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Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro, El [exposición 2005]

6 de julio-27 de noviembre.
Comisario: Andrés Úbeda de los Cobos.
Obras: 61.
Catálogo: Andrés Úbeda de los Cobos, «La decoración pictórica del palacio del Buen Retiro», pp. 15-27; John H. Elliott, «Retrato de un reinado», pp. 29-43; Jonathan Brown, «Felipe IV como mecenas y coleccionista», pp. 45-62, y «El palacio del Buen Retiro: un teatro de las artes», pp. 65-71; José Álvarez Lopera, «La reconstitución del Salón de Reinos. Estado y replanteamiento de la cuestión», pp. 91-111; Andrés Úbeda de los Cobos, «El ciclo de la Historia de Roma antigua», pp. 169-189; Giovanna Capitelli, «Los paisajes para el palacio del Buen Retiro», pp. 241-261.

Con esta exposición, el Museo del Prado celebró el cuarto centenario del nacimiento de Felipe IV, conocido entre sus contemporáneos como el «Rey Planeta». En ella pudieron contemplarse obras que formaron parte de la decoración del palacio del Buen Retiro, erigido durante el reinado de este monarca a instancias de su valido, el conde-duque de Olivares, y que pertenecen en su mayor parte a la colección del Museo del Prado; obras encargadas específicamente para dicho palacio por los representantes de la monarquía en Roma, Nápoles y Madrid, preferentemente, procedimiento que permitió reunir ochocientas pinturas en un plazo extraordinariamente breve (1634-1643). Con ello se formó una impresionante colección de pintura «moderna» con obras italianas, españolas y flamencas, en las que aparecen nombres tan importantes como Velázquez, Zurbarán, Ribera, Poussin, Lanfranco, Domenichino o Rubens, entre otros. Los objetivos perseguidos con este proyecto fueron tres: el estudio y restauración de un gran conjunto de obras del Prado escasamente conocidas y valoradas; la recuperación del concepto de «serie» con el que fueron concebidas y admiradas en el siglo XVII –mostrando conjuntos extensos de obras del mismo autor o autores diversos– y, finalmente, la evocación del antiguo Salón de Reinos del Retiro, del que se conservan veintiséis pinturas, una menos de las originalmente realizadas. La recreación de este emblemático conjunto, en el que destaca La rendición de Breda, de Velázquez, conservada en el Prado, se mantuvo expuesta, una vez finalizada la exposición, hasta el mes de abril de 2006. La muestra se organizó en cinco secciones, comenzando por las vistas del palacio y sus protagonistas, en la que se reunieron los escasos testimonios históricos que permiten apreciar su arquitectura. En esta primera sección destacó la obra La lección de equitación, de Velázquez, de una colección particular inglesa. A continuación pudo contemplarse una selección de las pinturas relativas al ciclo de Roma Antigua, conjunto poco conocido en el que se incluyen la mayor parte de los artistas activos en Roma y Nápoles en la década de 1630, entre los que destacan Giovanni Lanfranco, Aniello Falcone, Domenichino, Andrea Camassei, Giovanni Francesco Romanelli, Paolo Doménico Finoglia, Cesare Fracanzano, Andrea di Lione, Micco Spadaro, Viviano Codazzi, Nicolas Poussin y José de Ribera. Con notables diferencias de calidad y formatos, las obras incluidas en este apartado representan distintas costumbres de la Roma clásica: funerales de emperadores, luchas de gladiadores, fiestas báquicas y lupercales, circos y anfiteatros, exhortaciones a las tropas, etc. Nunca se habían expuesto como tal conjunto, por lo que su presentación constituyó una novedad absoluta. La tercera sección permitía contemplar cuatro de los bufones pintados por Velázquez y también expuestos en el palacio del Buen Retiro, así como el retrato ecuestre del conde-duque de Olivares, auténtico responsable de todo el proyecto. El cuarto ámbito evocaba el Salón de Reinos, el espacio más representativo del palacio del Buen Retiro, donde el monarca recibía a los embajadores extranjeros y donde tenían lugar otros eventos de índole festiva. Fue decorado con tres notables conjuntos: los cuadros ecuestres de la familia real pintados por Velázquez, cuadros de batallas (Velázquez, Maíno, Zurbarán, etc.) y los trabajos de Hércules, de Zurbarán. Gracias a esta exposición pudieron contemplarse todos ellos juntos por primera vez, desde que el conjunto fuera desmontado en el siglo XVIII. La última sección de la muestra presentaba una selección de los paisajes clasicistas pintados en Roma por artistas como Claudio de Lorena, Poussin, Gaspard Dughet, Jan Both o Herman van Swanevelt y que también formaron parte del masivo encargo realizado para decorar el palacio. Como complemento de este capítulo, el Museo albergó en una sala un gabinete de estudio integrado por obras correspondientes a esta misma serie de paisajes, de atribución dudosa. Con la publicación del catálogo de esta exposición se ha logrado una sustancial mejora en el conocimiento del Retiro y, en términos generales, del coleccionismo de pintura en la corte del «Rey Planeta».

Andrés Úbeda de los Cobos

 
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