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Enciclopedia online

Magdalena penitente [Pedro de Mena]
1664, madera policromada, 171 x 52 x 61 cm, firmada en tres caras de la base: «PETRVS D MENA (frente) FECIT ANNO 1664 (derecha) GRANATENSIS MALACE (izquierda)» [E577].
Realizada por el escultor durante su etapa en Málaga, fue destinada a la casa profesa de los jesuitas de Madrid, de donde pasó a las Salesas Reales y, tras los acontecimientos de 1868, al Museo Nacional para ingresar en el Prado en 1921. En 1933, al ser convertido el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid en Museo Nacional de Escultura, la obra fue depositada en él hasta el levantamiento temporal del depósito en 1988, volviendo al Prado donde actualmente permanece. Conocida por Palomino, Ponz y Ceán, fueron Narciso Sentenach (1899) y Serrano Fatigati (1909) quienes relacionaron las primitivas fuentes con la escultura que todavía Orueta (1914) situaba en la clausura del convento de la Visitación (Salesas) de Madrid, y establecía una relación directa entre la pieza y dos romances de Bances Candamo, puestos en su conocimiento por Sánchez Cantón. La fecha, 1664, sitúa la escultura un año después del nombramiento del artista como maestro de la catedral de Toledo y en relación con el viaje a la corte, donde, presumiblemente, recibiría el encargo realizado a su vuelta a Málaga. Los contactos con la obra de Gregorio Fernández ya fueron sugeridos por María Elena Gómez Moreno en torno a una Magdalena de las Descalzas Reales (1615), cuya atribución rechazó Martín González. La originalidad de la obra, similar a la mostrada por el San Francisco de la catedral de Toledo, fue para María Elena Gómez Moreno una de las claves que explican la introducción inusual en escultura de un tema como éste muy querido a la pintura. Acaso, esa novedad, que corporeizaba las sugerencias ilusionistas de la pintura, fue la que llevó a Palomino a considerarla como «expresión de afectos», por otra parte, manifestado en los mencionados romances dedicados a «una efigie peregrina de Santa María Magdalena» redactados a poco de morir el escultor. El elogio del artista y la admiración de la imagen se fundieron a la hora de valorar este «lúgubre trasunto» como una prolongación de la vida capaz de confundir arte y realidad. Por eso, sorprendida la santa penitente en emotiva contemplación de un Crucificado, todas las fuentes unánimemente destacaron la capacidad del escultor para reflejar la sensación de silencio esculpido o de una anatomía tratada en «escollos de marfil». La visión poética de la imagen alternaba retóricas contradicciones de profundos gemidos enfrentados a las «voces de su silencio», porque «es violencia del dolor lo inmóvil» y «propiedad del éxtasis lo mudo». En esas palabras quedaba resumido el valor de una escultura que representa las claves barrocas del arrepentimiento. La tensión contemplativa de la santa, la profunda y dolorida expresión de su rostro no ocultan la belleza de un cuerpo marcado por los estigmas de la penitencia ni el valor concedido a los efectos solitarios de la oración. Pedro de Mena fue capaz de situar su obra en unas coordenadas religiosas que ensalzaban el desprecio de lo terreno con una tendencia natural a destacar la belleza formal como sujeto de confrontación con los significados profundos de su iconografía. La santa es hermosa, el escultor ha sabido infundir una luminosidad marfileña a las delicadas policromías y a las suaves veladuras de sus carnaciones, de forma que, matizando los cabellos sueltos, girando levemente la escultura e inclinándola hacia el Crucificado, aumenta su expresividad al tiempo que la convierte en un juego de sugerencias plásticas, en un motivo escultórico espléndido de líneas de tensión y emotividad realzadas por un sayal de palma que hiere las delicadas carnes de la penitente. En Pedro de Mena no es únicamente valorada su capacidad para transmitir sensaciones de ternura o ascetismo, sino también su genial talento para resolver un trasunto de la realidad que dilata la vida.

Cristóbal Belda Navarro

Bibliografía

  • Anderson, Janet A., Pedro de Mena, Seventeenth-Century Spanish Sculptor, Lewiston, Edwin Mellen Press, 1988.
  • Orueta y Duarte, Ricardo de, La vida y la obra de Pedro Mena y Medrano, Madrid, Blass, 1914, pp. 176-198 y 287-292.
  • Orueta y Duarte, Ricardo de, Pedro Mena [1914], Málaga, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, 1988, pp. 216-217.
 
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