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Fragua de Vulcano, La [Jacopo Bassano]
Hacia 1577, óleo sobre lienzo, 250 x 407 cm, inscripciones: ángulo inferior izquierdo «880» en rojo (hace referencia al número de inventario del catálogo del Prado de los años 1843-1858) y «544» en blanco [P5263].
La fragua de Vulcano es, sin duda alguna, una pintura que destaca por su complejidad en el marco de la producción de Jacopo Bassano y de su taller en el periodo más cercano al traslado de Francesco Bassano a Venecia. En primer lugar debemos subrayar que el cuadro se inscribe en un género, la pintura mitológica, poco practicado por los Bassano y limitado a un número muy restringido de temas, como, por ejemplo, El rapto de Europa o La muerte de Acteón (Rearick). En el caso particular de La fragua de Vulcano tenemos que distinguir entre las representaciones de este tema iconográfico que se catalogan en el marco de las llamadas series de los cuatros elementos, como, por ejemplo, la del John and Mable Ringling Museum of Art de Sarasota, Florida, y las que hacen referencia directa y única al episodio mitológico, como en el caso del cuadro del Prado. En esta pintura aún está por determinar con precisión si estamos asistiendo al momento en que Venus se acerca a la fragua en busca de las armas de Eneas o al momento en que Vulcano, junto con los cíclopes, está forjando las flechas de Cupido. Si a favor de la primera interpretación acuden sus referencias alegóricas, alusivas a la necesidad del príncipe virtuoso de armarse física y espiritualmente contra sus enemigos, a favor de la segunda se decanta el papel marginal que la composición otorga a Venus y la centralidad atribuida a Cupido (Orso). Tampoco consigue aclarar la cuestión de la ubicación «histórica» de la pintura en el salón de los espejos del Alcázar, donde, quizá solo por la similitud de medidas, se emparejó con el Cristo entre los doctores (Falomir). Evidentemente, y a pesar de no tratarse de uno de los géneros en el que más solía destacar, Jacopo Bassano aceptó el reto de medirse con los grandes maestros, como Tiziano, Tintoretto y Veronés, realizando una pintura mitológica a su manera. De esta forma la escena se llena de elementos aparentemente «realistas» y de personajes lejanos de cualquier posible definición propia de la divinidad, quizá con la única excepción de Cupido. Una estrategia que si, por un lado, complica la interpretación iconológica de la pintura, por otro, la inscribe perfectamente en el proceso de simplificación del lenguaje figurativo promovido por Bassano en su pintura religiosa. Un género donde, detrás de la aparente accesibilidad de las imágenes gracias a su tono íntimo y sencillo, se esconde una renovación de los abanicos semánticos (Bortolotti). Una analogía en la forma de utilizar los lenguajes formales que corresponde al proceso de evolución en los contenidos ofrecidos por la pintura de Jacopo. Desde el punto de vista exclusivamente estilístico, La fragua de Vulcano, a pesar de ser una obra conocida y citada por las fuentes antiguas, solo en años muy recientes (hacia 1988 y por obra de Ballarin) fue restituida a la casi total autografía de Jacopo en su última etapa. Este estudioso consigue leer en el cuadro una personal reflexión del artista sobre las contemporáneas pinturas de Tiziano y Tintoretto. Sin duda asistimos a un intento de interpretar el particular estilo del último Tiziano, aunque exaltando unos matices en los que el non-finito sirve para disimular lo que en la España del siglo de oro se conocerá como pintura de «borrones y manchas». Jacopo deja sus figuras solo aparentemente sin acabar mediante un sabio uso de las características propias de la materialidad de la pintura en las que los empastes de colores y las texturas de las cromías determinan un estilo complejo en el que coexisten declinaciones muy diferentes del mismo lenguaje. Declinaciones que solo una lectura atenta de la obra consigue distinguir. En este sentido y a título de ejemplo, pueden compararse la manera limpia y cristalina con la que Jacopo pinta el cielo azul, en el que las gamas y tonalidades de este color son capaces de definir perfectamente la profundidad del espacio y su consistencia, con la densidad de la materia cromática de la que toman forma el fuego y su aéreo movimiento hacia lo alto en el centro de la fragua. Una forma de pintar que no solo produce un extraordinario efecto de luz en la cara del joven herrero de la derecha, sino que pone el cuadro en relación directa con la pintura de El Greco y, en concreto, con el tema del «soplón». Los estudios radiográficos, realizados con ocasión de la exposición en el Prado del año 2000, han revelado algunos cambios de composición, entre los que destacan la postura originariamente más elevada de Cupido y la del joven que recoge algunas monedas (o quizá medallas). El hecho de que justo estas figuras presenten variaciones importantes consigue replantear el problema de las atribuciones en el taller de los Bassano. Porque si algunos personajes recuerdan a tipos que con facilidad encontramos en las pinturas de Bassano, algunos detalles remiten directamente a obras concretas. Así, si la cara de perfil de la Venus se asemeja de forma impresionante a la de la Virgen de El santo moro y san Roque a los pies de la Virgen (1576, Museo Civico, Bassano del Grappa), la comparación entre la manera de pintar las alas de Cupido en el cuadro del Prado y la forma en que Leandro ­Bassano realiza las del ángel en el Entierro de Cristo (Museo Civico, ­Bassano del Grappa) resulta también muy significativa, además los rasgos de la cara y la postura de este ángel se acercan a los del ya citado joven que cuenta las monedas.

Matteo Mancini

Bibliografía

  • Ballarin, Alessandro, «Jacopo Bassano», Jacopo Bassano, cat. exp., Bolonia, Nuova Alfa Editoriale, 1992, pp. clxxxix-cciii.
  • Bortolotti, Luca, «Prologomeni alla riflessione sul significato della scena di genere nella produzione di Jacopo Bassano», Venezia Cinquecento, 18, Roma, 1999, pp. 137-171.
  • Los Bassano en la España del siglo de oro, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2001.
  • Orso, Steven N., Philip IV and the Decoration of the Alcázar of Madrid, Princeton, Princeton University Press, 1986, pp. 100-102.
  • Rearick, W. Roger, «Vita e opere di Jacopo dal Ponte, detto Bassano c. 1502-1592», Jacopo Bassano, cat. exp., Bolonia, Nuova Alfa Editoriale, 1992, pp. lvii-clxxvii.
La fragua de Vulcano[Bassano]
Lupa
La fragua de Vulcano[Bassano]
 
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