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Obra invitada: La acróbata de la bola de Picasso, La [exposición 2011]
16 de septiembre–8 de enero de 2012.
Comisario: Javier Barón.
Obras: 1.

Pintado en París en 1905 este cuadro es una de las máximas expresiones del genio de Pablo Picasso y obra maestra de su periodo rosa. Jamás expuesto en España ni, tras la muerte del artista, fuera del Museo Pushkin, fue presentado en Madrid con motivo del Año Dual España-Rusia gracias al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado. En la exposición se incluyeron reproducciones de fotografías procedentes del Musée Picasso de París en una de las cuales Picasso aparecía en la place Ravignan en Montmartre junto a su estudio en el Bateau-Lavoir, donde pintó la obra. En el lienzo se aprecian las características propias de la etapa rosa tan diferentes del fauvismo de sus contemporáneos: el dibujo conciso y enérgico, la forma cerrada y perfecta, y el volumen muy marcado. Picasso preparó esta obra como una de las de mayor tamaño e importancia para su exposición en las galerías Serrurier en París en 1905. Necesitado entonces de materiales, reutilizó en esta ocasión uno de sus lienzos grandes en el que había pintado en 1901, un retrato del pintor Francisco Iturrino. La composición, para la que realizó varios dibujos preparatorios, muestra un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. El color, con calidades de pintura mural en una gama restringida de rosas y ocres, y el depurado paisaje del fondo contribuyen de modo decisivo a la esencialidad de la obra. A través de las simbólicas figuras del circo, el pintor realizó una reflexión sobre la vida del artista, vinculada con su investigación sobre los problemas fundamentales de la pintura. La acróbata sobre la bola muestra el temperamento de juego, propio del artista, que Apollinaire interpretó en términos de una danza estelar, alusiva a la radiante armonía del cosmos. El atleta, sobre un cubo, refleja la solidez de la disciplina en la que Picasso asentaba su pintura. El circo aparecía ante el artista, no solo como lugar privilegiado de la libertad o como evocación intemporal de la infancia, sino también como lugar extraterritorial, al margen, que ofrecía la posibilidad de un escenario distanciado de los aspectos más grises de la vida cotidiana. En él, las calidades argénteas del colorido realzan su carácter de maravillada irrealidad. La obra fue adquirida por Gertrude Stein y pasó luego al galerista alemán Daniel-Henry Kahnweiler, que la vendió en 1913 al coleccionista ruso Ivan Morosov. Tras la Revolución rusa de 1917, pasó a formar parte de las colecciones estatales, destinándose finalmente al Museo Pushkin de Moscú.

A. P.

 
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