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Paisaje con el embarco en Ostia de santa Paula Romana [Claudio de Lorena]
Hacia 1639-1640, óleo sobre lienzo, 211 x 145 cm, inscripciones en una lápida: «IMBARGO STA ­PAVLA ROMANA PER TERRA STA»; y en un sillar: «PORTVS OSTIENSIS A (AVGVSTI) ET TRA (IANI)» [P2254].
Obra maestra absoluta del pintor, está compuesta con un extraordinario y magistral equilibrio clásico. Muestra una perfecta compensación de masas y espacios, combinando armónicamente suntuosas arquitecturas monumentales con vegetación -en este caso sometida al entorno colosalista de templos y palacios- y todo ello ordenado de acuerdo con el esplendoroso foco de la lejana fuente de luz, que se acusa en la plenitud de su origen solar. El horizonte, con luz de amanecer, desaparece en medio del resplandor que se proyecta hasta el riguroso primer término, consiguiendo una sensación de profundidad que conduce la vista hacia un fúlgido infinito. Como ha señalado la crítica especializada, los cuadros que muestran puertos de mar son los que revelan mejor la maestría de Claudio al tenerse que enfrentar con la perspectiva. Aquí puede apreciarse un punto de fuga único y la estructuración de líneas que convergen hacia la zona central, típicos de la primera fase de su producción, jugando la luz el papel principal en la definición del es­pacio. Los elementos arquitectónicos, sobrios y majestuosos, de escala monumental, están decididamente dispuestos para magnificar el asunto principal, al que casi ocultan: la santa a punto de embarcarse para un viaje a tierras desconocidas para ella. El conjunto urbano es imaginario y nada, en las actuales ruinas de Ostia Antica (a pesar de indicarlo sobre una piedra), permite pensar que el artista buscase la inspiración en los lugares donde el acontecimiento sucedió; por el contrario extrajo las ideas de otros lienzos pintados anteriormente con temas de puertos de mar. El palacio con árboles y una plataforma semicircular a la derecha repite esencialmente motivos que se ven en Puerto con la Villa Médicis (Galleria degli Uffizi, Florencia) y Puerto ­(National Gallery, Londres) adaptándolos a la forma vertical de la tela, merced al añadido de un tercer cuerpo (hay cierta evocación de principios estéticos de Serlio, Vignola y Bernini, sin renunciar al medievalismo implícito en las murallas). La alusión a la Villa Médicis en la zona izquierda viene impuesta por el recuerdo de la Vista de un puerto (colección del duque de Northumberland, Alnwick Castle), de la que hay otro ejemplar en el Louvre, y también por el cuadro de los Uffizi ya aludido, aunque dando mayor elevación a las proporciones, tanto del edificio que sugiere la Villa como los que casi se desvanecen en los fondos. A pesar de tantos aspectos acumulados, que bien podían haber dado lugar a una obra de segundo orden, los resultados están en proporción directa al consciente trabajo de adaptación seguido: el tema se ha dignificado, las construcciones responden menos a ejemplos concretos, la elevada columnata del primer término monumentaliza la escena y el número de anécdotas genéricas visibles en los otros lienzos se ha reducido. Santa Paula Romana viajó desde Roma a Tierra Santa en el año 385 para reunirse con san Jerónimo. Lorena ha pintado el instante mismo de la partida, de acuerdo con la descripción tradicional que, sin duda, le sería claramente especificada en el encargo: conducida por su vástago más joven va hacia el ligero esquife ahogando la pena que le produce abandonarle, así como a sus otros tres hijos varones; sus tres hijas, Paulina, Eustoquia y Rufina, la acompañan en el viaje. Este prodigioso cuadro es pareja de Paisaje con Tobías y el arcángel Rafael (Prado), con el que mantiene la peculiar relación de analogías estéticas, diferencias formales e identidades conceptuales que configuran el común denominador de la serie. Aparece repertoriado en el Liber Veritatis con el número 49. En el plano puramente estético, el lienzo prefigura algunos de los magníficos paisajes con puertos en los que aparece santa Úrsula o la reina de Saba (ambos en National Gallery, Londres), realizados entre 1640 y 1650. Todos estos puertos de mar derivan de vistas análogas realizadas por Agostino Tassi o por su taller y más indirectamente de la tradición flamenca continuada en Roma por Paul Bril. Después de 1650, Lorena no representaría más que una sola vez una escena portuaria de este tipo, la Vista de Cartago con Dido y Eneas (Kunsthalle, Hamburgo) en la que el protagonismo corresponde más al carácter dramático del momento que al entorno monumental. Se pintó para el palacio del Buen Retiro de Madrid, reinando Felipe IV.

Juan J. Luna

Bibliografía

  • Cecchi, Doretta, Roethlisberger, Marcel, y Alcántara, Francisco José, La obra pictórica completa de Claudio de Lorena, Barcelona, Noguer, 1982.
  • Claude Lorrain, 1600-1682, cat. exp., Washington, National Gallery of Art, 1982.
  • Claude Lorrain, Gemälde und Zeichnungen, ­Múnich, Schirmer/Mosel, 1996.
  • Claudio de Lorena y el ideal clásico de paisaje en el siglo XVII, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1984.
Paisaje con el embarco en Ostia de Santa Paula Romana [Claudio de Lorena]
Lupa
Paisaje con el embarco en Ostia de Santa Paula Romana [Claudio de Lorena]
 
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