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Enciclopedia online

Iriarte, Bernardo de (Puerto de la Cruz, 1734-Burdeos, 1814) y Tomás de (Santa Cruz de Tenerife, 1750-Madrid, 1791). Pese a su compromiso científico y a la protección estatal de la que gozan, las primeras academias creadas en España (1713, Real Academia Española; 1738, Real Academia de la Historia; 1744, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada oficialmente con tal nombre en 1752) suscitaron ciertas críticas en las que se cuestionaba su eficacia. El afán por desarrollar los conocimientos útiles, que sería característico de la Ilustración, aparece ya en tiempos de Felipe V, manifestándose claramente en el proyecto de academia general ideado hacia 1750-1752 por el literato Ignacio Luzán, por encargo del ministro Carvajal y Lancaster. La Academia de Ciencias y Artes proyectada por Luzán refundiría la Real Academia Española y la de la Historia, incluyendo además una sección de Filosofía y otra de Matemáticas. Otro aspecto destacado del plan es la figura del «académico pensionario», remunerado. Sin embargo, no se lleva a cabo este plan, como tampoco se concreta el proyecto de una Sociedad Real de Ciencias elaborado por tres destacados científicos, en 1753, por encargo del marqués de la Ensenada (poderoso ministro de Fernando VI). En 1779, el conde de Floridablanca (primer secretario de Estado desde 1776), convencido por Bernardo de Iriarte, entonces oficial mayor de la primera Secretaría de Estado (y académico de honor de San ­Fernando desde 1774), de la utilidad de establecer una academia de ciencias, confía a Tomás de Iriarte (hermano de Bernardo, ya famoso en el mundo de las letras) la tarea de redactar un plan. El proyecto elaborado por Tomás de Iriarte en su «Plan de una Academia de Ciencias y Bellas Letras» divide el establecimiento proyectado en dos secciones: Ciencias y Buenas Letras. Aunque domina la parte científica desde un punto de vista numérico (veintiséis individuos frente a los doce que componen la sección de Buenas Letras), cabe puntualizar que Iriarte incluye las Artes liberales (que no las mecánicas) en las Ciencias. Iriarte insiste en la conveniencia ­para el Estado de proteger a los escritores y remunerar a los «estudiosos», y en el papel de control que podría ejercer esta academia mediante la censura. Este plan no convence a Floridablanca, proba­blemente más interesado en la ­creación de un establecimiento exclusivamente científico y que va a impulsar, con esta intención, la construcción del edificio que se convertirá posteriormente en el Museo del Prado. No tiene más éxito Bernardo de Iriarte (viceprotector de la Academia de San Fernando desde 1792) cuando, en 1796, vuelve a presentar el mismo proyecto a Godoy.

Pierre Géal

Bibliografía

  • Cotarelo y Mori, Emilio, Iriarte y su época, Madrid, Imp. Sucesores de Rivadeneyra, 1897.
  • Rumeu de Armas, Antonio, Origen y fundación del Museo del Prado, Madrid, Instituto de España, 1980, pp. 15-31.
 
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