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Moncloa, Casino de la Reina y Vista Alegre. Estas tres «villas suburbanas» regias madrileñas se crearon a fines del régimen absolutista, de modo que su existencia como tales fue breve y su importancia pictórica escasa. La real posesión de la Florida y Moncloa había sido formada por Carlos IV a partir de 1792 mediante la adquisición de diversas fincas. Tras varias segregaciones isabelinas fue transferida al Ministerio de Fomento en virtud de la ley del Patrimonio de la Corona de 1865, y en ella terminó por construirse la Ciudad Universitaria. El palacio, que había sido de la duquesa de Alba, no llegó a contener obras pictóricas de interés, y las Vistas del mismo real sitio por Brambilla que decoraban una de las salas desaparecieron en la Guerra Civil con el edificio, que había sido restaurado por la Sociedad Española de Amigos del Arte en 1928. El Casino de la Reina, en la esquina de la calle y ronda de Embajadores, fue un regalo de la Villa a la reina Isabel de Braganza el 25 de abril de 1818; como afirmaba Eguren en 1848, el palacio estaba «adornado con singular riqueza, mereciendo ser mencionada una sala con zócalo de mármoles, cuyo techo pintó al fresco D. Vicente López (3056, alegoría de la propia donación del Casino, inv. 4094) en la misma se ven dos buenos cuadros del Sr. Ribera, profesor de nuestro siglo, que representan a Wamba y Romulo Cincinato... En el centro del jardín se ve una casita rústica que tiene 684 pies cuadrados superficiales, y consta de un gabinete circular adornado con estucos, doce pinturas al óleo y diversos frescos en su centro». Estas doce son «las estaciones del año» por el mismo Juan Antonio Ribera, «las cuatro horas del día» por José de Madrazo y «las cuatro alegorías» sobre cobre que se quedaron en Cuba. La real posesión de Vista Alegre fue adquirida en 1829 por Fernando VII que la regaló a su cuarta esposa María Cristina de Borbón; la titularidad de la finca entre 1834 y 1859 es un tema excesivamente complejo para resumirlo aquí, bastando señalar que en esta última fecha, fallecida la reina madre, la propiedad, que entonces era un indiviso entre Isabel II y su hermana Luisa Fernanda, fue vendida íntegramente al marqués de Salamanca, pero previamente se retiró ­toda la decoración pictórica, nutridísima según el inventario de 1850 donde se recogen unos quinientos cuadros, unos copias de maestros antiguos, otros originales según las atribuciones, y en gran parte obras de pintores contemporáneos, como Vicente López, José de Madrazo, Esquivel, Bernardo López, Carderera, Gutiérrez de la Vega, Alenza y Pérez Villaamil, además de Goya, sin que nada de esto pasara de la colección real al Museo.

José Luis Sancho

 
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