collector and Patron in Spain», The Burlington Magazine, Londres, febrero de 1995, pp. 96-107.
  • Ford, Brinsley, Richard Ford en Sevilla, Madrid, Instituto Diego Velázquez, csic, 1963.
  • Ford, Richard, Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home [1845], reimpresión de la 1.ª edición, Ian Robertson (ed.), 3 vols., Carbondale, South Illinois University Press, Centaur Classics, 1966.
  • Ford, Richard, «Life of Velazquez» [1843], Richard Ford in Spain, Denys Sutton y Brinsley Ford, Londres, Wildenstein, 1974, pp. 37-43.
  • Gretton, John R., «Richard Ford and the Hand­book for Spain», Antiquarian Book Monthly, mayo de 1995, pp. 20-24.
  • Madrazo, Pedro de, «Prólogo», Catálogo de los cuadros del Real Museo de pintura y escultura de s.m. [1843], Madrid, 1850.
  • Richard Ford in Spain, cat. exp., Londres, Wildenstein, 1974.
  • Viardot, Louis, Les Musées d'Espagne, d'Angle­terre et de Belgique, París, 1843.
 
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