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Moisés salvado de las aguas [Orazio Gentileschi]
1633, óleo sobre lienzo, 242 x 281 cm, firmado: «ORATIO GEENTILESCHI FIOREN» [P147].
Pintado en Londres cuando el artista tenía cerca de setenta años, Moisés salvado de las aguas constituye, sin duda, la cima de la última etapa de Orazio Gentileschi. Es una obra de refinamiento exquisito y emoción sutil, concebida para agradar al más entendido y exigente de los aficionados a la pintura, el rey Felipe IV de España. El artista se la envió como obsequio en el verano de 1633, y su hijo Francesco se la entregó personalmente en Madrid. El embajador inglés Arthur Hopton comunicó en octubre de aquel año que al monarca le había gustado y que había dado la orden de que se colgara en el salón nuevo del Alcázar de Madrid, donde estaban expuestas algunas de las mejores pinturas de la colección real. Gentileschi había tratado la escena como un homenaje moderno a las escenas festivas de Veronés, maestro muy admirado tanto por Felipe IV como por el rey al que Orazio servía, Carlos I de Inglaterra. Para evitar que los egipcios le dieran muerte, el recién nacido hebreo Moisés es echado al Nilo en un canasto de juncos (Éxodo 2, 1-10). La hija del faraón ve el canasto al ir a bañarse al río con sus doncellas, y éstas le llevan al niño; apiadada, decide protegerlo. La joven arrodillada en el lado izquierdo de la pintura es Miriam, hermana de Moisés, que ha visto cómo el niño es salvado de las aguas y se ha acercado a la princesa para ofrecerle los servicios de su madre como nodriza. La princesa, ignorante de la relación, se vuelve hacia la madre de Moisés y le encomienda el cuidado del niño. Con la excepción de Moisés, todas las figuras son femeninas y todas visten pesados ropajes de seda, satén y algodón. El traje de la princesa, amarillo dorado, lleva ribetes bordados con perlas y piedras preciosas, y su cabeza se adorna con una tiara a juego, pintada con extraordinaria delicadeza. Gentileschi siempre se había recreado en la pintura de paños y en los brillos de las sedas y las telas tornasoladas; su afición se acrecentó aún más en la corte londinense del rey Estuardo, dada a ostentaciones de lujo desmedido. La escena se enmarca en un paisaje de lirismo tizianesco, con la claridad anaranjada del amanecer en el horizonte y el Nilo apenas visible a lo lejos. La obra del Prado es la segunda pintura que hizo Gentileschi con este tema. La primera versión, del mismo tamaño (colección particular, Gran Bretaña), había sido pintada muy poco antes para la reina Enriqueta de Inglaterra, y estaba colgada en su villa palladiana a orillas del ­Támesis en Greenwich, la Queen's House. ­Gentileschi moderó las desnudeces de la primera composición al repetirla para el rey de España y compactó el grupo de figuras utilizando una escala algo menor y proporciones menos alargadas. También idealizó el paisaje y acentuó el lujo y las calidades de los ropajes y las ­joyas. Estaba ya muy lejos del pintor caravaggesco que fue en los primeros años del siglo XVII, y la segunda versión del Moisés es el ejemplo máximo de la refinada artificialidad cortesana que caracteriza a su aristocrático estilo tardío. Por esta obra Orazio recibió de Felipe IV un sustancial emolumento de 900 ducados, pero su motivación al enviarla a Madrid era compleja. Es muy improbable que buscara una invitación para trabajar en Madrid, ya que mientras Francesco estaba en camino con el cuadro él mismo había escrito desde Londres al gran duque Fernando II de Toscana ofreciéndole sus servicios. En esa carta decía haber enviado una pintura, obviamente el Moisés, al rey de España. Estaba al tanto de la fuerte influencia política que ejercía España sobre el gran ducado mediceo y los estrechos lazos diplomáticos y culturales que unían las cortes de Madrid y Florencia, y pudo contar razonablemente con que a Fernando II le llegaran ecos de la acogida del Moisés en Madrid, que lógicamente esperaba favorable. Parece muy posible que, impresionando a Felipe IV con un gran cuadro de historia e informando de ese hecho al gran duque, pretendiera realmente impulsar su ambición declarada de volver a su tierra natal. No puede ser casual que subrayara su origen toscano cuando firmó con claridad el cuadro del Prado «Oratio Gentileschi Fiorentinus». Estaba cansado de vivir lejos de Florencia, y todo su deseo era una repatriación honrosa que le permitiera pasar sus últimos años entre sus paisanos. Pero no llevó a cabo ese plan y permaneció en Inglaterra hasta su muerte. En 1674, y probablemente una generación antes, el Moisés salvado de las aguas había salido del salón de los espejos, como se rebautizó el salón nuevo en la década de 1640, y estaba en el Buen Retiro atribuido a la hija de Orazio, Artemisa Gentileschi. Su lugar fue ocupado por una pintura del mismo asunto de Veronés. Es probable que el cambio se hiciera a instancias de Velázquez, que en su papel de conservador de las colecciones de palacio había dejado reducida la decoración pictórica de aquella pieza a obras de artistas venecianos (Tiziano, Veronés, Tintoretto y Bassano), Ribera, Rubens y él mismo. La importancia del Moisés de Gentileschi ha sido reconocida en el siglo XX, pero su deslumbrante hermosura no quedó plenamente revelada hasta la limpieza de que fue objeto en el Prado, terminada en 1993.

Gabriele Finaldi

Bibliografía

  • Harris, Enriqueta, «Orazio Gentileschi's Finding of Moses in Madrid», The Burlington Magazine, cix, Londres, febrero de 1967, pp. 86-89.
  • Pintura italiana del siglo XVII, cat. exp., Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1970, pp. 282-283, n.º 87.
  • Ward Bissell, Roger, Orazio Gentileschi and the Poetic Tradition in Caravaggesque Painting, University Park, Pennsylvania State University Press, 1981, pp. 52-53 y 189-190, n.º 62.
  • Weston-Lewis, Aidan, «Nueva apreciación de las dos versiones de Moisés salvado de las aguas de Orazio Gentileschi», Orazio ­Gentileschi en la corte de Carlos I, cat. exp., Bilbao, Museo de Bellas Artes, 1999, pp. 39-52 y 70-71.
Moisés salvado de las aguas [Gentileschi]
Lupa
Moisés salvado de las aguas [Gentileschi]
 
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