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Jardín Botánico de Madrid, Real. En 1713 Luis Riqueur, boticario francés venido de Francia acompañando a Felipe V, sembró un pequeño jardín de plantas medicinales en la Huerta del Soto de Migas Calientes, situada a orillas del Manzanares en Madrid, del que hizo donación a Luis I a instancias de José Ortega. Fernando vi, por una real orden de octubre de 1755, ordenó la creación de un Real Jardín Botánico en esta misma huerta, pero la vida de la ciudad había ido evolucionando, el centro se desplazaba y la gran importancia que las ciencias botánicas estaban adquiriendo, justificaba su ubicación en las Huertas del Prado viejo de Atocha, viniendo a reforzar la idea de Carlos III de la «colina de las ciencias». Por real resolución, Carlos III decidió el traslado del antiguo jardín de Migas Calientes al Prado Viejo. El rey siguió todo el proceso de su creación y Francisco Sabatini redactó el primer proyecto del jardín dándole una figura trapezoidal, y a la muerte de Sabatini, continuó las obras Villanueva. El complicado y barroco proyecto anterior se simplificó, y ganó en claridad y orden. La distribución botánica se hizo según indicaciones de Casimiro Gómez Ortega, primer catedrático y director. Ilustres bo­tánicos y naturalistas como Anto­nio José Cavanilles, Francisco Antonio Zea, Claudio Boutelou fueron sus directores y profesores. En 1859 se modificó la terraza alta o «plano de la flor» cambiándose su trazado y colocándose en su centro un estanque ovalado con un busto en bronce dedicado a Linneo. Se encargaron cuatro esculturas de ilustres botánicos: José Quer, Simón de Rojas Clemente, Mariano Lagasca y Antonio José Cavanilles que se colocaron en el paseo alto de Gómez Ortega. El jardín sufrió distintas transformaciones y se acomodó a la moda isabelina. Siendo director Miguel Colmeiro, ilustre historiador botánico, se segregó una parcela del jardín para construir la Escuela de Artes y Oficios. En 1886 un fuerte ciclón derribó quinientos sesenta árboles. En 1893, se abrió la llamada Cuesta de los Libreros -calle de Claudio Moyano- perdiéndose doscientos setenta árboles y una parte del cuerpo principal del jardín. Hacia 1930 se levantó una nueva planta sobre el llamado «Pabellón Villanueva». La brillante actividad botánica del Jardín se detuvo durante la Guerra Civil. En octubre de 1942 fue declarado Jardín Artístico. En 1951 hubo un intento de utilizar el jardín como ampliación del Museo del Prado, pero el rechazo popular y de diver­sas instituciones obligó a desechar el proyecto. En 1969 se levantó en la zo­na norte, un nuevo edificio para biblio­teca, laboratorio, archivo y colecciones. El Jardín subsistió con grandes apuros económicos, obligando al fin a cerrarlo al público en 1974. En 1978 se inició su restauración por los arquitectos José Ignacio Otamendi Rueda y, a su fallecimiento, Guillermo Sánchez Gil y el paisajista Leandro Silva. A Antonio Fernández Alba se debe la recuperación del pabellón de invernáculos y cátedra de Cavanilles. En el trazado del Jardín, se volvió al proyecto original. Se recuperaron plantaciones y se decidió un nuevo orden botánico. El jardín fue inaugurado oficialmente por ss.mm. los reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, en diciembre de 1981, coincidiendo con el bicentenario de su fundación. El Jardín Botánico posee una importante biblioteca y unos herbarios de gran valor internacional, donde se recogen las colecciones pertenecientes a la época de las expediciones científicas de ultramar en los siglos XVIII y XIX, cuyo conjunto sobrepasa el millón de pliegos. El material de la expedición de José Celestino Mutis a Nueva Granada comprende una excepcional colección de seis mil láminas y seis mil cuatrocientos noventa pliegos de herbario que son en su conjunto una de las joyas de la iconografía mundial.

Carmen Añón

Bibliografía

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  • Diego Calonge, F., El Real Jardín Botánico de Madrid, Madrid, Ayuntamiento, 1989.
  • Gómez-Centurión, P., Real Jardín Botánico de Madrid. Un jardín ilustrado, Madrid, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid y Barcelona, Lunwerg Editores, 1999.
  • Gredilla, Apolinar Federico, Jardín Botánico de Madrid, su origen, importancia científica y relaciones internacionales, Madrid, R. Velasco, 1911.
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