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Museo de Ciencias. Deseoso de fomentar el desarrollo de las ciencias en España, el conde de Floridablanca, secretario de Estado desde 1776 hasta 1791, aparece como el promotor del proyecto de academia de ciencias propuesto a principios de la década de 1780. El plan de una academia de ciencias y letras, elaborado por Tomás de Iriarte en 1779, queda descartado, probablemente por su carácter mixto. La inauguración del Real Jardín Botánico, en 1781, en el paseo del Prado, da un impulso decisivo a los proyectos de Floridablanca. En efecto, ­José Pérez Caballero, intendente interino del Jardín Botánico, propone en 1784, al rey, la construcción, junto al citado jardín, de un edificio que albergase un laboratorio químico y un gabinete de historia natural. No satisfecho con el proyecto de labora­torio diseñado por el arquitecto Francisco Sabatini en 1784, Floridablanca encarga a Juan de Villanueva, en 1785, la tarea de elaborar nuevos planos. Quizás a instancia de Floridablanca, Villanueva no se contenta con idear un edificio para gabinete de historia natural -situado en la primera planta-, sino que también prevé espacios destinados a aulas de enseñanza y a una sala de conferencias en la planta baja. Pedro Franco Dávila, director del Real Gabinete de Historia Natural (entonces instalado en el mismo edificio que la Academia de San Fernando), remite a Villanueva un informe detallado sobre el espacio requerido para la instalación más adecuada del gabinete en el edificio proyectado. La realización del proyecto elegido por Carlos III -entre los tres presentados por Villanueva- empieza ya en 1785, financiada con fondos procedentes de la desamortización de los bienes de los jesuitas expulsados en 1767. Si Floridablanca califica el edificio, en 1792, de «Palacio de las ciencias» y contempla la posibilidad de incluir la Academia de Bellas Artes, el vocablo «museo» se impone rápidamente para designar el edificio; en la memoria redactada por Villanueva en 1796, el arquitecto justifica el uso de este término por la magnitud del espacio destinado a las colecciones («me figuré que el Edificio debería ser una desahogada y prolongada Galería, a la cual con propiedad podrá adjudicársele el título de Museo de todos los productos naturales»). Cuando estalla la Guerra de la Independencia, el edificio está casi concluido, pero este acontecimiento determinará un cambio completo en su posterior destino, y se abandonará el propósito científico inicial de sus promotores.

Pierre Géal

Bibliografía

  • Moleón Gavilanes, Pedro, Proyectos y obras para el Museo del Prado. Fuentes documentales para su historia, Madrid, Museo del Prado, 1996.
  • Rumeu de Armas, Antonio, Origen y fundación del Museo del Prado, Madrid, Instituto de España, 1980.
 
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