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Composición y funciones

Según establece el real decreto 433/2004, de 12 de marzo por el que se aprueba el Estatuto del Museo Nacional del Prado, el Real Patronato es el órgano rector colegiado de gobierno que asesora y rige el Museo Nacional del Prado, con el objeto de que éste cumpla debidamente sus funciones. Está constituido bajo la presidencia de honor de SS. MM. los Reyes de España e integrado por dos tipos de vocales: natos y designados.

a) Vocales natos por razón de su cargo

  • El presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.
  • El alcalde de la ciudad de Madrid.
  • El secretario de Estado de la Función Pública.
  • El secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos.
  • El director general de Patrimonio del Estado.
  • El subsecretario del Ministerio de Cultura.
  • El director general de Bellas Artes y Bienes Culturales del Ministerio de Cultura.
  • El director del Museo Nacional del Prado.
  • El presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional.
  • El presidente de la Fundación de Amigos del Museo del Prado.
  • El director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
  • El director de la Real Academia de la Historia.

b) Vocales designados

1.º Dos vocales designados por el Consejo de Patrimonio Histórico, a propuesta de su Presidente, entre personas de reconocida competencia en asuntos relacionados con la gestión del patrimonio histórico español.
2.º Hasta un máximo de 15 vocales nombrados libremente por el Ministro de Cultura, entre personas de reconocida competencia en asuntos relacionados con el patrimonio histórico español o que se hayan distinguido por sus servicios a la cultura.
3.º Hasta un máximo de 10 vocales, nombrados por el titular del Ministerio de Cultura a propuesta del Real Patronato. Esta propuesta será tramitada a través de la Dirección del Museo, entre personas físicas o representantes de las instituciones públicas o privadas, que realicen contribuciones de cualquier naturaleza al Museo o al cumplimiento de sus fines, incluidas las donaciones o aportaciones económicas, en los términos y cuantía que establezcan los acuerdos sobre aportaciones de terceros, aprobados por el Real Patronato del Museo.

Los vocales designados, desempeñan sus funciones por un periodo de cinco años, a contar desde la fecha de sus respectivos nombramientos y el mandato podrá ser renovado hasta dos veces más, por periodos de igual duración.

El Real Patronato tiene un presidente y un vicepresidente, elegidos por el Pleno entre los vocales designados y que serán nombrados por el ministro de Cultura por un periodo de cinco años. Igualmente el Real ­Patronato designará un secretario, que no ostentará la condición de miembro del mismo.

El Patronato ejerce sus competencias a través del Pleno y de la Comisión Permanente. El Pleno está integrado por todos los vocales, tanto natos como designados. La Comisión Permanente está compuesta por el presidente y el vicepresidente del Patronato, el director del Museo Nacional del Prado y seis vocales designados por el Pleno.

El Real Patronato organiza sesiones del Pleno y de la Comisión Permanente de tipo ordinario y extraordinario. El calendario de reuniones ordinarias del Pleno y la Comisión Permanente se acuerda en su seno y las sesiones ordinarias del Pleno se celebrarán, al menos, dos veces al año.

Desarrollo reglamentario desde la creación del Patronato hasta la Guerra Civil: 1912-1936

En 1912 el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Santiago Alba, dirige un proyecto de decreto al rey Alfonso XIII destinado a la constitución de un patronato para el Museo Nacional de Pintura y Escultura que, posteriormente, pasa a denominarse Museo Nacional del Prado por real decreto de 14 de mayo de 1920.

En la exposición preliminar del proyecto se indican los objetivos del mismo. Con la creación del mencionado Patronato se pretende que el Museo deje de ser una pinacoteca irregular -que cuenta con artistas muy representados, pero que también muestra grandes lagunas- y que se consiga completar algunas de las series pictóricas y sistematizar otras.

Además, se considera misión del Museo del Prado:

  • Preparar un nuevo catálogo, dado que el de Pedro de Madrazo, publicado en 1843, debe ser rectificado y completado incorporando las novedades críticas e historiográficas contemporáneas.
  • Transformar y ampliar el edificio del Museo.
  • Fomentar la comunicación con museos extranjeros y con el resto de los españoles.
  • Elaborar un programa de exposiciones científicas y conferencias de divulgación.
  • Revisar los inventarios y confrontarlos con las obras depositadas en corporaciones y otras entidades.
  • Estimular las donaciones.
  • Atender el funcionamiento diario del Museo.

Este proyecto se convierte en real decreto el 7 de junio de 1912. Conforme a lo dispuesto por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Santiago Alba, y de acuerdo con el Consejo de Ministros, se crea el Patronato del Museo de Pintura y Escultura, publicándose este decreto en La Gaceta de Madrid el día 9 de junio de 1912.

El citado decreto especifica que el Patronato será el órgano encargado de administrar los recursos destinados a la adquisición de cuadros o de objetos de valor artístico que deban figurar en dicho Museo, establecer e inspeccionar el régimen interior del mismo de acuerdo con su director, promover la comunicación con otros museos, estimular las donaciones, organizar exposiciones y conferencias y preparar la publicación de un nuevo catálogo; en suma, hacer cumplir la misión del Museo. Además, recoge que estará constituido por nueve vocales designados, nombrados por real decreto a propuesta del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes entre personalidades que se hayan distinguido por su competencia o por sus servicios al arte y al patrimonio artístico español.

Serán vocales natos el inspector General de Bellas Artes y el director del Museo Nacional de Pintura y Escultura. En cuanto a los vocales del Patronato, el cargo será honorífico y no se percibirá retribución alguna.

El Patronato elegirá libremente entre sus miembros un presidente y un vicepresidente que le sustituirá en su ausencia. El ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes podrá presidir cuando lo crea necesario las deliberaciones como presidente ­nato del Patronato. Actuará como ­secretario el funcionario que como tal figure en activo en la plantilla del Museo. El presidente del Patronato ostentará los poderes de la delegación permanente del Patronato y representará al Estado ante los tribunales y al Museo en la vida civil.

En cuanto a los poderes y las funciones del Patronato el decreto indica que éste, a reserva de la aprobación del ministro, intervendrá en todo lo que se refiera a la adquisición, enajenación y actos de gestión de cualquier especie de los bienes del Museo y, de un modo singular, actuará inmediatamente en todo lo que haga referencia al inventario, inspección y cuidado de los cuadros y obras de arte cedidos y propondrá al ministro acerca de ellos lo que considere más conveniente para la defensa de los intereses públicos.

La adquisición de objetos destinados a formar parte de las colecciones del Museo deberá ser previamente autorizada por el Patronato, deliberando a iniciativa de algunos de sus miembros, del director del Museo o del inspector de Bellas Artes en nombre del Estado.

El Patronato administrará libremente, con la intervención del funcionario encargado de este servicio por el Estado, los recursos dedicados al Museo, componiéndose éstos de:

  • Las sumas que le destine el presupuesto del Estado.
  • El producto de la venta de catálogos, estampas, fotografías y cualquier otra publicación o reproducción que el Patronato acuerde que se realicen de los cuadros y obras de arte contenidos en el Museo.
  • Las donaciones y legados.
  • El importe de las entradas al Museo y de cualquier otro recurso autorizado por el Ministerio a propuesta del Patronato.

Entre las obligaciones del Patronato está la de emitir un informe sobre cualquier asunto que le sea sometido por el ministro. Asimismo, todos los años en enero, el presidente del Patronato dará cuenta al ministro de las operaciones realizadas durante el ejercicio anterior en una Memoria que deberá publicarse en La Gaceta de Madrid. Es necesario anotar que esta memoria anual se realizó en contadas ocasiones en los años en los que estuvo en vigor este decreto, no efectuándose de manera sistemática hasta bien entrado el último cuarto del siglo XX.

El real decreto indica también que el Patronato, en el plazo de dos meses, deberá someter al ministro un proyecto para su reglamento interior que comprenda no solo el funcionamiento del Patronato mismo, sino el de todos los servicios administrativos y subalternos del Museo. También establece que si lo estima conveniente para una gestión más rápida y eficaz, el Patronato podrá autorizar la constitución de una comisión ejecutiva de su seno que actúe habitualmente en representación del Patronato, sin perjuicio de que éste, en reuniones periódicas, examine posteriormente los actos de dicha comisión.

Bajo la referida reglamentación, el Patronato se reúne por primera vez el 10 de junio de 1912, estando compuesto en su sesión inaugural de la siguiente forma:

  • Presidente: Santiago Stuart y Falcó, duque de Alba.
  • Vicepresidente: Jacinto Octavio Picón.
  • Vocales designados: Gustavo Bauer, José Lázaro Galdiano, Pablo Bosch, Aureliano de Beruete y Moret, Alejandro Saint-Aubin, Elías Tormo y Monzó, Cesáreo Aragón y Barroeta, marqués de Casa-Torres, Benigno Vega-Inclán, marqués de la Vega-Inclán, Manuel Bartolomé Cossío y Luis de Errazu.
  • Vocales natos: José Joaquín Herrero como inspector general de Bellas Artes y José Villegas Cordero como director del Museo.
  • Como secretario del Patronato actúa el secretario del Museo, Pedro Beroqui.

En esta primera reunión se acuerda dar preferencia exclusiva a la redacción del reglamento interno, para lo cual se organiza una comisión formada por Jacinto Octavio Picón, José Joaquín Herrero y Alejandro Saint-­Aubin, quienes redactarán un anteproyecto recogiendo la experiencia de diversos patronatos extranjeros. Este anteproyecto, una vez analizado y debatido por el Patronato, se convertirá en un reglamento que se elevará al ministro. Finalmente el reglamento del Patronato se aprueba por real orden de 12 noviembre de 1912. En este primer reglamento el propio Patronato explica cuál es su razón de ser, afirmando que fue creado para «completar la acción oficial, dando una especialización técnica a la Pinacoteca y solicitando la ayuda de la acción privada, que no debe limitarse sino que se debe ampliar para llevar a su seno cuantas personalidades, por su prestigio y su servicio a las artes patrias o a la historia de su desenvolvimiento, puedan coadyuvar fructuosamente al noble fin del Museo».

En cuanto a la composición del Patronato, se modifica el real decreto de 7 de junio de 1912 que fijaba el número de vocales designados en nueve, pasando a ser doce. Esta modificación de derecho viene dada por un hecho ya consumado, puesto que desde la primera sesión del Patronato, que se realiza con anterioridad a la redacción de este Reglamento, son doce y no nueve los vocales designados que lo componen. También se indica que el Patronato se reunirá, por lo menos, dos veces al mes en los periodos de enero a junio y de octubre y diciembre. En verano se reunirá siempre que lo consideren conveniente los vocales que se encuentren en Madrid. A ser posible se fijará la fecha de las reuniones en la primera junta de cada año. Bastará en todo caso la asistencia de cuatro de sus miembros para tomar acuerdos. Citará el presidente, aunque también podrá reunirse el Patronato a petición de tres de sus vocales o del director del Museo. El vocal que no justifique su ausencia o deje de asistir durante un periodo de cuatro meses, se entenderá que renuncia a su cargo y el presidente pondrá este hecho en conocimiento del ministro para que sea sustituido a la mayor brevedad posible. Las juntas se celebrarán en el Museo aunque podrán trasladarse en caso de tener que examinar obras de difícil transporte. Los acuerdos se tomarán por mayoría absoluta de votos entre los presentes, y el director del Museo será responsable de su cumplimiento.

En ausencia del presidente y del vicepresidente presidirá las juntas el vocal que designen los asistentes a la reunión. Si solo hay un vocal en Madrid podrá tomar las resoluciones que estime convenientes en caso de urgencia con carácter provisional y dando cuenta de ellas al Patronato en la primera reunión que se celebre.

El presidente ostentará la representación del Museo, excepto en los casos en los que ésta esté específicamente reservada al director. El Patronato podrá designar uno de sus individuos para que le represente. El secretario tendrá voz, pero carecerá de voto y será el encargado de redactar las actas que serán firmadas por él y por quien presida la sesión. Será, asimismo, el encargado de llevar la contabilidad con el visto bueno del presidente. El director del Museo ejercerá el cargo de tesorero del Patronato. En cuanto al personal facultativo del Museo, será nombrado por el ministro a propuesta del Patronato, siendo el número de empleados fijado por este último.

El Patronato redactará cada año su presupuesto, el cual estará realizado siempre antes del primero de octubre, teniendo como base principal la asignación concedida al Museo por el Estado. En él se consignarán las partidas dedicadas a los gastos ordinarios como personal, material y conservación, y los extraordinarios, es decir, obras, representación del Patronato en los tribunales, adquisición de obras, transportes y demás desembolsos ocasionados por las mismas, cuando sea necesario a juicio del Patronato.

Por lo que respecta a las donaciones y legados, el reglamento regula que la aceptación o no de los mismos será competencia del Patronato, que notificará su decisión al ministro, indicando al mismo tiempo en qué forma se podrá expresar la gratitud a los donantes o a la memoria de los testadores, y exponiendo los motivos en los que se funda para no aceptarlos, si se diera el caso. Igualmente, si la donación o legado fuera condicional, la condición necesaria para que se produzca se hará constar en el oficio de aceptación.

En cuanto a la adquisición de obras de arte, será el ministro quien las adquiera a propuesta del Patronato, pasando éstas a considerarse propiedad exclusiva del Museo. En este sentido, el Patronato no podrá proponer la compra de ninguna pieza propiedad de sus vocales.

El régimen interior del Museo en su relación con el público será regulado por el Patronato y, por tanto, será éste quien fije los horarios y los precios de las entradas, del mismo modo que regulará la reproducción de las obras del Museo por parte de cualquier medio de difusión. En diciembre de cada año, el presidente del Patronato entregará al ministro la memoria correspondiente al ejercicio. Y, por último, este primer reglamento del Patronato establece que éste deberá nombrar una comisión que redacte el proyecto del nuevo catálogo, la cual estará autorizada para llevar a cabo las investigaciones necesarias e incurrir en los gastos que sean precisos, con justificación, para la realización de la citada publicación. Este primer reglamento concede al Patronato amplios poderes y atribuciones en el terreno económico, administrativo y cultural convirtiéndolo en el principal órgano rector del Museo.

Tras redactar su reglamento interno, el Patronato será el encargado de presentar al ministro un proyecto de reforma del reglamento del Museo de Pintura y Escultura. Este nuevo reglamento será elevado a la aprobación del rey por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Antonio López Muñoz, el 14 de marzo de 1913, publicándose en La Gaceta de Madrid el 15 de marzo de 1913. Este reglamento, como cabía esperar, está en consonancia con el reglamento del Patronato anteriormente expuesto y que presenta algunas cuestiones de interés que afectan de manera directa al mismo. Conviene señalar la disposición que indica que el Patronato no admitirá ninguna reclamación del personal del Museo contra los acuerdos disciplinarios del director, los cuales serán firmes e ina­pelables. Por otra parte, en el reglamento del Museo se establecen las reglas a las que han de someterse los copistas que trabajen o aspiren a trabajar en el Museo, cuestión esta que preocupará en gran medida a los miembros del Patronato en años posteriores.

En 1918 se comienzan a preparar las celebraciones del primer centenario del Museo, que tendrán lugar al año siguiente, y el Patronato, siguiendo su política de austeridad y de búsqueda del mayor beneficio posible para el Museo, acuerda no realizar una conmemoración efímera y destinar el importe de lo que se podría gastar en una «fiesta aparatosa» a realizar mejoras de carácter permanente en las instalaciones del Museo, como por ejemplo la habilitación de nuevas salas. Esta resolución fue motivo de crítica por parte de la prensa de la época y por posteriores estudiosos del Museo que opinaron que tal efeméride no debería haber pasado casi desapercibida, ­como efectivamente sucedió. Pero hay que señalar en defensa de la decisión del Patronato la precariedad económica del Museo, frente a las tareas que la institución tenía pendientes y el limitadísimo presupuesto del que disponía.

El 20 de septiembre de 1918 se produce el robo de las Alhajas del Delfín, suceso que dejará en entredicho la seguridad del Museo, cuestión que causa constante preocupación dentro del Patronato. Los ladrones, actuando en colaboración con empleados de la propia pinacoteca, roban y mutilan varias piezas del Tesoro del Delfín, importante colección de objetos de arte decorativo reunida en el siglo XVII por el delfín de Francia, y que heredó su hijo Felipe V. Este suceso hace que Elías Tormo proponga la dimisión de todo el Patronato, lo que es aceptado por el mismo, y el 3 de octubre se acuerda incoar un expediente para depurar responsabilidades y realizar un informe que se entregará al ministro cuando se presente la renuncia. Días después, el 17 del mismo mes, José Villegas Cordero, al sentirse acusado en dicho expediente, decide dimitir como director del Museo. El Patronato lamenta su decisión y asegura que en ningún momento se sospechó de él. En cuanto a las dimisiones de los miembros del Patronato, en la sesión del 29 de noviembre de 1918 se da lectura a una carta en la que el director general de Bellas Artes comunica al Patronato que el rey no ha aceptado la renuncia de los vocales, cerrándose con ello la crisis producida por el robo de las Alhajas.

Hasta 1920 no se realizarán modificaciones en la regulación del Museo, cuando se lleva a cabo una reforma del reglamento de la institución, que pasa ya en ese momento y de forma definitiva a denominarse Museo Nacional del Prado. No se modificará, sin embargo, el reglamento del Patronato. El 14 de mayo de 1920 se aprueba el nuevo reglamento del Museo. En su exposición preliminar, el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Luis Espada Guntín, indica que como consecuencia de la labor del Patronato desde su creación eran necesarias ciertas reformas de detalle en su reglamento, principalmente respecto a algunos aspectos como la vigilancia y seguridad del Museo y la regulación del trabajo de los copistas. El capítulo VI se refiere a la vigilancia del Museo, indicándose que los vigilantes nocturnos formarán un cuerpo especial que pasará a depender directamente del Patronato, correspondiéndole a éste ordenar los nombramientos, disponer de las cesantías y asignar los sueldos. Se indica también que el número de los vigilantes nocturnos no será menor de siete, debiendo ser su jefe un oficial de la reserva de la Guardia Civil o un sargento del citado cuerpo. Los vigilantes deben ser o haber sido cabos o números de dicho cuerpo o, en su defecto, del Ejército o de la Armada. Por lo que respecta a los copistas, el capítulo VIII recoge algunas reformas dirigidas a evitar el deterioro de las obras y las molestias causadas al público. De la misma forma, se reglamenta crear un registro de todos los copistas y de todas las copias que se realicen.

El año 1927 es de suma importancia para el Patronato dado que es entonces cuando alcanza su plena autonomía. Este hecho permite a los vocales intervenir de manera directa en la ejecución de las obras del Museo -derecho del que hasta ese momento solo habían disfrutado por gentileza del arquitecto- así como cobrar directamente las cantidades consignadas en presupuesto. Por medio de un real decreto de ley del 4 de abril de 1927 del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y gracias en gran medida a las gestiones y el empeño del conde de las Infantas, Joaquín Pérez del Pulgar y Campos, se reconoce la personalidad jurídica del Patronato y se le da mayor poder de intervención en la propuesta y ejecución de obras, de tal manera que será el propio Patronato quien propondrá el plan de obras anual.

En virtud del citado real decreto se permite al Patronato administrar, poseer y adquirir bienes de todas clases. Se le entregarán todas las cantidades consignadas en el presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública para el Museo del Prado, tanto las subvenciones para los fines encomendados y el normal funcionamiento del Museo, como las destinadas a obras. Es en este momento cuando mayor capacidad de decisión y acción posee el Patronato del Museo. Las sucesivas modificaciones que se realizarán posteriormente no harán sino socavar su autonomía y poder de decisión hasta que, en la década de los ochenta del siglo XX, se vuelva a revalorizar su función y se le dote de contenido.

Tras la proclamación de la Segunda República en 1931, y debido a sus convicciones monárquicas, Fernando Álvarez de Sotomayor abandona la dirección del Museo por decisión propia. Se nombra entonces a Ramón Pérez de Ayala, embajador de España en Londres, quien por razones de su cargo acude en contadas ocasiones a las sesiones del Patronato, quedando el Museo en la práctica bajo la dirección de Francisco Javier Sánchez Cantón. Cuando finalmente Pérez de Ayala, tras abandonar la Embajada de Londres, se incorpora al Museo de manera efectiva, estalla la Guerra Civil y el cambio de régimen trae consigo el relevo en la dirección de la pinacoteca. En este periodo no habrá nuevas reglamentaciones y no se producirán cambios significativos en la composición del Patronato, perteneciendo la mayoría de sus miembros a la aristocracia y permaneciendo en la presidencia el duque de Alba.

La proclamación de la Segunda República tampoco trae cambios significativos en el Patronato, y el periodo comprendido entre el año de su ­creación, 1912, hasta el 4 de junio de 1936, fecha correspondiente a su última sesión antes de la Guerra Civil y a su disolución, es uno de los de mayor estabilidad y coherencia de su historia.

Actuación del Patronato: 1912-1936

En primer lugar, hay que indicar que el Patronato se preocupa por definir cuál debe ser el perfil y la orientación del Museo. En este sentido, se plantea en el seno del Patronato la necesidad de que el Museo se convierta en un centro de investigación histórico-artística y no solo un lugar de exhibición. Ya en 1912 se debate la cuestión sobre los méritos a tener en cuenta para ser designado director del Museo. Los vocales Pablo Bosch, Aureliano de Beruete y José Lázaro Galdiano proponen que deje de ser necesario haber obtenido medallas como artista en las Exposiciones Nacionales o extranjeras para ser director.

Según Lázaro Galdiano es más importante la erudición que la capacidad artística. Otros vocales, como Gustavo Bauer y el vicepresidente Octavio Picón opinan que debe mantenerse la exigencia de haber obtenido medallas, por lo que no se llegará a ninguna conclusión y la cuestión volverá a ser planteada con posterioridad. De este modo, en 1915 y con ocasión de la muerte de Salvador Viniegra, que ostentaba la subdirección, Elías Tormo vuelve a sacar a relucir la cuestión defendiendo que la dirección del Museo recaiga en un estudioso y no en un artista. A su vez, siguiendo la tendencia museológica imperante en el extranjero, sugiere que el Museo debe convertirse en un centro de estudios artísticos. Esta concepción del Museo como foco de estudio y erudición se irá abriendo paso lentamente. En este sentido, Elías Tormo propone en 1918, y el Patronato acepta, que Juan Allende-Salazar y Francisco Javier Sánchez Cantón se incorporen a trabajar en el Museo, de tal forma que bajo la dirección del secretario se pueda establecer un laboratorio de investigación. Anteriormente se habían dado algunos pasos en esa dirección creándose en 1913 un laboratorio fotográfico en el Museo para facilitar el estudio de las obras.

Paulatinamente, la restauración de las obras se convierte en una de las principales preocupaciones del Patronato. De hecho, la creación de un taller de restauración adecuado a la categoría del Museo había sido uno de los objetivos del Patronato desde su fundación. Para ello se redacta un programa de oposiciones en el que los restauradores candidatos a formar parte del mismo deben demostrar sus aptitudes. Elías Tormo también propone crear un cuerpo de restauradores de provincias, idea que es aprobada por unanimidad, si bien el Ministerio dispone de un presupuesto limitado para poder llevar a cabo el proyecto de la forma en la que el Patronato hubiera deseado. Pese a los problemas económicos se crea el citado cuerpo y la iniciativa tiene tal éxito que se reciben más peticiones de las que se pueden atender por falta de personal. Los restauradores del Museo realizarán los trabajos con cargo a los depositarios de las obras.

El Patronato en esta primera época muestra una preocupación constante por la conservación y ordenación de las colecciones y por acrecentar la calidad y cantidad de las mismas. En cuanto a la adquisición de obras por compra, se aplica un estricto criterio de selección, rechazándose la mayoría por su falta de calidad, interés o autenticidad, por no aportar nada nuevo a lo que ya poseía el Museo o por salirse del periodo temporal que sus colecciones abarcaban. En la mayor parte de los casos las obras posteriores a Goya son consideradas más adecuadas para el Museo de Arte Moderno que para el Prado. Las actuaciones del Patronato se dirigen, por tanto, en la medida de lo posible, a la adquisición de piezas de épocas y artistas escasamente representados en el Museo, y en este punto hay que resaltar la gran capacidad negociadora que demostró, dado lo ajustado del presupuesto con el que contaba el Museo, aunque, debido a la endémica falta de fondos, tuvo que dejar pasar grandes oportunidades.

Esta falta de fondos se ve algo aliviada por la colaboración del Estado en la adquisición de obras a través de diversas entidades como el Patronato del Tesoro Artístico, la Dirección General de Bellas Artes, el Ministerio de Instrucción Pública o la Comisión Valoradora de los Objetos Artísticos a Exportar, instituciones como el Ayuntamiento de Madrid, o particulares. En cuanto a estos últimos, es destacable el legado de Aníbal Morillo y Pérez, conde de Cartagena, cuyos réditos y fondos permitieron desde 1930 la adquisición de diez cuadros.

Las obras adquiridas fueron principalmente pinturas, si bien algunos vocales, como Cesáreo Aragón, marqués de Casa-Torres, propusieron que se hiciese lo posible para formar una colección de escultura policromada española.

El mismo criterio selectivo riguroso que se utiliza a la hora de valorar las adquisiciones se aplica a la admisión de donativos y a la recepción de legados, produciéndose en muchos casos el rechazo de los ofrecimientos por razones similares a las ya descritas en el caso de las adquisiciones. Esto no impide que se acepten legados de gran importancia, como el del vocal Pablo Bosch que se recibe en 1915. De cualquier modo, decidir la admisión o el rechazo de los legados y donaciones ofrecidos al Museo es una labor muy delicada en la que se debe tener en cuenta, además, que los legados imponen en ocasiones condiciones de instalación, mantenimiento y exhibición a las que debía comprometerse el Museo si aceptaba recibirlos.

Por lo que respecta a las obras propiedad del Prado y depositadas fuera de la sede del mismo, este es un asunto que constituye objeto de debate constante en las sesiones del Patronato, que ya en 1913 acuerda crear una comisión que se encargará de examinar los centros en los que existan obras depositadas. La citada comisión está compuesta por Aureliano de Beruete, Cesáreo Aragón, marqués de Casa-Torres, y José Joaquín Herrero, al que sustituyó Elías Tormo. El marqués de Casa-Torres indica la incorrecta catalogación de los cuadros depositados en Madrid y propone que Allende-Salazar y Sánchez Cantón se unan a la comisión de inspección. La labor de la misma se verá dificultada por la existencia de dos inventarios, el del Prado y el de la Trinidad, por lo que Casa-Torres cree que es necesario buscar la manera de unificarlos. Respecto a los depósitos opina que deberían regresar al Museo del Prado las obras de artistas poco representados, principalmente las de los españoles, dejándose en depósito las de autores bien representados en el Museo aunque fueran de interés, si bien sería conveniente destinar parte del presupuesto a fotografiar estas obras que no volvieran al Museo. Considera también que las visitas a los centros madrileños con depósitos deben ser ampliadas a las provincias y que se investigue en los libros de registros de depósitos si están completos para poder reclamar las obras.

Finalmente, la comisión se preocupa por el registro de los depósitos, la unificación de los inventarios y la revisión de los depósitos y almacenes. Lo cual permite tanto la reorganización del propio Museo del Prado como la creación de los museos provinciales, que se beneficiaron con el depósito de obras del Prado sino la creación de los museos provinciales que se beneficiaron con obras del Prado, siendo los más favorecidos los de Córdoba, Vigo, Pontevedra, La Coruña, Zaragoza, Bilbao, San Sebastián, Granada, Málaga, Toledo y Castellón. También se depositan obras en circunstancias especiales en el palacio de Pedralbes de Barcelona y en el Priorato de Ciudad Real. En Madrid reciben depósitos algunos ministerios y las Reales Academias de la Lengua y de la Historia. En 1923 y con el objeto de desa­lojar el Museo de cuadros del siglo XVIII y XIX que el Patronato creía no debían formar parte del mismo, la subdirección propone que todas las obras del siglo XIX se den en depósito al Museo Romántico y las del siglo XVIII al palacete de la Moncloa. En esas mismas fechas el Patronato escribe a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para que retire los cuadros de su propiedad que se conservaban en el Museo del Prado o para que autorice a éste para ordenar su concesión en depósito.

También se debate en las sesiones sobre la conveniencia de ceder obras en depósito a embajadas españolas en el extranjero. Elías Tormo se muestra contrario al envío de depósitos a legaciones y embajadas y ruega a sus compañeros que piensen en este asunto. Su ruego es atendido y en 1928 el Patronato acuerda que cuando queden saldados los compromisos pendientes se exponga a la superioridad la conveniencia de que se encarguen cuadros modernos para la decoración de las embajadas y delegaciones y que los cuadros disponibles del Prado se depositen exclusivamente en museos provinciales. El Patronato opina que en los depósitos realizados en las embajadas es más difícil controlar la instalación, conservación y seguridad de las obras y que es más conveniente que estos centros se utilizaran para promocionar en el extranjero el arte contemporáneo español. Finalmente, en la sesión del 18 de mayo de 1928, Elías Tormo insiste en esta idea y el director general de Bellas Artes se muestra conforme, ofreciendo dictar una disposición que prohíba la concesión de depósitos procedentes del Prado para los citados centros oficiales. En cuanto a los depósitos a particulares, el Patronato siempre muestra su oposición a que éstos se realicen. Por lo que respecta al prestamo de obras para exposiciones, el criterio que prevalece es prestar tan solo dibujos y acuarelas.

Aun así se producen excepciones, como la solicitud de obras por parte de la Dirección General de Bellas Artes para la Exposición de Arte Español en París de 1919, o para una Exposición Internacional de retratos en Venecia. En ambos casos se realizaron los préstamos pese a la opinión contraria del Patronato.

En este sentido, en 1928, el Patronato solicita a la superioridad que emita una disposición de orden general prohibiendo terminantemente el envío de cuadros del Museo a exposiciones tanto en España como en el extranjero, reservándose el Ministerio la facultad, previo informe del Patronato, de autorizar el envío a las organizadas por el Gobierno en España. Esta petición se corresponde a la actitud del Patronato, coincidente con el criterio francés, que se aplica en museos como el Louvre. En Francia se dicta una disposición similar el 20 de mayo de 1928. En España será ­finalmente el 11 de marzo de 1935 cuando se promulgue una orden ­para prohibir la salida de cuadros del Museo.

En lo relativo a las exposiciones, el Patronato proyecta realizar diversas muestras conmemorativas aprovechando destacados aniversarios, pero algunas quedaron solo en proyecto como las corrrespondientes a Ribalta y a Valdés Leal, realizándose finalmente las dedicadas a Luis de Morales en 1917, Goya en 1928 y Anton Raphael Mengs en 1929.

También se exponen temporalmente en el Museo obras de coleccionistas particulares, lo que sirve para dar a conocer obras habitualmente inaccesibles al público en general. Pero al mismo tiempo crea susceptibilidades, por lo que el Patronato aprueba en 1923 una serie de normas sobre la exposición de cuadros no pertenecientes al Museo. Estas normas indican que la autorización de la exposición la concede el Patronato y el director del Museo tras un severo juicio sobre el mérito e interés de las obras y con la condición de que el préstamo sea por lo menos de seis meses de duración y de que el propietario no pueda celebrar ningún trato de compra mientras dure la exposición de la obra. Con ello se quiere preservar la honradez del Museo, evitando que nadie se aproveche de una acción que solo debería estar destinada a beneficiar al visitante del mismo.

Otra cuestión de gran importancia para el Patronato que, como ya hemos visto, está presente en los propios reglamentos, es la necesidad de la redacción del nuevo catálogo en el que se actualicen las atribuciones y los datos de las obras de acuerdo a los nuevos estudios y descubrimientos realizados. En 1915, tras agotarse la edición económica del editado en 1910, y aun teniendo en cuenta la necesidad de realizar uno completamente nuevo, se publica un catálogo, corrección del realizado por Pedro de Madrazo, cuya primera edición databa de 1843, reparando errores y adelantando noticias recientes. Se crea, además, una comisión investigadora para realizar un catálogo completamente renovado. Los trabajos de dicha comisión dan lugar a la publicación de los catálogos de 1920 y 1933. En éstos colaboraron, junto a otros estudiosos, Elías Tormo y Aureliano de Beruete en la edición de 1920 y Tormo y el entonces director del Museo, Fernando Álvarez de Sotomayor, en la de 1933. Es importante resaltar la labor realizada por el secretario del Patronato, Pedro Beroqui, en la elaboración de los catálogos.

En relación al catálogo de 1933, se discute en las sesiones el criterio a seguir. Ya en 1931, Álvarez de Sotomayor, al presentar el trabajo realizado, critica la postura derrotista adoptada en cuanto a las atribuciones, estimando que se había extremado la sinceridad con claro perjuicio para el Museo. Por ello propone que en el catálogo reducido, que se destinará al público en general, se siga un criterio más conservador, y en el más extenso, destinado a expertos y estudiosos, se adopte un criterio más progresista, incluyendo las nuevas dudas y atribuciones. El marqués de Casa-­Torres y el conde de Peña-Ramiro se muestran conformes con la opinión del ­director, pero no así Elías Tormo y Allende-Salazar. En una sesión posterior de ese mismo año se comunica que se han atendido las indicaciones del Patronato, procurando atenuar el carácter derrotista del catálogo y dejando la discusión crítica sólo para la versión ampliada.

En este periodo se editan, además, los catálogos correspondientes al legado Bosch y a las exposiciones conmemorativas de los aniversarios de Mengs y de Goya. También se publica el catálogo de las obras en depósito, si bien, pese al gran interés del marqués de Casa-Torres, no fue posible que saliese completo y revisado, por lo que se hizo incluyendo errores de ediciones anteriores.

El Patronato se encarga también de supervisar otras publicaciones, como una guía de la escuela francesa, realizada por Sánchez Cantón, y un volumen sobre cien dibujos inéditos de Goya. En cuanto al catálogo de escultura proyectado por Elías Tormo, no llegó a fructificar.

Por otro lado, se comienzan a realizar los inventarios de las alhajas del Tesoro del Delfín, los dibujos, los cuadros almacenados y de todas las obras que entraban o salían del Museo. Elías Tormo propone, y el Patronato acepta, que Sánchez Cantón ­realice la copia de los inventarios del Palacio Real. También a propuesta suya, se acuerda en 1923 publicar una hoja con el plano del Museo en donde se refleje la nueva distribución de las salas.

Asimismo, se organizaron conferencias en el Museo, si bien en su mayoría fueron programadas por el Ministerio. El Patronato trató de participar en su organización y así lo hizo saber al Ministerio, aunque éste parece que no respondió.

Por su parte, los patronos concertaron conferencias, a veces impartidas por ellos mismos, aprovechando la presencia de algunas obras interesantes llegadas al Museo para su restauración. Elías Tormo desarrolló una importante actividad proyectando conferencias, incluso para niños, y visitas para grupos reducidos.

Otra iniciativa del Patronato en esta primera etapa es la creación de una Sociedad de Amigos del Museo. El presidente expone un proyecto para la creación de la misma en el que se indica que sus miembros, que se beneficiarían de ciertas atenciones, podrían contribuir a la creación de un fondo, administrado por la propia sociedad para donar algún cuadro al Museo. Se acepta la idea y se decide pedir al príncipe Pío de Saboya que se ocupe de ello. Finalmente, dado que éste no puede hacerlo, se designa a Luis de Errazu para que entregue al ministro, Luis Silvela, la información necesaria para realizar los trámites pertinentes. Pese a esta temprana iniciativa, no será hasta 1980 cuando se cree la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Por último, entre las principales preocupaciones del Patronato, están la constante necesidad de realización de obras en el Museo, la seguridad y los problemas administrativos. El primer problema a afrontar es la falta de espacio en el edificio de Villanueva para albergar los fondos del Museo. Como solución, el Patronato se plantea buscar locales nuevos, pero, dada la escasez presupuestaria, esta opción se presenta inviable. Tras realizar diversas gestiones, el 5 de noviembre de 1914 por real decreto se aprueban las obras de ampliación del Museo, que comprenden la creación de treinta y cuatro salas en el sector con fachadas al conjunto de San Jerónimo el Real, y el cambio de las techumbres de madera del edificio, que cada vez presentaban mayor peligro de combustión. La creación de estas nuevas salas es solo la primera fase de toda una serie de necesarias ampliaciones. También el Patronato debe ocuparse de las periódicas obras de mantenimiento y mejora, de la instalación de ascensores y de la iluminación de las salas. Tanto en las obras de ampliación como en las de mantenimiento, el Patronato se encuentra con constantes problemas, siendo los principales de tipo económico, llegándose a paralizar los trabajos en alguna ocasión por falta de pago. Otras preocupaciones son la seguridad ante eventuales robos o incendios y las reducciones de plantilla y horas de trabajo del personal propuestas por el Ministerio con el objeto de reducir costes.

Las dificultades administrativas, la precariedad económica, los retrasos en el pago de las cantidades consignadas por el Estado y los problemas para llevar a cabo las actuaciones necesarias en el Museo son constantes. Los aprietos económicos siempre están presentes en las sesiones y todo esto hace que en ellas los vocales deban atender a insignificancias, lo que les resta tiempo y energía para ocuparse de las necesidades y objetivos primordiales del Museo.

Desde la Guerra Civil hasta la pérdida de autonomía: 1936-1968

Durante la Guerra Civil las sesiones del Patronato quedaron suspendidas durante casi tres años. Éstas se reanudan en 1939 iniciándose una nueva etapa, y aunque no se realizaron cambios en el reglamento del Patronato ni del Museo, sí se hicieron en la composición del Patronato. El 11 de febrero de 1939 se reúnen en San Sebastián el ministro de Educación Nacional, el jefe del Servicio Nacional de Bellas Artes, Eugenio d'Ors, el director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, y dos vocales que ya formaban parte del Patronato antes de la Guerra, Manuel Escrivá de Romaní, conde de Casal, y Cesáreo Aragón y Barroeta, marqués de Casa-Torres, que fueron nombrados vocales otra vez por orden ministerial del 12 de enero de 1939. En esta primera sesión se decide pedir al ministro que designe como vocales a Modesto López Otero, Francisco Cossío y Juan Antonio Maragall. Al mismo tiempo, en la citada sesión se nombra presidente a Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, vicepresidente a Manuel Escrivá de Romaní, conde de Casal, secretario a Modesto López Otero y vicesecretario a Juan Antonio Maragall. Se decide, a su vez, otorgar amplios poderes a Eugenio d'Ors, a Juan Teixidor Sánchez, secretario de la Junta de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores, y a José María Sert para que, en representación del Patronato, gestionen las acciones necesarias para la recuperación de las obras del Museo del Prado que fueron primero evacuadas a Valencia y posteriormente depositadas en la Sociedad de Naciones de Ginebra.

En la sesión del 20 de marzo de 1939 realizada en San Sebastián, tanto el marqués de Casa-Torres como el conde de Casal muestran su desacuerdo por la designación de vocales en la reunión anterior, ya que éstos deben ser designados directamente por el Gobierno. Pero la cuestión principal de la que se ocupan es la de la recuperación de las obras del Prado evacuadas por el Gobierno de la República durante la Guerra. D'Ors da cuenta de las gestiones que ha realizado en la Sociedad de Naciones de Ginebra, donde se le ha comunicado que no se devolverán las obras hasta que se pueda asegurar que la Guerra ha llegado a su fin.

Desde el Patronato se decide elevar una protesta porque las obras no estén en España, porque no se devuelvan inmediatamente y porque se organicen exposiciones sin el consentimiento del Patronato. Esta última queja se refiere a una exposición que el gobierno de Franco realiza en Ginebra en 1939.

En la sesión del 16 de mayo de 1939, ya reunido el Patronato en Madrid, Francisco Javier Sánchez Cantón, que permaneció vinculado al Museo durante toda la contienda, informa sobre lo acaecido durante la Guerra Civil. También se comunica que se han recibido ya doscientos sesenta y cinco cargos desde Ginebra y se da cuenta de cómo se han iniciado las correspondientes obras de instalación de las obras. En cuanto a la composición del Patronato, es la siguiente:

Nombramientos de 1939:

Enero

  • Presidente: Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
  • Vicepresidente: Manuel Escrivá de Romaní, conde de Casal.
  • Vocales: Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Alba, Joaquín Caro y del Arroyo, conde de Peña-Ramiro, Cesáreo Aragón, marqués de Casa-Torres y Benigno Vega-Inclán, marqués de la Vega-Inclán.

Marzo

  • Eugenio d'Ors, Francisco Cossío, ­Joaquín Maragall y Modesto López Otero.

Julio

  • Pedro Beroqui.
  • Vocales natos: el ministro de Educación Nacional, el jefe del Servicio Nacional de Bellas Artes y el director y el subdirector del Museo del Prado.

Además del nombramiento de vocales afines al nuevo Gobierno, permanecen en el Patronato vocales que pertenecían a él antes de la Guerra Civil, como el duque de Alba, el conde de Peña-Ramiro, el conde de Casal, el marqués de Casa-Torres y el marqués de la Vega-Inclán, am­pliándose los cargos que dan derecho a ser vocales natos. En las sesiones de 1939 se seguirá hablando de la llegada de las obras expatriadas y de su reinstalación, pero también del problema de las piezas llegadas al Museo durante la Guerra Civil, procedentes de diversas iglesias, que son reclamadas por ellas. En concreto se debate sobre Santa Isabel curando a los leprosos, de Bartolomé Esteban Murillo, traída al Museo desde la iglesia de la Caridad de Sevilla. Con respecto a esta cuestión, el Patronato se resiste a permitir que los cuadros abandonen el Museo del Prado pero finalmente, pese a su oposición, las obras volverán a su ubicación original.

En 1940 se plantea otra cuestión que tiene que ver con el traslado de obras. Se presenta en esas fechas al Patronato un convenio entre el Gobierno francés y el español por el cual volverían de Francia la Concepción, de Murillo, conservada por el Musée du Louvre, los documentos del Archivo de Simancas llevados a Francia por las tropas napoleónicas, el Tesoro de Guarrazar, La dama de ­Elche y otros objetos ibéricos, a cambio de que ­España entregase a Francia un cuadro de Velázquez, otro de El Greco y la mitad de la tienda de Francisco I.

El conde de Casal se muestra de acuerdo con el Gobierno, mientras que el marqués de Casa-Torres opina que no es correcto que salga del Museo ningún cuadro de Velázquez, sea cual sea. Francisco Cossío comparte esta idea y afirma que la vuelta de la obra de Murillo no compensa la pérdida de un Velázquez. Por su parte Eugenio d'Ors dice que ante los hechos consumados no cabe discutir, pero que ya que el mayor sacrificio lo realiza el Museo del Prado, La dama de Elche debe quedarse en él. Finalmente, el Patronato decide aprobar el cambio y pedir esta obra para el Museo.

A partir de 1939 se inicia un nuevo periodo en el que las preocupaciones fundamentales del Patronato se basan en convertir al Museo en un centro de investigación, y Eugenio d'Ors recuerda la conveniencia de fundar lo que él denomina la Escuela del Prado, a semejanza de la existente Escuela del Louvre. El objetivo es dotar al Prado y al resto de los museos españoles de una plantilla de conservadores con la formación necesaria para ­desempeñar su labor. El Patronato se muestra de acuerdo con esta iniciativa, que por falta de medios no llegará a hacerse efectiva. En este periodo se realizan otras mejoras, como la puesta en marcha de un taller científico en 1953, o la adquisición de un aparato de rayos ultravioletas para examinar los cuadros.

Los catálogos y publicaciones son una de las preocupaciones constantes de esta etapa; en 1939 se propone la realización de un nuevo catálogo que finalmente se encargará y publicará en 1942, estando Francisco Javier Sánchez Cantón a cargo de su redacción y edición. Se plantea además la realización de un catálogo de esculturas, indicándose que nunca se había publicado ninguno oficialmente. Aunque Eduardo Barrón publicó un catálogo de la escultura del Museo del Prado en 1909.

En 1944 se le encarga a Diego Angulo la realización de un catálogo del Tesoro del Delfín. El año siguiente se presenta otro catálogo a cargo del propio Sánchez Cantón, que será reimpreso en 1948, y en 1950 se publica una guía de turismo del Museo.

El Patronato discute también sobre la aceptación de legados, la autorización de depósitos y compras de obras. En cuanto a los depósitos, el conde de Peña-Ramiro opina que deberían cesar las peticiones de obras en depósito realizadas por los organismos oficiales y que éstas deberían dirigirse al Museo de Arte Moderno y al Museo Arqueológico. A partir de 1940 se vuelve a plantear la necesidad de ampliar el Museo, así como la sustitución de las cubiertas de madera por otras incombustibles. El de las cubiertas es un problema pendiente desde la primera etapa y aunque ya en su momento fue abordado por el Patronato, no se llevaron a cabo las obras necesarias. Por otra parte, se realizan diversas obras como la nueva entrada que se inaugura en 1946. Al año siguiente, en concreto en la sesión del 30 de mayo, se informa que hay aprobación ministerial para la realización de obras urgentes, lo que permite, entre otras cosas, la realización de un retejo parcial en 1948.

A partir de 1951 vuelve a plantearse la necesidad de una nueva ampliación, acometiéndose ese mismo año las obras necesarias para la iluminación nocturna del Museo que se continuarán en 1952. En 1954, además de las obras de pavimentación del Museo, se sigue tratando el tema de la ampliación, cuya realización quedará supeditada a la concesión de créditos. En cuanto a los asuntos administrativos, será el Patronato quien modifique el horario de visitas y el precio de las entradas, efectuándose en este periodo continuas peticiones de incremento en las tarifas. También se aprueba aumentar los honorarios de quienes imparten conferencias y cursillos organizados por el Museo. En 1950, debido al aumento de los ingresos del Prado, se decide crear una junta dedicada a la administración económica del Museo, a través de cuyas actas se puede seguir su trayectoria. En 1952 se realiza la petición de dietas para el Patronato. La regulación de los copistas y la seguridad del Museo también serán temas de debate.

En los treinta y cuatro años transcurridos desde la promulgación del real decreto de 14 de mayo de 1920 y 1954 habían caído en desuso algunos de los preceptos que se estipulaban en aquél, por lo que se propuso actualizarlo, suprimiendo o añadiendo los que la experiencia aconsejaba. El nuevo proyecto indica que el Museo se regirá por el Patronato, órgano que estará constituido por un número de miembros, no menor de nueve ni mayor de diecisiete, nombrados por el ministro de Educación Nacional, siendo vocales natos el director general de Bellas Artes y el director del Museo.

El proyecto recoge también las modificaciones respecto a las funciones del Patronato, y señala que será éste el que administre libremente los recursos del Museo. Se regula la periodicidad de las sesiones, que no deberán ser al menos seis anuales y siempre que convoquen el presidente, ya sea por decisión ­propia o por petición del director general de Bellas Artes, el director del Museo, o por solicitud escrita de cinco de los vocales. Esto supone una reducción del número de sesiones ordinarias obligatorias del Pleno respecto a anteriores reglamentos. Será suficiente la asistencia de seis miembros para tomar decisiones que deberán serlo por mayoría absoluta y, en caso de urgencia, el presidente, vicepresidente y director convocarán a quienes puedan, para adoptar las decisiones de las que se dará cuenta al Patronato en cuanto fuera posible.

Asimismo, el Patronato designará una comisión administrativa que se reunirá un mínimo de diez veces al año, pudiendo designar comisiones eventuales para organizar exposiciones, realizar publicaciones o efectuar algún servicio especial. Las funciones de tesorero y cajero del Patronato se le atribuirán al director del Museo y las cuentas deberán rendirse al Ministerio.

Este proyecto de reglamento no fue aprobado; de hecho, el Ministerio ni siquiera contestó al Patronato. Por ello, el 9 de mayo de 1957 se envió una carta al director general de Bellas Artes solicitando una contestación. Este reglamento no llegó nunca a entrar en vigor, eliminándose en la siguiente modificación reglamentaria la independencia del Patronato y del propio Museo del Prado.

En el periodo que transcurre entre 1954 y la pérdida de autonomía, que acontece en 1968, el Patronato muestra su preocupación por los depósitos y la forma de controlarlos, pero especialmente por la salida de obras de arte para exposiciones. En 1954 el Patronato solicita una disposición de rango legal que prohíba la salida al extranjero de obras de arte del Museo. Diez años después, el Patronato sigue defendiendo la misma postura y refleja su oposición a prestar piezas que puedan sufrir en su desplazamiento o cuya ausencia cause decepción a los visitantes del Museo. Aun así, deben ceder en varias ocasiones a las demandas del Gobierno que solicita obras para determinadas exposiciones de gran relevancia. Momento de gran controversia entre el Patronato y el Gobierno fue la petición de obras para la Feria Mundial de Nueva York. En esa ocasión el Patronato cedió, pero se resistió a dejar salir La rendición de Breda, de Velázquez.

También se sigue tratando la posibilidad de la ampliación del Museo y de las obras de mejora de la iluminación, que se realizarán entre 1955 y 1958, al igual que las correspondientes a las nuevas salas, que se llevarán a cabo en 1966. En este periodo, el Patronato se encarga de preparar algunos aniversarios, como el de su cincuentenario, celebrado en 1962, y el ciento cincuenta aniversario de la creación del Museo en 1965. También se publica el catálogo de escultura clásica preparado por Antonio Blanco Freijeiro por encargo directo del Patronato.

En 1963 dimite como presidente del Patronato Rafael Sánchez Mazas, quien había ostentado el cargo desde la muerte del conde de Romanones, acaecida en 1950. Se nombra entonces a Jesús Rubio García-Mina, vicepresidente hasta ese momento, pasando a ocupar su cargo Diego Angulo. Esta etapa coincide con un incremento en los ingresos del Museo debido en gran parte, a la llegada masiva de turistas. Esta mejora económica, junto a la ágil gestión de la que hace gala el Patronato y la autonomía administrativa de la que todavía goza, le permitieron realizar magníficas adquisiciones, entre las cuales se debe destacar la compra de la obra Cristo muerto sostenido por un ángel, de Antonello da Messina, en 1965.

El Patronato sin autonomía: 1968-1985

En 1968, por decreto de 4 de marzo, se crea el Patronato de Museos Dependientes de la Dirección General de Bellas Artes, que será el encargado de gestionar la mayor parte de los museos españoles y, por orden del Ministerio de Educación y Ciencia de 31 de agosto, se integra el Museo del Prado dentro de este Patronato de Museos, dejando de ser su Patronato independiente y pasando el Museo a estar bajo su dirección. Ese mismo año el Gobierno decide modificar profundamente la composición del Patronato, haciendo cesar a los vocales mayores de setenta años, para lo que el Ministerio solicita por carta se le facilite la edad de sus miembros, a lo que en un principio el Patronato se niega.

Finalmente, serán cesados lo que le servirá al Gobierno para llevar a cabo una importante renovación del Patronato, medida que provocó la dimisión del presidente del mismo, Jesús Rubio.

El 13 de febrero de 1970 se regulan las normas que deben regir el funcionamiento del Patronato del Museo del Prado que, como hemos indicado, quedará dependiente, a su vez, del Patronato Nacional de Museos y controlado enteramente desde la Administración.

En 1970 se modifica la composición del Patronato, siendo a partir de ese momento presidente del mismo el ministro de Educación y Ciencia, vicepresidente el director general de Bellas Artes y vocales natos: el director del Museo, el director del Museo Español de Arte Contemporáneo, el director del Museo Arqueológico Nacional, el comisario general del Patrimonio del Estado, el subdirector general de Museos, los directores honorarios del Museo, dos representantes del Cuerpo Facultativo de Museos, el interventor delegado de la Intervención General de la Administración del Estado, un representante de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Obras de Importancia Histórica o Artística y otro del Consejo Asesor de Museos, caso de no concurrir esta circunstancia en alguno de los anteriores mencionados, y un representante de la Academia de Bellas Artes.

En cuanto a los vocales designados, serán diez y se nombrarán por orden ministerial a propuesta del director general del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos, entre los académicos de Bellas Artes, catedráticos de Universidad, pintores y escultores o personas conocidas por su competencia o por su interés por el patrimonio artístico español o que se hayan distinguido por sus servicios o ayudas al Museo. Serán renovados cada tres años y podrán ser designados de nuevo.

La pérdida de autonomía se pone enseguida de manifiesto en las sesiones del Patronato. Ya en 1970 se indica que debido a la nueva regulación, el Patronato no puede decidir sobre la adquisición de ninguna obra. A partir de ese momento, y pese a la obligación de reunirse al menos una vez al mes, sólo lo hará en contadas ocasiones. Sirva como ejemplo que entre 1970 y 1976 el Patronato se reunió una sola vez.

Como último paso en este proceso por el que se despoja de funciones al Patronato, el real decreto 3001 de 23 de noviembre de 1979 redefine la estructura del mismo. En el artículo 2.º se delimitan las funciones del Patronato, que a partir de ese momento se convertirá en un órgano esencialmente consultivo, sin capacidad de acción, siendo la única facultad real y efectiva que se le concede la del veto en materia de préstamo de obras.

La vuelta a la autonomía: a partir de 1985

En 1985 por real decreto de 1 de agosto se constituye el «Organismo Autónomo Museo Nacional del Prado», con lo que el Museo recobra su autonomía y el Patronato, funciones y capacidades que se detallan posteriormente. El decreto incide en su artículo 1.º en que en virtud del artículo 87.2 de la ley 50/1984 de 30 de diciembre de Presupuestos Generales del Estado para 1985, el Museo Nacional del Prado es un organismo autónomo de carácter administrativo que depende directamente del titular del departamento, el ministro de Cultura. El Museo adquiere a partir de ese momento personalidad jurídica propia y capacidad de obrar para el cumplimiento de sus fines. Se indica, asimismo, que el Museo cuenta con tres órganos rectores: el presidente del Museo, cargo ejercido por el ministro de Cultura; el Real Patronato; y el director del Museo. En los artículos 5.º y 6.º el real decreto regula la composición y funcionamiento del Patronato.

El Real Patronato, bajo la presidencia de honor de ss.mm. los Reyes de España, estará constituido por:

Vocales natos:

  • El presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.
  • El alcalde de Madrid.
  • El director general del Patrimonio del Estado.
  • El director general de Bellas Artes y Archivos.
  • El director de los Museos Estatales.
  • El director del Museo Nacional del Prado.
  • Los directores honorarios del Museo Nacional del Prado.

Vocales por designación:

  • Dos académicos, uno elegido por la Real Academia de la Historia y otro por la de Bellas Artes de San Fernando.
  • Dos representantes del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos designados por el Ministerio de Cultura.
  • Hasta doce vocales designados por el Ministerio de Cultura entre personas de reconocido prestigio o competencia en asuntos relacionados con el patrimonio histórico español o que se hayan distinguido por sus servicios o ayudas al Museo. Los vocales designados desempeñarán sus funciones por un periodo de tres años a contar desde las fechas de sus respectivos nombramientos.

El Real Patronato tiene un pre­sidente y un vicepresidente elegidos por el Pleno entre los vocales designados y los que ostenten la condición de directores honorarios del Museo y nombrados por el ministro de Cultura para un mandato de tres años. El presidente será, en caso necesario, sustituido por el vicepresidente y en su defecto por el vocal de mayor edad. El Patronato designará un secretario sin voz ni voto.

El Real Patronato actúa en Pleno y en Comisión Permanente. Integran el Pleno la totalidad de los vocales y la Comisión Permanente el presidente y el vicepresidente del Patronato, el director del Museo y cuatro vocales nombrados por el Pleno.

Corresponde al Pleno:

  • Definir las directrices generales de actuación del Museo y promover el cumplimiento de las misiones asignadas.
  • Elaborar el Plan General de actuación del Museo y promover el cumplimiento de las misiones asignadas.
  • Elaborar el Plan General de actuación anual del Museo y la Memoria de Actividades.
  • Aprobar el anteproyecto de presupuesto y las solicitudes de oportunas modificaciones al mismo.
  • Elaborar los proyectos de normas reglamentarias del Museo y elevarlas al Ministerio.
  • Fomentar la participación de la sociedad en el enriquecimiento de las colecciones y en el sostenimiento del Museo.
  • Aceptar las subvenciones, aportaciones, donaciones, herencias o legados a favor del Museo.
  • Autorizar las adquisiciones de obras o elevar al Ministerio las propuestas de adquisición, así como, aceptar los depósitos.
  • Solicitar al Ministerio la autorización para el otorgamiento y levantamiento de contratos de depósitos de obras pertenecientes al Prado.
  • Acordar en su caso las modificaciones en la agrupación de las colecciones existentes en el Museo.
  • Autorizar los tratamientos de carácter extraordinario o de especial importancia necesarios para la conservación de obras del Museo.
  • Solicitar la adscripción de bienes inmuebles para el Museo y aprobar, previa autorización del Ministerio, los proyectos de obras o actuaciones sobre los mismos.
  • Autorizar al Museo la organización de exposiciones temporales y designar las comisiones o comisarios responsables de las mismas.
  • Aprobar las condiciones generales de venta de publicaciones y otros objetos y la reproducción de sus obras.
  • Emitir su parecer sobre el nombramiento del director del Museo y del subdirector de Conservación e Investigación.
  • Informar sobre el procedimiento y convocatoria para la provisión de puestos de trabajo del Museo adscritos a funcionarios, así como los procesos selectivos para el acceso de vacantes del personal laboral de nuevo ingreso.
  • Elevar al Ministerio el nombramiento de directores honorarios del Museo.
  • Elevar al Ministerio la propuesta de designación de benefactores del Museo.
  • Designar individualmente a miembros del Pleno para desempeño de misiones y cometidos espe-ciales.
  • Requerir, a través del director, la remisión de cuantos datos, informes, etc. necesite para el cumplimiento de sus funciones.

Corresponde a la comisión Permanente:

  • Estudiar, deliberar e informar las propuestas que deban someterse a la aprobación del Pleno.
  • Cuidar del cumplimiento del desarrollo de los acuerdos del Pleno.
  • Acordar la salida de obras artísticas fuera del Museo o los locales determinados por los contratos de depósitos y cursar la preceptiva autorización del Ministerio de Cultura, previo informe.
  • Asumir las funciones que le sean encomendadas por el Pleno y dar cuenta al Pleno de los acuerdos adoptados.

En cuanto al régimen de funcionamiento del Real Patronato, las sesiones del Pleno y de la Comisión Permanente serán ordinarias y extraordinarias. Se realizarán sesiones ordinarias del Pleno por lo menos una vez cada tres meses y de la Comisión Permanente por lo menos una vez al mes. Las sesiones extraordinarias se realizarán previa convocatoria del presidente del Patronato, ya sea por propia iniciativa, o por indicación del director del Museo o de un tercio de los vocales. El Pleno podrá constituir comisiones para asuntos determinados, designando a quienes las formen.

El Patronato o las comisiones podrán acordar la asistencia, a determinadas sesiones, de expertos del Museo o ajenos a él, cuya presencia se estime de interés para los asuntos a tratar en dichas sesiones.

El decreto 1432/1985 será modificado en 1996 por el real decreto 1142/1996, de 24 de mayo. Este último precisa que la experiencia adquirida durante los diez años de aplicación del decreto de 1985, que constituía el Organismo Autónomo Museo Nacional del Prado, aconseja introducir algunas modificaciones en su texto, de acuerdo con la singularidad del Museo y su futura ampliación.

Las principales modificaciones que se llevan a cabo tienen relación con la distribución de las funciones rectoras del Organismo Autónomo en el seno de éste, reforzando el papel del Real Patronato, ampliando sus cometidos y atribuciones, actuándose en la mejor tradición de autonomía de la institución.

El decreto regula la existencia de dos órganos rectores: el presidente del Organismo Autónomo y el Real Patronato, dejando de ser órgano rector la figura del director del Museo. Esto supone que tanto la dirección como la gerencia del Museo queden al mismo nivel y bajo la dependencia del Real Patronato.

Pieza esencial de este nuevo esquema de relaciones es la Comisión Permanente del Real Patronato que se configura como órgano colegiado de dirección superior del Organismo Autónomo, sin perjuicio de las competencias del Gobierno que corresponden al ministro de Educación y Cultura, presidente del Organismo, y al Pleno del Patronato. Se incluye como vocal nato al secretario de Estado de Cultura que será también miembro de la Comisión Permanente. De igual modo, será vocal nato y miembro de la Comisión Permanente el gerente del Museo.

El Pleno adquiere nuevas competencias, pudiendo opinar respecto al nombramiento del director y el gerente y tiene capacidad para proponer el sometimiento al ministro de cuestiones relativas a los diferentes departamentos, secciones y estructura orgánica del Museo.

La Comisión Permanente es quien sale más reforzada de esta reforma, pasando a ejercer colegiadamente la superior Dirección del Museo. Entre sus nuevas funciones estarán:

  • Coordinar e impulsar los servicios del Museo y cursar instrucciones y directrices al director y al gerente.
  • Administrar y disponer de los bienes y medios económicos del Museo.
  • Formular al Pleno propuestas para las convocatorias de selección de puestos de trabajo.
  • Podrá delegar en el gerente el ejercicio de las facultades relativas a la gestión económico-administrativa del Museo.
  • Podrá delegar en el director o el gerente, con arreglo a su respectivo ámbito de competencia, la firma de actos y resoluciones que ella realice en el ejercicio de sus facultades.

Por este real decreto el presidente del Patronato será quien ostente la representación ordinaria del Museo en las relaciones oficiales y celebración de actos, pudiendo delegar las funciones de representación en el director del Museo.

A la modificación del real decreto 1432/1985 realizada el 24 de mayo de 1996, que acabamos de detallar, hay que añadir la del 18 de enero de 2002 por el real decreto 59/2002 del Ministerio de Administraciones Públicas. Este último decreto reafirma la importancia del Real Patronato a la vez que refuerza la figura del director del Museo, que vuelve a ser considerado órgano rector y del que depende una estructura organizativa que le posibilita para articular de una manera más racional sus funciones de control y dirección de las diferentes Unidades y Servicios del organismo. Con tal motivo, la Gerencia, la Subdirección General de Conservación y el Gabinete de Relaciones Externas, pasarán a depender directamente de él.

Con respecto al Patronato, se modifica su composición, designando nuevos vocales natos al presidente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional, al subdirector general de Museos Estatales y al presidente de la Fundación Amigos del Museo del Prado, y saliendo del Patronato el gerente del Museo.

Estas modificaciones influyen en la composición de la Comisión Permanente, que pasa a estar integrada por el presidente y el vicepresidente del Patronato, el secretario de Estado de Cultura, el director del Museo y cuatro vocales más designados por el Pleno. A las reuniones de la Comisión Permanente podrán asistir los subdirectores generales de Conservación y Gerencia y el director del Gabinete de Promoción y Relaciones Externas, con voz pero sin voto.

El museo como Organismo Público de Carácter Especial. El estatuto de 2004

El 26 de noviembre de 2003 se publica en el Boletín Oficial del Estado la ley 46/2003, que regula el Museo Nacional del Prado. Esta ley convierte a dicho Museo en un organismo público de carácter especial, dotándolo de mayor autonomía y otorgándole mayor flexibilidad a la hora de plantear las actuaciones necesarias para alcanzar sus fines.

En esta ley se disponen algunas modificaciones respecto a la composición y organización del Real Patronato, que estará integrado por un mínimo de veinte y un máximo de treinta vocales, nueve de los cuales, al menos, tendrán carácter de natos.

El mandato de los vocales designados pasará a ser de cinco años de duración –anteriormente era de tres– y podrá renovarse hasta dos veces por periodos de igual duración.

A partir de este momento el Consejo de Patrimonio Histórico designa –al igual que ya lo hacían las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando– dos vocales. Esto último permitirá un mayor compromiso y una mejor comunicación de las Comunidades Autónomas con el Museo. El Real Patronato designará un secretario que no ostentará la condición de miembro del mismo.

Como consecuencia de la citada ley de 2003, al año siguiente, mediante el Real Decreto 433/2004, de 12 de marzo, se aprueba el Estatuto del Museo Nacional del Prado, que regula la composición y competencias del Real Patronato y lo define como uno de sus órganos rectores. A partir de ese momento el Patronato está formado por:

a) Vocales natos por razón de su cargo

  • El presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.
  • El alcalde de Madrid.
  • El secretario de Estado de Cultura.
  • El secretario de Estado para la Administración Pública.
  • El secretario de Estado de Presupuestos y Gastos.
  • El director general del Patrimonio del Estado.
  • El subsecretario de Cultura.
  • El director general de Bellas Artes y Bienes Culturales.
  • El director del Museo Nacional del Prado.
  • El presidente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional.
  • El presidente de la Fundación Amigos del Museo del Prado.

a) Vocales designados

1.º Dos vocales elegidos, entre sus miembros, por las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.

2.º Dos vocales designados por el Consejo del Patrimonio Histórico, a propuesta de su presidente, entre personas de reconocida competencia en asuntos relacionados con la gestión del patrimonio histórico.

3.º Hasta un máximo de quince vocales nombrados por el ministro de Cultura y entre personas de re-conocida competencia en asuntos relacionados con el patrimonio histórico español o que se hayan distinguido por sus servicios a la cultura.

El 18 de noviembre de 2011, mediante real decreto se modifica el Estatuto del Museo Nacional del Prado aprobado en 2004 en lo relativo su Real Patronato, disponiéndose una nueva composición del mismo. Con esta modificación el Museo del Prado pretende reconocer el apoyo de la sociedad civil al Museo con la invitación a representantes de ésta a participar como miembros del Real Patronato, y ampliar el abanico de opiniones y criterios, e incorporar nuevas voces a este órgano rector. Con esta modificación se amplía el número de posibles vocales del Real Patronato, incluyéndose hasta 10 vocales elegidos entre personas físicas o representantes de las instituciones públicas o privadas, que realicen contribuciones de cualquier naturaleza al Museo o al cumplimiento de sus fines. Además, se incorporan como vocales natos los directores de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia. El citado real decreto además señala que "el Real Patronato del Museo podrá acordar el nombramiento de Patronos y Patronas de Honor, entre personalidades del ámbito cultural, económico o social, que podrán asistir a las reuniones del mismo cuando así lo acuerde el Real Patronato y en los términos que este establezca".

El 12 de diciembre de 2011 el Real Patronato aprueba la incorporación al mismo de las seis entidades benefactoras del museo (AXA, BBVA, Telefónica, Acciona, Iberdrola y «la Caixa») y de los directores de las Academias de Bellas Artes y la Historia como vocales natos.

A. P.

Bibliografía

  • Archivo del Museo del Prado.
  • Boletín del Museo del Prado.
  • Boletín Oficial del Estado.
 
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