Enciclopedia online

Goya en tiempos de guerra [exposición 2008].
15 de abril - 13 de julio.
Comisaria: Manuela B. Mena Marqués.
Obras: 192.
Catálogo: Manuela B. Mena Marqués, «El Joven viajero», pp. 17-29; Juliet Wilson-Bareau, «’Aprende a ver’. Hacia un mejor entendimiento del inventario de 1812 y de la obra de Goya», pp. 31-53; José Manuel de la Mano, «Goya intruso. Arte y política en el reinado de José I (1808-1813) », pp. 55-77; Janis Tomlinson, «En busca del Héroe. Goya y Géricault», pp. 83-97; José Luis Díez, «’Nada sin Fernando’. La exaltación del Rey deseado en la pintura cortesana (1808-1823)», pp. 99-123.
La exposición, que fue la contribución del Museo del Prado a las celebraciones del 200 aniversario del alzamiento popular contra el ejército francés del 2 de mayo de 1808, rebasó sus límites cronológicos y abarcó más de veinte años de la vida de Goya, entre 1794 y 1819, en los que el artista utilizó sin jerarquías todos los medios artísticos a su alcance con la misma capacidad expresiva, intensidad emocional y maestría técnica. La exposición se iniciaba después de la enfermedad del artista en 1793, a causa de la cual quedó sordo, y en el año decisivo de su regreso a Madrid, cuando quiso comenzar una actividad independiente alejándose de los dictados de la clientela. Arrancó este periodo con una serie de cuadros de gabinete; la serie de pinturas sobre hojalata que Goya presentó a la Academia de San Fernando en 1794, y culminó con la publicación de los aguafuertes de los Caprichos en 1799. De los retratos, centrados en la clientela privada, destacaban los de La duquesa de Alba de blanco, Jovellanos, El duque de Alba, La Tirana o El general Urrutia. En los cuadros de género, como la serie de hojalatas, o Los Salvajes (Besançon) y los Asuntos de Brujas, que pintó para los duques de Osuna, trasmutó la amable pintura de gabinete en escenas que tenían una carga moral y crítica nueva. En lo relativo a la pintura de carácter religioso, se expuso una de sus grandes obras, El Prendimiento, de la catedral de Toledo. Esa primera «escena» se cerraba con ejemplos de los dibujos de los Álbumes de Sanlúcar y de Madrid, los Caprichos, y la Maja desnuda. La segunda «escena» estudiaba la actuación de Goya en la corte de Carlos IV. Se mostró El Retrato de la Familia de Carlos IV, rodeado de otros retratos de personajes cercanos al poder. Los años de la guerra formaron el núcleo central de la exposición, con los dos cuadros estrella: El dos y El tres de mayo, que volvían a exponerse tras su restauración. El Retrato de Fernando VII a caballo, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de 1808, daba entrada en la exposición a la guerra. Una parte importante de esta «escena» estaba dedicada a la actividad privada del artista con obras que se quedaron en su taller, como los dos cuadros que figuraban en su inventario en 1812, Jóvenes al Balcón, reunidos por primera vez desde el siglo XIX, así como dibujos de su Álbum C. Sobresalían los retratos de carácter privado de sus consuegros, del matrimonio Goicoechea, y de su nieto, Mariano Goya, de cuerpo entero y jugando con un carretón, que no se había expuesto desde 1928. Asimismo, se reunió la casi totalidad de los bodegones de ese momento, junto a la serie del Marqués de la Romana. Los Desastres de la guerra, expuestos en pruebas de estado, así como el volumen completo que Goya regaló a su amigo Ceán Bermúdez, hoy en el British Museum, y dibujos preparatorios de la colección del Prado, completaron el arte de Goya hasta 1814. La última «escena», coincidía con el regreso de Fernando VII. Se abría en 1814 una nueva etapa creativa llena de la misma actividad que había caracterizado toda su producción en la que llevó a cabo los Álbumes de dibujos C, G, E y E de bordes negros, los Desastres de la Guerra, los Caprichos enfáticos, la Tauromaquia e inició los Disparates, además de empezar, hacia 1818, a experimentar con la litografía. A ese mundo de creación, se unían algunas de pinturas de gabinete, como las cuatro tablas con escenas de toros, inquisición, manicomio y la procesión de disciplinantes, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, a las que se unía el Baile de máscaras. Se mostraron además retratos posteriores a la guerra, como el Retrato de Fernando VII con manto real. La exposición se cerraba con el último encargo público que recibió Goya: La última comunión de San José de Calasanz, de 1819.

 
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