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Hernández Gil, Dionisio (Cáceres, 1934) y Rafael Olalquiaga Soriano (Bilbao, 1939). Dionisio Hernández Gil se tituló como arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1962. Ganó el premio de Roma en 1963 y fue pensionado en la Academia de España en Roma (1963-1964). Fue profesor de análisis de formas de la Escuela de Arquitectura de Madrid de 1965 a 1969. En 1979 fue nombrado inspector general de Monumentos de la Dirección General de Bellas Artes, siendo luego el primer subdirector general de Restauración de Monumentos (1981-1983), más tarde director general de Bellas Artes (1983-1986) y después primer director general del Instituto de Restauración y Conservación del Patrimonio Cultural, organismo creado por su iniciativa. En el desempeño de estos sucesivos cargos diseñó y gestionó una nueva y modernizada política de restauración y protección de los monumentos españoles, de trascendentes y conocidos resultados. Ejerció la profesión en edificación y sobre todo en restauración de monumentos, destacando en su obra la restauración del convento de San Benito (Alcántara, Cáceres), donde realiza muy interesantes obras en 1964-1965, modelo de restauración moderna, y en 1984-1985. Fue el autor de la transformación del convento de San Juan de Dios en Mérida para Asamblea de Extremadura (1984-1985) y ganó en 1999 (con Francisco Fernández Longoria) el concurso para la realización del Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo. Rafael Olalquiaga se tituló como arquitecto por Madrid en 1963. De 1964 a 1995 trabajó de continuo con los arquitectos Ramón Vázquez Molezún y José Antonio Corrales, rea­lizando con ellos numerosos proyectos y obras, frecuentemente mediante concursos premiados. De 1995 a 1997 colaboró con Dionisio Hernández Gil y a partir de 1997 formó Olalquiaga Arquitectos, habiendo triunfado en algunos concursos. Hernández Gil y Olalquiaga ganaron en 1995 el concurso restringido para la remodelación de las cubiertas del Museo del Prado, y fueron finalistas en el concurso internacional para la ampliación del mismo Museo (1996). La importante obra de la reforma general de las cubiertas (1996-2001) fue felizmente realizada, debiendo destacarse que se hizo a museo abierto, y que además de cons­truir una nueva cubierta de plo­mo, restituyendo las formas originales de Villanueva y resolviendo la luz cenital, incluyó también la reforma general de la planta ático de los pabe­llones de Goya y de Murillo, habien­do ordenado en ella unos 4 000 metros cuadrados de nuevas salas, así como la recuperación de la sede del Patronato en la parte superior de la entrada de Velázquez. Esta obra significó, además de lo dicho, una importante valoración formal del edificio de Villanueva.

Antón González-Capitel

 
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