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Huerta de la Ribera y Palacio Real de Valladolid. Entre 1601 y 1606 la corte de Felipe III abandonó Madrid y se instaló en Valladolid por impulso del duque de Lerma, valido del rey. Como los antiguos palacios reales en aquella ciudad habían sido cedidos para fundaciones religiosas, fue necesario crear uno nuevo, mediante la compra de varios edificios que se fusionaron. El principal de ellos era el construido por Luis de Vega para Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, y donde el propio emperador y Felipe II habían morado a su paso por allí. El edificio albergó la Chancillería y la Audiencia desde la época de Carlos III hasta que en el siglo XIX fue ocupado por la Capitanía General, y se conserva, excepto la fachada que fue reedificada. No ocurrió lo mismo con la «villa» suburbana que los reyes disfrutaban junto al Pisuerga, y que por su situación se denominaba la Huerta de la Ribera. Los cuadros con los que Felipe III hizo decorar el palacio y, sobre todo, su casa de campo en la Ribera, eran más numerosos que buenos. Los conservados en la Huerta ascendían a cuatrocientos ochenta según el inventario realizado a la sazón que incluye como autores a Tiziano, Veronés, Sarto, Jacopo Bassano, Sánchez Coello, Moro, El Bosco; pero, como dice el propio Madrazo, «merece muy poca fe un inventario como éste, tan bárbaramente redactado y con tan crasa ignorancia de los nombres de los autores». Por otra parte, aparecen en él obras pictóricas encargadas a los artífices italianos contratados por la corte española, como Antonio Ricci o Vicente Carducho, cuya serie de «ciento una cabezas de emperadores» para esa Casa Real, tal debía ser que no ha dejado vestigio ni recuerdo, pues su entidad estribaba en su carácter programático y decorativo. El mayor valor pictórico de la estancia vallisoletana de la corte fue la presencia de Rubens, enviado por el duque de Mantua con un lote de pinturas para el rey y para el valido en 1603. El pintor se llevó una pobre idea de los pintores españoles, pero dejó una honda sensación en el círculo español de aficionados. Pintó aquí dos cuadros de Heráclito y Demócrito, con los que suplió la falta de otros dos estropeados durante el viaje, y también el Retrato ecuestre del duque de Lerma, realizado en la Ventosilla, hacienda del duque donde Felipe III solía ir para ver la brama de los venados.

José Luis Sancho

 
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